Capítulo 9

Yokozawa Takafumi no Baai, Vol. 5

Traducción del japonés: Fencer_x  http://september.strawberrywine.org

Traducción del inglés: Sora-chan http://yaoinoaiscan.blogspot.com.es/

_____________________________________________________________________________________

La cafetería del hotel donde habían quedado, estaba imbuida de una ambiente tranquilo y relajado. Dado que todos los asientos del lado de la ventana estaban ocupados, Yokozawa Takafumi optó por tomar un sitio libre en la barra.

Echó un vistazo a su reloj y se dio cuenta de que todavía tenía una agradable media hora de descanso antes de la hora acordada. La programación de ese día incluía las horas extras del fin de semana así como recoger a Kirishima y a Hiyori que habían tenido que ir a la boda de un familiar. A cambio de que él le prestara el coche, Yokozawa debía ir a buscarlos en el hotel donde se celebraba la boda.

– ¿Qué desea tomar?

– Tomaré un café, por favor.

– Ahora mismo, señor.

Después de pedir, sacó la agenda. La razón de ir un día de descanso a la oficina había sido porque los preparativos para el evento de la temporada de invierno estaban llegando a su fecha límite. Actualmente, Yokozawa estaba destinado en el departamento de ventas de Marukawa Shoten y, gracias al gran esfuerzo que había puesto desde que llegase a la compañía haciendo subir de forma notable los rankings, se había ganado el apodo de “Oso Salvaje” en toda la oficina.

Si bien había ido avanzando a su propio ritmo y con su propia ética de trabajo, en los últimos años había tenido que comenzar a asumir la responsabilidad de otros proyectos. Y quizás, había sido esa la razón por la que lo habían nombrado coordinador de las diferentes secciones de la compañía para los eventos de aquel invierno.

Sin embargo, por culpa de ese ascenso, ahora se pasaba la mayor parte de sus días tan ocupados que sentía como si su cabeza le diese vueltas sin parar. Y aunque la feria de invierno era un evento que se celebraba cada año, la versión de esa temporada sería algo diferente a las anteriores.

Por lo general, cada departamento se encargaba de organizar su propia parte del evento por sus propios medios, pero los jefes habían ordenado que esas barreras no debían darse y que aquel año Marukawa Shoten debía ofrecer un gran festival conjuntamente. A pesar de que cada sección tenía un público, un contenido y unos medios diferentes, todos debían unificarse para realizar el mismo evento.

El plan básico, como punto inicial de partida, era ayudar a fomentar y potenciar a los lectores a que se atreviesen a leer géneros que nunca habían leído. Yokozawa estuvo de acuerdo en que era una gran idea y entendió el objetivo de aquel plan: si conseguían llevar a cabo la propuesta, sería visible a todo el mundo que la compañía había trabajado unida en el grandioso e increíble festival.

Sin embargo, el llevar a la práctica aquella visión de trabajo requería salirse un poco de la línea. No iba a ser tarea fácil organizar y cooperar con tantos autores, por lo que el primer paso para aquel proyecto había sido ir a hablar con los diferentes sub-departamentos de ventas y convencer a los editores para que echasen una mano en la gestión de aquel proceso.  Cuando llegó el momento, la negociación con las personas involucradas resultó ser mucho más pesada que la parte real de proyecto.

Marukawa Shoten estaba a rebosar de editores que tenían… unas personalidades algo extravagantes. Por ello, Yokozawa estaba seguro de que cada idea que fuese a proponer sería aplastada en el acto y de sólo pensar en aquella posibilidad le dejaba con un mal sabor de boca.

Sin embargo, Kirishima había conseguido la cooperación de la sección de mangas Shonen (con Japun a la cabeza). Éstos se ofrecieron a preparar ilustraciones originales para darlos como premio especiales junto con libros dedicados por los autores. Si las cosas seguían yendo tan bien como hasta ese momento podrían incluso poner una sesión de autógrafos para los escritores y mangakas. Yokozawa no podía describir lo agradecido que se sentía por los esfuerzos de Kirishima en ese proyecto.

Pero, siendo honestos, Kirishima se había ofrecido voluntariamente a cooperar a tiempo completo, así que no es como si Yokozawa lo estuviese forzando a ello. Se había tomado su tiempo en revisar, criticar y dar consejos sobre la propuesta antes de ultimar los detalles finales. Con el fin de aumentar las ventas, era lógico que debían aumentar primero el número de lectores y por ese motivo el departamento de ventas tuvo que hacer un esfuerzo increíble para que las personas comprasen el máximo número de libros posible.

Cuando echas un vistazo al informe de ventas y ves toda aquella maraña de datos puede parecer nada más que un montón de números, pero cuando recuerdas que esos números de ventas representan a cada persona que ha comprado un libro es realmente emocionante. Cuanto más duro es el trabajo mejor es la sensación de logro cuando lo consigues. Y a pesar de que el departamento de ventas no recibe nunca agradecimientos directos por parte de los lectores sobre lo mucho que les gustó una obra o lo contentos que están con aquel libro, es gratificante ir a una librería y escuchar del empleado el informe sobre las ventas y lo bien que van los proyectos. Esos detalles te hacen darte cuenta de que, después de todo, valió la pena el esfuerzo.

Pisándole los talones a la sección Shonen estaba la sección de revistas Shojo Emerald, con la mayoría de sus peticiones concedidas hacía dos días. Por otro lado, estaban en curso las propuestas de las secciones de Novelas Ligeras, Anime y BL, pero Yokozawa no creía que fuesen a haber problemas y esperaba recibir el acuerdo para poder comenzar a trabajar de acuerdo a lo solicitado.

La única sección que le estaba dando quebraderos de cabeza, era la sección de Literatura. Yokozawa estaba intentando que el jefe de Gestión colaborase con ellos, pero todavía no le había dado una respuesta positiva hasta el momento. Teniendo en cuenta que la sección de Literatura nunca había trabajado a conjunto con las secciones de manga, a los encargados de la sección no les hacía mucha gracia participar en el festival.

Yokozawa, sin haber realizado nunca este tipo de festival, no podía asegurar que la feria fuese a ser exitosa y por ello podía entender la vacilación de los que se resistían a colaborar. Pero ese hecho le ayudaba también a conseguir que se pusiesen de acuerdo para hacerlo.

– Aquí tiene su pedido, señor.

Yokozawa despertó de su ensoñación cuando le colocaron en frente la taza de café que había pedido, tenía un aroma delicioso. En el plato, además, habían puesto una galletita en forma de trébol de cuatro hojas. Cogió la jarra y añadió al café una cantidad generosa de leche sin tener ninguna consideración con su pobre estómago. Llevaba unas temporadas tranquilas y sin estrés y eso había ayudado a sus problemas estomacales. Pero últimamente comenzaba a sentir los dolores y presentía que se avecinaba una oleada de malas rachas.

Yokozawa pensaba que los dolores de antaño se habían aliviado gracias a la falta de estrés. Pero lo cierto es que quizás había otra razón. Si por cualquier problema comenzaba a dolerle la cabeza o se sentía mal, solía sentarse un rato a hablar con Kirishima y si notaba que ese día él estaba frustrado o irritado, simplemente se quedaba viendo cómo Hiyori jugaba con Sorata. Cosas como esas le producían un agradable sentimiento y el dolor desaparecía.

Esos recuerdos le hicieron preguntarse si Hiyori pudo hacer bien la tarea tan importante que tenía para ese día: llevar los anillos para la novia y el novio. Al parecer, había conseguido un vestido exclusivamente para la ceremonia y llevaba días emocionadísima esperando ese momento.

– …?

A su alrededor comenzó a oírse cada vez más fuerte el bullicio de la gente. Yokozawa se dio cuenta de la cantidad de personas que estaban caminando por el jardín de la iglesia. Al parecer, la ceremonia había terminado. La novia, con su vestido de blanco y acompañada por el novio, que llevaba un apuesto smoking, tenía una expresión de alegría absoluta.

Se dijo que si Hiyori salía del nido en algún momento, sería la novia más bonita del mundo. Pero…. ¿por esos tiempos Yokozawa seguiría allí para verlo?

Era difícil imaginar dónde se encontraría diez años en el futuro. Posiblemente seguiría trabajando como un burro para la compañía pero no podía asegurar que seguiría implicado en el Departamento de Ventas. Nunca se sabe a dónde te pueden mandar Recursos Humanos…

Pensó que su vida, dentro de diez años, bien podría ser totalmente diferente a lo que era ahora. Por ejemplo, en estos momentos Yokozawa estaba viviendo de una forma que nunca había imaginado hacía un año atrás.

Kirishima bien podría haber sido una de esas personas a las que dar un saludo cuando se lo encontraba en el pasillo, pero nada más que eso. Sin embargo, ahora, además de estar saliendo con él, iba casi cada fin de semana a su casa, se llevaba bien con su hija y cuidaban de su gato. Nada de eso podría haberlo imaginado jamás, y por ese motivo todo parecía tan extraño.

Pero sabiendo que esa felicidad también traía problemas… ¿hasta cuándo podría durar aquella situación? ¿Por cuánto tiempo más podía seguir viviendo de aquella forma? Sus sentimientos se hacían cada vez más fuertes y no podía soportar la idea de perder aquello que quería… pero cuánto más luminosa es la luz que da el sol, mayor también serán las sombras.

Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que encima de su mesa habían dejado una copa de cóctel. Era delgada y llena de un líquido azul degradado con pequeñas burbujas.

– Disculpe… yo no he pedido esto.

Yokozawa no recordaba pedir nada más que el café que tenía casi vacío frente a él. Supuso que el empleado se había confundido con otro cliente, pero el camarero simplemente miró su expresión confundida y extendió una mano hacia uno de los asientos de la ventana.

– Es de parte de aquel cliente.

– ¿Eh?

Convencido de que aquello tenía que ser una broma de un programa de televisión, Yokozawa giró el rostro para ver hacia donde el camarero había señalado. Allí, sentado junto a la pared con ventanas, estaba Kirishima al lado de Hiyori, que le saludaba moviendo su mano.

“¿Qué demonios…?”. El cóctel, al parecer, no había sido más que una broma de su pareja. A pesar de haber estado atento todo ese tiempo a la entrada, Yokozawa no se había dado cuenta de que Kirishima había entrado en el bar. Le hizo señas a un camarero para que viniese a recoger la copa y luego se levantó, cogiendo a su paso el maletín, para dirigirse hacia donde estaba sentado Kirishima.

– ¿A qué vino eso? Si ya habías llegado, sólo tenías que habérmelo dicho.

– Siempre he querido hacer algo así. Te sorprendí ¿eh? –Su expresión era como la de un niño travieso que acaba de hacer una broma.

Así era Kirishima Zen, jefe editor de Monthly Japun, padre soltero y amante de Yokozawa. Un líder exitosos para su empresa y querido por sus subordinados. Kirishima era un padre cariñoso en su vida privada y, a pesar de haber perdido a su esposa, había conseguido criar a su hija él solo.

Obviamente, la relación que tenía con él no sólo era un secreto para Hiyori, sino también para sus amigos y para los compañeros de la empresa. Ya llevaban saliendo seis meses y, aunque a veces se sentía como si hubiesen pasado años desde aquello, otras veces se sentía como si hubiese sido ayer.

En un principio, Kirishima había tenido alguna redecilla con Yokozowa, y Yokozawa, por su parte, veía a Kirishima como un hombre molesto que se aprovechaba de él haciendo todo en contra de su voluntad. Pero ahora, compartiendo juntos su día a día, veía que ambos estaban hechos el uno para el otro de forma natural.

Kirishima, cuando terminaba su jornada laboral, pasaba de ser un hombre serio a un padre que le gustaba jugar y hacer bromas constantemente… y hacer cosas no adecuadas con sus dedos.

– ¿En qué estabas pensando cuándo me enviaste algo así? Sabes que si lo tomo luego no podré conducir y llevarles a casa.

– Bah, no pasa nada. Era una bebida sin alcohol.

Él y Kirishima nunca habían tenido una relación especialmente estrecha, pero después de haber compartido unas cuantas copas en aquella noche de lluvia, se había salvado la distancia entre ellos. Kirishima había arrastrado a Yokozawa a que saliese más veces a beber con él y, fue por aquellos tiempos cuando lo invitó a su casa y conoció a su hija: Hiyori.

Hiyori era una niña inteligente que no se había sentido perturbada por el intimidante Yokozawa y había dado el primer paso en acercarse a él. Su honesta y sencilla personalidad era el maravilloso resultado de la educación que le había dado Kirishima.

Pero Yokozawa también había descubierto que Kirishima era un vago en las tareas del hogar y que su hija era la que se encargaba de todo. Yokozawa se dio cuenta de que aunque Kirishima sobresalía en la empresa, era un desastre dentro de su casa. Fue así como poco a poco iba averiguando facetas nuevas de su personalidad… y, antes de que se viniese a dar cuenta, ya estaba completamente cautivado por él.

Estar con Kirishima le había ayudado a dejar salir y reconocer todas aquellas emociones que tenía guardadas en su interior. Kirishima fue el que le enseñó que estar enamorado puede significar algo más que dolor.

– ¡Oh, mira! ¡Me dieron una sin alcohol a mí también! –El cóctel que le trajeron a Hiyori tenía un color rosa suave flotando en el fondo y, en la parte de arriba, decorado con una cereza. Era evidente que la pequeña estaba disfrutando de poder estar en un ambiente de adultos en el que nunca le permitían quedarse.

– Por cierto, ahora que me acuerdo, ¿cómo te fue con los anillos? ¿Todo bien?

– ¡Sí! Estaba un poco nerviosa… ¡pero hice lo que pude para hacerlo bien! ¡La novia estaba taaaaaan bonita!

– Sí. La verdad es que fue una ceremonia preciosa –intervino Kirishima–. Creo que el padre estaba sincronizado con la llantina de la novia.

– ¿Estás seguro de que no fue un simple sollozo de comprensión?

– Qué va… Por cierto, me aseguré de grabar a Hiyori con su flamante vestido, después te enseño los videos –Kirishima sacó su teléfono y se lo acercó.

– Ni se te ocurra reírte si me ves con cara rara, ¿de acuerdo?

– Nunca haría algo así… –Miró la imagen– Tu vestido es muy bonito, Hiyori. Te queda muy bien.

– ¿De verdad? ¡¡Gracias!!

El vestido, quizás para que estuviese en armonía con el de la novia, era de un color blanco puro con brillo satinado y una cinta de color azul ceñida a la cintura. Tenía unas mangas abullonadas y la falda le llegaba hasta las rodillas. Tanto el dobladillo como los puños estaban decorados con estampados de flores de encaje. Hiyori parecía una princesa caminando por las páginas de un libro.

Al parecer un estilista profesional la había peinado y maquillado. Su pelo, recogido hacia arriba como pequeños bollos, estaba decorado con flores falsas y un maquilla suave y natural cubría su rostro. Todos aquellos detalles la hacían ver mayor de lo que era.

Aunque habían pasado sólo seis meses desde que la vio por primera vez, el crecimiento de Hiyori había sido notable. De todas formas, las niñas a la edad de Hiyori suelen ser más despiertas de mente y cuando Yokozawa se veía a sí mismo en quinto de primaria, no recordaba ser tan maduro como ella.

– El ramo era muy bonito y el pastel de bodas… ¡tan lindo! Hasta me pareció un desperdicio que lo cortasen desde arriba… ¡Ah! Y la novia se cambió el vestido por un kimono… ¡el novio era una monada!

Hiyori parecía no ser capaz de contener la emoción por haber asistido a su primer evento glamuroso. Las niñas a esa edad suelen soñar con bodas y ese tipo de cosas.

– Ha estado así todo el día –Explicó Kirishima–. Oye, no quiero escuchar ningún “Ohhh, no puedo esperar para casarme” salir de tu boca, jovencita.

– Bueno, no estoy segura de querer casarme, pero lo que realmente quiero es llevar un kimono como aquel…

– Sí… la última vez que usaste uno fue para el festival de Shichigosan ¿no? Si quieres puedes ponerte otro en año nuevo.

– ¿¡Puedo!?

– Claro. También podemos hacerlo Yokozawa y yo.

– ¿Qué? Ustedes dos pueden vestirse como les dé la gana pero a mí no me metan en el saco.

– Ayy, pero seguro que estás super guapo con el hakama, Ochiichan.

– Estoy de acuerdo –Añadió Kirishima.

– Yo estaré bien sacando las fotos –Intentó cambiar de tema para que no centrasen la atención sobre él–. Basta de hablar de kimonos, ¿por qué no me dicen algo más de la boda? ¿No pasó nada interesante?

– Oh… cierto, ¡¡hubo muchas personas que vinieron a decirle a papá lo guapo que estaba!! –Hiyori hablaba como si aquello fuese el chisme del año. Obviamente estaba emocionada por tener la oportunidad de alabar a su padre.

Aun sin haberlo presenciado, Yokozawa imaginaba perfectamente a Kirishima recibiendo los elogios de todas aquellas personas. Con su fantástica constitución lucía muy atractivo vestido con el traje y con los mocasines a juego. En su chaqueta tenía un pañuelo colgando del bolsillo y una corbata ajustada en su cuello con un alfiler de adorno.

Kirishima, al no llevar casi nunca corbata, parecía un poco incómodo y tendía a perder la mirada mientras la aflojaba. Cada año solía ser el centro de atracción de muchas de las trabajadoras de la empresa, por lo que no le pareció una sorpresa que destacase en la ceremonia de ese día.

– Vamos, Hiyo. No hace falta sacar esos temas ahora.

– Oh, ¿pero por qué no? Ohhh, ya veo… ¡papá, estás avergonzado, ¿verdad?! –Su expresión lucía algo incómoda con las burlas de su hija y Yokozawa pensó que quizás Kirishima se sentía avergonzado por oír a hablar a Hiyori de esa manera–. ¡Tendrías que haberlo visto, Ochiichan! Todas las mujeres se agolpaban a su alrededor. ¡Era un caos! Pero papá luce muy guapo con corbata, ¿verdad?

– ¿Huh? Oh… sí, claro  –Su mirada se había perdido durante la conversación y cuando se dio cuenta de que le estaban preguntando quiso contestar manera casual, pero la voz le salió más irónica de lo normal.

Para su mala suerte, Kirishima se dio cuenta de ese detalle.

– Hey, ¿por qué has vacilado en contestar?

– Na-nada, no es nada –Lo último que quería Yokozawa era que Kirishima descubriese que se había perdido en sus pensamientos. Probablemente Kirishima ya se había dado cuenta, pero Yokozawa no tenía intención de hacérselo ver.

– Oh, nada ¿eh?

–….. –en un intento por ocultar su malestar por la mirada de reojo que le estaba dirigiendo Kirishima, Yokozawa cogió su copa de cóctel que estaba intacta. No era tan dulce como había imaginado en un principio, al contrario, tenía un sabor a cítrico muy refrescante y el aroma llegaba hasta su nariz.

Hiyori seguía contando alegremente todas las anécdotas de la boda, pero de repente, como si hubiese recordado algo desagradable, su expresión se volvió algo amarga.

– Pero… lo que no me gustó fue como todas las chicas me preguntaban si no deseaba una nueva mamá.

Yokozawa se sobresaltó un poco al escuchar sus palabras.

– ¿Eh?

En teoría, uno de los parientes de Kirishima le había instado a que se casase de nuevo. A Yokozawa le había extrañado que Kirishima se hubiese molestado cuando Hiyori sacó el tema al decir que lo estaban elogiando y ahora comprendía el motivo de su nerviosismo.

Aunque Kirishima tenía una hija, todavía era un buen partido. Tenía un buen puesto de trabajo en una de las empresas más importantes de revistas y, además, era de buen ver. Su hija era cariñosa, educada e inteligente. No era de extrañar, pues, que esos parientes hubiesen visto aquella boda como una oportunidad para hacer algunas presentaciones….

– ¿Y bien? ¿Y qué les dijiste tú? –Le preguntó de forma casual intentando no dejar ver su inquietud.

– Yo les dije que tenía a mi papá y que por eso no quería a nadie más. También tengo a la Abuela y al Abuelo que son muy buenos conmigo. Y además, te tengo a ti y a Sora-chan. ¿No sería un poco raro pedirle a papá que me busque una nueva mamá solo porque quiero una?

Ella miró directamente a Yokozawa como buscando su aprobación. Yokozawa supuso que la familia había intentado utilizar a Hiyori para impulsar a Kirishima a que buscase esposa ya que él parecía reacio a casarse de nuevo.

– Y… ¿ellas aceptaron eso? –Preguntó. Yokozawa tenía la sensación de que los parientes que se entrometen en esos asuntos no suele intimidarse tan fácilmente.

– Bueno… –Kirishima fue el que contestó–, eran un poco pesadas pero les dije que tenía cosas más importantes que pensar en estos momentos y que quería hacer lo correcto. Parecieron entenderlo, ¿verdad, Hiyo?

– Sip.

Después de compartir una sonrisa con Hiyori, Kirishima le dirigió a Yokozawa una intensa mirada y éste sintió como una oleada de estremecimiento recorría su cuerpo ante esos ojos. Esas palabras que había dicho hacía un momento no iban dirigidas hacia Hiyori… sino hacia él. Al darse cuenta de ello, Yokozawa sintió como su rostro enrojecía un poco.

Trató de ocultar su vergüenza tomando el resto de cóctel de un solo trago. Una cosa era oír aquellas palabras en privado, cuando estaban los dos solos, y otra muy distinta hacerlo cuando Hiyori estaba al lado. ¿Cuándo dejaría de hacer aquellas cosas? A Yokozawa nunca se le había dado bien mantener una expresión indiferente ante tales situaciones…

– Bueno, Sorata nos espera en casa. Deberíamos ir saliendo ¿no?

– Sí, volvamos a casa. Hiyori parece un poco cansada.

– ¡Oye! ¡Todavía sigo despierta!

Ella no parecía darse cuenta pero su expresión parecía decir que estaba a punto de quedarse dormida. El aspecto que tenía daba a entender que había acabado agotada.

– Se te han agotado las pilas, sólo hay que verte. Y no pienso escuchar ni una palabra sobre subirte al caballito como te quedes dormida de camino a casa, ¿entendido?

– Pf… ¡ya no soy tan niña como para eso! –Hiyori infló sus mejillas, enojada por el tono burlón de Kirishima y ambos adultos sonrieron, adorando ese tipo de expresiones tan adorables en ella.

___________________________________________________________

Al llegar a la casa, el cielo de la ciudad se había vuelto de un suave color naranja cálido. Cuando Yokozawa entró en el garaje con el coche y apagó el motor el silencio se adueñó de todo.

– Hey… hemos llegado a casa –Dijo.

– ¿Eh? ¿Ya llegamos? ¿Me quedé dormida? –Hiyori parpadeó varias veces los ojos ante la voz de Yokozawa y la mirada de él se volvió cálida mientras sonreía ante el gesto tan adorable que hacía la niña.

– Ambos cayeron rendidos en el mismo momento que puse el coche en marcha –Hiyori parecía estar exhausta. Probablemente estaba agotada por todas las cosas que había tenido que hacer aquel día, como la responsabilidad de haber tenido que llevar los anillos ante los novios o asistir a un tipo de fiesta al cual que no estaba acostumbrada. Nada más entrar al coche había dejado de hablar y, tal como lo había supuesto Yokozawa, las pilas se le agotaron.

Él y Kirishima, no habían hablado mucho durante el trayecto para no despertarla y, fue así como, al poco rato de estar conduciendo, escuchó los ronquidos suaves de Kirishima a su lado, desde el asiento del copiloto. “De tal palo, tal astilla”, pensó mientras lo observaba dormir, igual que su hija, con la cabeza inclinada y apoyada sobre la ventana. Estaba en una posición tan divertida, que daban ganas de sacarle una foto para guardarla hasta la posteridad.

– Guau, creo que he dormido una buena siesta –Kirishima torció el cuello para relajar los músculos rígidos mientras se desperezaba y Yokozawa recordó oír el dicho de que una buena siesta es ideal para aliviar la fatiga.

– Están totalmente agotados –Les dijo a ambos–. Nada de quedarse hasta muy tarde despiertos, nada más llegar, directamente a la cama.

– Sí, señor –Añadió Hiyori imitando unos modelas sumamente formales.

– Gracias, Yokozawa. En serio que me ha venido muy bien que hoy hayas conducido por mí.

– No, no es nada. Conducir un poco me ayudó a escaparme del trabajo.

Normalmente, está mal visto por la sociedad que los empleados se desplacen en sus autos, pero se les permite coger el coche durante los días libres o por razones especiales. Es por eso que, los empleados que van a trabajar a la oficina los fines de semana o los días festivo, suelen hacerlo en coche.

Kirishima salió del asiento del copiloto y le abrió la puerta del pasajero de atrás, extendiéndole la mano a Hiyori, que andaba todavía un poco soñolienta.

– Su mano, mi señora –Le dijo de broma.

– ¡Jiji! ¡Así parece que soy una princesa!

– Será mi trabajo a partir de ahora escoltarla hasta su hogar.

Yokozowa supuso que, mientras la novia se entregaba a su nuevo marido durante la ceremonia, Kirishima estuvo perdido en sus pensamientos al observarlo.

Hiyori tomó la mano de forma delicada y dio un saltito desde el coche. Entrando en la pubertad, era posible que Hiyori comenzase a tener problemas con Kirishima, pero hasta ese momento no había habido signos que revelasen esa situación. Si alguien le preguntase a Hiyori quién era la persona más importante de su vida, ella seguiría diciendo, posiblemente, “mi papá”.

Yokozawa pensaba que, dejando a un lado su ineptitud en la cocina y en las tareas del hogar, Kirishima bien podría ser un padre ideal. Daba más del cien por ciento en la oficina pero seguía guardando tiempo para su familia y, aunque era algo estricto con su hija, siempre consideraba sus sentimientos ante todo.

Por sí solo, Kirishima ya llamaba la atención gracias a sus atributos naturales… así que cuando sumabas eso al hecho de que se sentía orgulloso por cómo vestía y cómo se veía, no era algo sorprendente que los compañeros de clase de Hiyori lo viesen como un “padre guay”.  Ella se ponía contenta cada vez que hablaban de él y nunca perdía una oportunidad para meter a Yokozawa en sus conversaciones.

– ¿Estará Sora-chan esperándonos en casa?

– Ha estado solo desde por la mañana, así que posiblemente esté un poco deprimido… No se separa de ti nunca ¿eh?  –Cuando vivía con Yokozawa, Sorata tenía un comportamiento algo engreído y frío, pero desde que había comenzado a vivir en el hogar de Kirishima se había convertido en un animal totalmente diferente. Cuando estaba cerca de Hiyori, parecía sentirse totalmente a gusto e incluso le gustaba subirse sobre ellos para que lo acariciasen.

– Eso es porque somos mejores amigos.

– Pues últimamente ha estado muy frío conmigo, cuando lo llamo ni siquiera levanta la cabeza para mirarme –Muchas veces, Sorata se quedaba acurrucado en un asiento que, al parecer, había reclamado como suyo y, cuando lo llamaban, sólo movía las orejas como respuesta.

– Eso es sólo porque es un poco tímido… Cuando tú no vienes a casa suele ir a la entrada a ver si estás. ¡Seguro que se pone a pensar si vendrás ese día o no!

– Vaya, ¿de verdad? –A Yokozawa le sorprendió saber lo que hacía Sorata cuando él no estaba por allí.

– Me parece que Sorata es un poco “tsundere”… –intervino Kirishima–, igual que su dueño.

– ¡Yo no soy un “tsundere”! –Yokozawa hizo una mueca antipática ante el giro que había tomado la conversación mientras entraban en el edificio. Cuando atravesaron la puerta se encontraron en el portal a una niña de la edad de Hiyori esperando por el ascensor.

– ¡Saho-chan! –Saludó Hiyori.

– Vaya, eres tú, Hiyo-chan.

Las niñas parecían amigas y Hiyori fue trotando emocionada a saludarla. La amiga de Hiyori, al parecer, ya conocía a Kirishima y, mientras se inclinaba, lo saludó diciendo:

– Buenas noches, papá de Hiyo-chan.

– Buenas –Contestó él.

Saho parecía intrigada y curiosa por el traje que llevaba Hiyori puesto.

– ¡Vaya! ¿Y ese traje? ¡Es super bonito!

– Fuimos a la boda de un familiar y tuve que llevarlo porque ayudé durante la ceremonia.

– ¡Qué guay! Jo, vaya suerte que tienes… todo lo que he hecho yo ha sido exámenes de práctica en la Escuela Particular… Me han lavado el cerebro  –La niña tenía una pesada mochila a su espalda, probablemente cargada de material de estudio. Yokozawa también había tenido que empezar a ir a las clases extraescolares cuando comenzó los estudios elementales. De esa forma era más cómodo para sus padres que tenían que despreocuparse de si su hijo hacía los deberes o no. A parte de que las clases particulares ayudaban en todo lo relacionado con las tareas, podías hacer amigos de otras escuelas.

– Es verdad, tú vas a clases particulares… ¡debe ser difícil!

– Sí, un poco… pero estoy esforzándome mucho para poder entrar en la escuela que me gusta… Vaya, ¿ya estamos en el piso quinto? Bueno, nos vemos más tarde, Hiyo-chan –El ascensor se detuvo y, cuando las puertas se abrieron, Saho salió despidiéndose de Hiyori moviendo la mano.

– ¿Una compañera de clase? –Le pregunto Yokozawa cuando las puertas volvieron a cerrarse.

– No, ya no. Antes estábamos en la misma clase, cuando estábamos en cuarto, pero este año nos han cambiado a todos –Parecía un poco melancólica mientras lo decía. Era extraño el cambio de actitud que había tenido, hasta hacía un momento parecía estar emocionada charlando con Saho y, de repente, se había vuelto un poco deprimida. El cambio era un poco preocupante y Yokozawa no  había escuchado nada en la conversación fuera de lo normal… Supuso quizás que había sido algo que, como hombre, no pudo comprender.

Al ver a Hiyori con esa cara, Yokozawa estaba ansioso por preguntarle qué le había pasado… pero también comprendió que, en ocasiones, la gente quiere prefiere quedarse a solas con sus pensamientos. Mientras seguía pensando si hablar con ella o no, llegaron a la puerta del apartamento de Kirishima.

– ¡Sora-chan! ¡Ya estamos en casa! –Como si hubiese percibido que iban a llegar, Sorata ya estaba en la entrada esperándolos. Nada más ver a Hiyori fue hacia ella y se le enredó entre sus piernas, suplicando y maullando para que lo cogiesen en brazos. Hiyori lo alzó entre sus brazos con cariño y él entrecerró los ojos de felicidad.

– ¿Qué hacemos para cenar? –Preguntó Yokozawa.

– Estoy un poco lleno, ¿lo dejamos para un poco más tarde? Bueno, a no ser que tú tengas hambre ¿quieres comer algo?

– No, no te preocupes. Me tomé algo mientras esperaba por ustedes dos en el hotel. De momento estoy bien.

– Vale, pues… ¿qué te parece sobre las ocho? Hacemos algo los dos juntos para comer.

En casa de Kirishima, la cena siempre la tomaban muy temprano en consideración a Hiyori. Pero para el horario antiguo de Yokozawa antes de que los hubiese conocido, incluso las 20:00 de la noche le parecía temprano.

– Acabas de decir “hacemos algo juntos” pero sabes perfectamente que no vas a tocar nada para hacer la maldita comida.

– Y por eso tendrás mi eterna gratitud…  –Giró su rostro hacia Hiyori–. Hey, Hiyo, ¿va todo bien?

– ¿Eh?

– Llevas un rato con una expresión algo rara… estás poniendo esto muuuy arrugado –Le dijo mientras con su dedo presionaba entre sus cejas. Kirishima había abordado el tema de frente mientras que Yokozawa seguía preguntándose si era buena idea o no decir algo.

Hiyori, ante el comentario de su padre, subió la mano hasta su entrecejo.

– Vaya, no me había dado cuenta.

– ¿Estás preocupada por algo?

Yokozawa se preguntó si era buena idea ser tan directo, pero mientras se preocupaba por el giro que había tomado la conversación, Hiyori dijo de repente:

– Bueno… no es que esté preocupada ni nada parecido… pero… creo que… ¿no sería buena idea que vaya yo también a las clases particulares?

–  ¿A qué viene eso de repente? Tus notas son muy buenas sin necesidad de ir a una escuela particular, ¿no? –Aunque Hiyori había tenido dificultades con matemáticas, por lo general, era muy buena respecto a sus estudios y Kirishima solía revisar sus tareas para comprobar si lo iba haciendo bien. Yokozawa, de vez en cuando, también le ayudaba con algunos temas que no comprendía.

Yokozawa estaba seguro de que si Hiyori tenía una escuela ya elegida, no tendría problemas en aprobar los exámenes de ingreso y con un poco de ayuda extra antes de presentarse, sería suficiente.

– Pues… es que Saho-chan está yendo a una… y hay otros niños y niñas de mi clase que han comenzado a ir ahora que estamos en el segundo semestre… Han dicho que quieren entrar en escuelas privadas.

Por cómo hablaba Hiyori, parecía como si el ambiente de clase hubiese cambiado un poco después de las vacaciones de verano. Cuando los niños pasan a quinto grado suelen centrar más sus esfuerzos en las clases extraescolares que en las actividades del club de su escuela.

– Bueno… supongo que ya estás en la edad de preocuparte por esas cosas, ¿eh? Vaya, el tiempo pasa volando. Un año más y estarás ya en la escuela media.

Sí, en palabras suaves de Kirishima “la escuela media”… Yokozawa, de alguna manera, también se sintió un poco aturdido por la idea de que Hiyori ya era tan mayor. Hiyori era un poco menuda para su edad, pero igualmente crecía cada día. Yokozawa estaba tan cautivado por el aspecto que tenía con su vestido que ni siquiera se había dado cuenta de que había conseguido algo de altura en las últimas semanas. En cuanto comenzase a crecer, pegaría el tirón tan rápido que ni siquiera les daría tiempo a asimilarlo.

– Sí… todavía me queda un curso para llegar, pero a lo mejor sería buena idea apuntarme para no tener problemas el próximo año…

– Bueno ¿cuál es tu objetivo? ¿Quieres presentarte a los exámenes de la escuela media?

– Mmm, todavía no lo sé… No quiero separarme de todas mis amigos… pero… –En el tono de voz de Hiyori podía notarse  claramente la confusión que sentía. Al parecer, todavía no tenía claro lo que quería hacer cuando terminase la Escuela Básica. Seguramente, al ver a su amiga regresar de las clases particulares, le había hecho pensar sobre todas esas inquietudes y preocupaciones acerca del cambio que se iba acercando poco a poco.

– Bueno… si tanto te preocupa si quieres puedes probarlo. ¿Te gustaría entrar en las clases particulares durante este curso para ver cómo te va? También podemos ir haciendo visitas a escuelas privadas de secundaria, si quieres. No puedes decidirte bien si no has visto las cosas por ti misma, ¿no?

– ¿No te molesta?

– Oh, vamos. ¿Cómo va a molestarme? Claro que no. Si hay algo que desees hacer, tienes que ir a por todas para conseguirlo. Puede que no sea lo que estabas buscando, pero más vale intentarlo a que luego te arrepientas por no haberlo probado.

– ¡Gracias, papá!

– Aunque empieces un poco tarde, estoy seguro de que te irá bien, teniendo en cuenta tus notas. Ahora mismo no estás yendo a ninguna actividad extraescolar así que quizás tengas razón y sea buena idea ir a una Escuela Particular.

– Tu padre tiene razón –Añadió Yokozawa. Recordó que, cuando era niño, creía que tendría todo el tiempo del mundo, pero mirando hacia atrás desde ese instante, a veces deseaba haber probado y hecho cosas nuevas que nunca se atrevió a hacer. Siempre que la oportunidad se te presente, es bueno ir a por ello.

– Bueno, ahora tenemos que mirar el tema de la documentación ¿no? ¿Qué tal si le preguntas a tu amiga sobre ello?

– ¡Sip! ¡Eso haré! –Hiyori, aparentemente más tranquila por haber hablado del tema, volvió a poner su expresión alegre y brillante de siempre. Y eso hizo también que los nervios de Yokozawa desaparecieran–. Oye, papá, ¿tienes algún deseo que te hubiese gustado hacer de pequeño?

– ¿Yo? Bueno… nada en particular… si quería hacer algo lo hacía. Aunque ahora me arrepiento de no haber leído más. No es lo mismo leer libros cuando eres pequeño que cuando eres adulto… Se siente totalmente diferente.

– ¿En serio?

– Claro. Los niños y los adultos utilizan la imaginación de forma diferente. Creo que estoy un poco celoso de ti… tienes tantos libros que puedes leer y disfrutar siendo una niña… –De repente Kirishima se dio cuenta de la situación–. Pero bueno, ¿qué estamos haciendo aquí de pie los tres como tontos hablando sobre esto? Venga, ve a cambiarte y, mientras, yo voy a preparar la televisión para poner el video que te hice durante la boda.

– ¡Yupi! –Hiyori dejó a Sorata en el suelo y salió disparada a su habitación para cambiarse de ropa.

Kirishima, nada más vio que su hija desaparecía, se tumbó en el sofá suspirando.

– Chicas… siempre le dan mil vueltas a las cosas…

Yokozawa pensaba que, cuando tenía la edad de Hiyori, casi nunca se preocupaba por su futuro. Había ido a la Escuela Particular pero sus recuerdos sobre ello era más parecido a historias divertidas con los amigos que hizo, que preocupaciones respecto a sus estudios.

A menudo le preguntaban qué quería ser cuando fuese mayor, pero él simplemente respondía “trabajador de alguna oficina” y siempre dejaba a las personas un poco extrañadas.

Sin embargo, Yokozawa mantenía que esa elección no la había tomado al azar o simplemente por descarte. Al ver a sus padres trabajar tan duro, había llegado a apreciar el esfuerzo de un buen día de trabajo. Yokozawa los admiraba como el niño que era.

– Bueno… es cierto que ellas maduran antes que los chicos… Pero… todavía no puedo ver a Hiyori como una joven de secundaria. Si parece que fue ayer cuando estaba todo el día diciéndome “papi, papi” –Kirishima tenía la mirada perdida, como si estuviese recordando el pasado. Para un niño, un año puede parecer largo e infinito, pero para los adultos que crían a ese niño el tiempo se pasa en un instante. Y posiblemente se quedan aturdidos por la forma en que crecen tan rápido.

– Hiyori será adulta en menos de lo piensas… En nada tendrás que llevarla al altar, ¿eh?

Yokozawa, siendo objetivos, tenía que admitir que Hiyori era bastante bonita.  Quizás a veces era un poco infantil, pero por lo general solía ser una niña seria y directa, educada y con una personalidad amable y cálida. Yokozawa recordó que ya tenía a un jovencito suspirando por ella y estaba seguro de que, con el tiempo, crecería su popularidad entre los compañeros de clase. Iba a ser una tarea complicada en el futuro asegurarse de mantener lejos de ella a tantos babosos desagradables.

– Sí, pero no pienso entregársela a cualquier tipejo…

– Si no recuerdo mal… hasta hace poco decías que no ibas a entregársela a nadie –Remarcó Yokozawa analizando el cambio de opinión en Kirishima. ¿Qué había cambiado en su forma de pensar para que ahora dijese eso?

– Bueno… no soporto la idea de verla como una novia… pero supongo que, si es un hombre que pase por mi aprobación, estaré dispuesto a darles la bendición… Pero aun así… de sólo pensar en todos los idiotas que andan sueltos por ahí me deprime.

– Tranquilo, estoy seguro de que el gran problema será encontrar un hombre que a Hiyori le convenza… y encontrarlo no será tarea fácil –El hombre más cercano a la vida de Hiyori en aquellos momentos, era su padre, Kirishima. Se diese cuenta o no, él ya había puesto el listón demasiado alto… Y a Hiyori sólo le interesarían aquellos que fuesen igual o mejor que su padre.

– ¿Por qué piensas eso? –Preguntó Kirishima con una expresión de confusión en su rostro ante la sonrisa de Yokozawa.

– Vaya, ¿en serio que no lo supones? Eres un poco lento cuando se trata de hablar de tu hija…

– Hey, eres el menos indicado para decir eso.

– Las hijas nunca se enamoran de un hombre que sea menos que su padre… así que no te preocupes… ella atrapará a un gran hombre… alguien como tú.

– ¿Yo? –Yokozawa supuso que sus palabras emocionarían a Kirishima, pero éste simplemente se puso serio.

– ¿Qué pasa? ¿No quieres que Hiyori lleve a casa a alguien como tú?

– Por supuesto que no. Odiaría que Hiyori apareciese con un tío que lo único que tiene de bueno es su lengua afilada.

– Vaya… no tienes un buen concepto de ti mismo…

Yokozawa estaba asombrado por la seriedad con la que Kirishima hablaba de sus preocupaciones sobre Hiyori, pero le pareció que se había pasado un poco al decir sobre sí mismo “un tío que lo único que tiene de bueno es su lengua afilada”…

– Mierda… ¿qué demonios voy a hacer si Hiyori trae a casa a alguien como yo?

– Me parece que el papá tiene otros asuntos en los que centrarse ahora ¿no?… –Le dijo Yokozawa mientras reía entre dientes, viendo cómo Kirishima sostenía su cabeza con sus manos mientras agonizaba sobre la idea de que Hiyori trajese un hombre a casa en el futuro. Él nunca aceptaría a un “bueno para nada”, pero igualmente iba a ser difícil darle la bienvenida y darle un abrazo a un tipo encantador y seductor–. Bueno, entonces… ¿con qué tipo de hombre te gustaría que estuviese Hiyori?

– Pues… no lo sé… Supongo que, si tuviese que elegir a alguien… me gustaría que fuera alguien… pues, un poco como tú.

– ¿Qué? ¿Yo? –Yokozawa abrió los ojos de par en par ante aquella respuesta inesperada. Jamás habría imaginado que su nombre saldría en una conversación como aquella.

– Sí… bueno… tú eres bueno trabajando en la oficina y a la vez también te manejas con las cosas de la casa… Pero no eres tan buen partido como para que ella se tuviese que preocupar sobre si la engañas o no… Los hay peores que tú…

– G-gracias… supongo –Yokozawa creía que algunas partes de lo que había dicho sobraban… pero estaba seguro de que si decía algo, Kirishima le soltaría alguna pulla tonta para molestarlo.

– Ella es mi hija… Tenemos gustos similares… Pero si ella llega a enamorarse alguna vez de ti… entonces…

Yokozawa le dirigió a Kirishima una mirada que indicaba que no le parecía nada divertida la conversación.

– No seas idiota, Hiyo tiene un repertorio muy amplio donde elegir y te aseguro de que no seré yo.

– Me da que no sabes lo que vales… ¿le preguntamos más tarde a Hiyo para que lo confirme o lo desmienta?

– ¡Claro que no! La pondrás en una situación incómoda.

Conversaciones como aquellas, en las que discutía y hablaban sobre el futuro, le seguían pareciendo a Yokozawa algo extrañas. Es más, el mero hecho de tener a alguien con quien poder hablar de un futuro juntos… era, en sí mismo, casi como un milagro.

Enamorarte de alguien es algo que todo el mundo puede hacer sin necesidad de aprobación. Pero… el que ese amor sea correspondido no es tan sencillo como parece. Todo depende del destino. De nada sirve que te esfuerces en ser existente para esa persona o en intentar lograr sus atenciones… Al final, todo depende de la decisión final del otro. Y si bien puedes sentirte halagado porque alguien que te gusta tiene sentimientos hacia ti… recibir esas atenciones de alguien que no te importa puede llegar a ser poco más que una molestia.

En un principio, Yokozawa había visto a Kirishima como nada más que un tipo pesado y molesto que le frustraba constantemente. Yokozawa se había visto entre la espada y la pared al haber sido chantajeado con aquella foto que supuestamente Kirishima le había sacado, por lo que durante aquellos tiempos Kirishima le crispaba cada uno de sus nervios.

Pero ahora que lo veía desde otro punto de vista, se daba cuenta de que, a pesar de todo, Yokozawa no podía parar de pensar en él, cada día era lo mismo, en su mente estaba constantemente él, “Kirishima, Kirishima, Kirishima”…. Y, sin darse cuenta, aquel hombre se había convertido en una parte importante de su vida.  Él mismo se había sorprendido de los sentimientos que comenzaron a brotar en su interior, echando raíces y floreciendo de forma inesperada. En un principio se había visto incapaz de aceptarlo, pero cuánto más se cerraba a aquellos sentimientos, más se daba cuenta de que ya no había excusa para ocultar lo que sentía…

Kirishima se inclinó hacia adelante, acercando su rostro cerca del de Yokozawa.

– Bueno… –dijo bajando la voz, casi en un susurro–, aunque ella caiga rendida ante ti… no pienso darme por vencido.

– ¿Eh?

– Estoy diciendo que eres mío.

– N-n-no puedes ir solt-tando esas cosas así constantemente –Yokozawa le dio un suave empujón a Kirishima para alejarlo de él y crear un poco de espacio entre los dos. Al parecer, Kirishima había apartado los temas serios para tener la actitud jocosa que siempre tenía.

Yokozawa seguía sin comprender como, de todas las personas que había en la tierra, Kirishima lo había elegido a él.  Y aunque sabía que los sentimientos humanos no entendían a la lógica, muchas veces, su falta de autoestima y confianza, le obligaba a buscar un motivo a todo aquello.

Quizás, con el tiempo, aquellas dudas fueran desapareciendo… Cuanto más tiempo pasaban juntos, más fuerte se hacía el vínculo que los unía…

– Así que el tiempo…

En ese instante  Yokozawa sintió como si algo pesado cayese dentro de su corazón…

– ¿Dijiste algo?

– N-no, nada, nada. Oye… deberías ir moviéndote, Hiyo estará de vuelta en cualquier momento. ¿Por qué no te vas a cambiar tú también?

– Ah, claro. Sí… tienes razón. Tú tampoco deberías quedarte ahí de pie–Kirishima aflojó su corbata, dándose la vuelta para ir hacia la habitación.

La forma en que hablaba susurrando le recordó a Yokozowa la promesa que le había hecho Kirishima a Hiyori.

– Solo hay que conectar el dispositivo de grabación en la televisión ¿no? Puedo encargarme, si quieres.

Si no se daban prisa, Hiyori terminaría antes de lo previsto.

– Sí, por fa. ¿No te importa? El manual de instrucciones tiene que estar por ahí debajo.

– Sí, aquí lo tengo –Solo había que pasar la grabación al reproductor. Le echó una mirada al manual y, mientras ojeaba las páginas, se dio cuenta de que la extraña sensación de pesadez que había sentido en su pecho había desaparecido por completo…

_______________________________________________________________

– ¡Que tengas un buen día, Oniichan!

– Ve a por todas –Dijo Kirishima–. Y ten cuidado.

– G-gracias.

Allí de pie en la entrada, Yokozawa se sentía algo aturdido por la forma en que Kirishima y Hiyori lo despedían, mirándolo con unas sonrisas amplias en sus rostros.  Recordó lo vergonzoso que eran siempre aquello momentos y esa respuesta tan patética no había podido ocultar la vergüenza. Con esas expresiones mirándolo fijamente, era imposible que Yokozawa pudiese calmarse.

– Oye, ¿seguro que no te olvidas de nada? –Le preguntó Kirishima.

– Hmm, no, que yo sepa –Yokozawa se había asegurado de coger el teléfono móvil y su laptop estaba en el maletín del trabajo. Había comprobado que llevaba la cartera, y aparte de eso, ya no tenía nada más.

– Cuando nos vamos… –comenzó Kirishima–, siempre decimos ittekimasu, ¿no?

–….–Las palabras se quedaron atascadas en la garganta de Yokozawa al momento de Kirishima señalar aquello que supuestamente se le había olvidado. Los saludos y las despedidas eran una parte muy importante dentro de los hogares y, aunque Yokozawa sabía que tenía que decirlo, le costaba sacar aquellas palabras de su boca. A pesar de que era una frase tan corta y sencilla, decírselo directamente a Kirishima, con su ojos mirándolo fijamente, era casi imposible… sentía demasiada vergüenza como para hacerlo.

Si hubiesen estado solos, Yokozawa le hubiese contestado con alguna ironía y se habría ido sin despedirse. Pero, en aquel momento, Hiyori estaba justo en frente de él, expectante.

–…Ittekimasu –Dijo a regañadientes.

Luego, se fue tan rápido como pudo para escaparse de aquella situación. Por el camino, se permitió soltar un largo suspiro.

La razón por la que Yokozawa se había quedado a pasar la tarde en casa de Kirishima aquel lunes, era tan simple como que aquel día era festivo. Sin embargo, aunque no tenía que ir a trabajar, la Feria se acercaba cada vez más y tenía un montón de trabajo acumulado para los preparativos. Tenía la esperanza de poder adelantar algo de trabajo en su casa aquel día de fiesta.

Kirishima siempre se quejaba de que no debería llevarse trabajo para casa. Pero, teniendo en cuenta que aquel era un suceso importante, le había apoyado diciéndole que si necesitaba cualquier cosa, sólo tenía que pedirla.

Recordando lo que le tocaba hacer para el día siguiente entró en el ascensor. Se quedó perdido en sus pensamientos mientras descendía pero de repente se detuvo abruptamente en otro piso. Yokozawa se echó hacia atrás para dejar paso al nuevo inquilino y se quedó totalmente sorprendido al escuchar alguien que le llamaba.

– ¿Yokozawa-san?

– Oh, buenas tardes –El hombre que estaba esperando por el ascensor al otro lado del mismo, no era otro que Iokawa, un tío de uno de los compañeros de Hiyori y que trabajaba como vendedor de la librería Fujino Books. Llevaba unas gafas de pastas negras que no le pegaban al rostro amable y cálido que tenía. Se habían conocido cuando Iokawa acompañó a su sobrino a que le diese un regalo de cumpleaños a Hiyori en la casa de Kirishima. Después, habían tomado algo en un bar y, gracias a una pequeña conversación, habían intimado un poco.

Por alguna razón, Yokozawa coincidía una y otra vez con Iokawa y, dado que estos encuentros se daban casi siempre después de que hubiese salido de casa de Kirishima, solía sentirse algo incómodo y torpe.

– Buenas tardes. Supongo que viene de casa de Kirishima, ¿no?

– Ah… sí, sí –Yokozawa no estaba haciendo algo malo al ir a su casa, pero tampoco podía largar a los cuatro vientos que tenían una relación. Sin embargo, no le quedó más remedio que responder sinceramente a Iokawa.

– Oh, ¿pasaste la noche allí?

– Uh… bueno… algo así… sí.

– Debo confesar que estoy un poco celoso de la buena amistad que tienen.

Yokozawa se estaba poniendo un poco nervioso por el giro que había tomado la conversación y de la forma en que Iokawa hablaba sin tacto al alguno. En un esfuerzo por desviar el tema, Yokozawa hizo su propia pregunta:

– ¿Qué hay de usted? ¿A dónde se dirige?

– A un veinticuatro horas. Acabo de darme cuenta de que no tengo ni una migaja para comer en casa… aunque supongo que esas cosas suceden a menudo cuando uno vive solo, ¿no cree? Oh, aunque… usted parece del tipo de persona que lo tiene siempre todo muy bien organizado.

– No, para nada. Cada vez que llego a mi casa y abro la nevera está vacía… –La única razón por la que últimamente se estaba convirtiendo en un experto en la cocina y la organización del hogar era porque estaba yendo constantemente a casa de Kirishima. No es que antes odiase cocina, pero al vivir solo lo veía algo innecesario y al final siempre acaba comiendo alguna tontería o comprando paquetes de comida preparada en las tiendas de veinticuatro horas.

– Oh, ¿no cocina? Vaya, como aquella vez que fui a casa de Kirishima lo vi con un delantal supuse que lo hacía.

– Bueno, cocino un poco… Pero es ese tipo de comida que se hace para uno mismo. Normalmente suelo hacer cosas rápidas o compro algo en un veinticuatro horas, la verdad –Lo cierto es que Yokozawa pensaba que, la motivación para cocinar algo más elaborado está en que alguien desee tu comida y que la coman con alegría. Tal vez un amante de la cocina podría soportar hacer grandes platos sin esa motivación, pero para él era una pérdida de tiempo invertir sus horas en algo que no iba a compartir.

Sin embargo… ahora se esforzaba muchísimo para hacer platos ricos y sanos para Hiyori. Valía la pena el esfuerzo cuando alguien te decía con una sonrisa que la comida había estado deliciosa.

– Vaya… tengo que admitir que me ha sorprendido ese lado suyo tan perezoso.

– ¿De verdad le ha sorprendido?

– Sí, parece el tipo de persona que se lo toma todo muy en serio y hace las cosas correctamente… Siempre había pensado que ponía su esfuerzo en todo lo hacía, sin importa el qué.

– Oh, no, para nada…. –Yokozawa sentía que Iokawa tenía una concepción demasiado buena de él, y justo cuando fue a decirle que era todo lo contrario a lo que había dicho, el ascensor se detuvo abruptamente.

– ¿¡Qué…!?

Se escuchó un fuerte golpe y, de repente, se sintió como si el ascensor se tambalease. Yokozawa consiguió apoyar su mano en la pared lo más rápido que pudo para evitar perder el equilibrio. De repente, la máquina se había quedado completamente quieta y en un punto muerto, pues no habían alcanzado su destino.

– ¿Nos hemos detenido?

– Eso parece…

Aunque intentaban escuchar, no salía ningún sonido de la máquina y todo lo que había quedado era un extraño silencio. A Yokozawa le vino a la mente la noticia sobre un ascensor que había caído hasta el suelo y se le puso la piel de gallina al imaginar el peor de los casos. Sin embargo, también era cierto que ninguno de ellos podía hacer nada para solucionar el problema así que lo mejor en aquella situación era mantener la calma y tener una actitud positiva…

El ascensor iba hacia abajo así que, si en el peor de los casos la cuerda se rompiese, habría pocos metros hasta el suelo, por lo que el impacto no podría ser peligroso. Quizás sufrirían algunos moretones y rasguños, pero no peligrarían sus vidas.

– Quizás… si intentamos abrir la puerta… –Probaron pulsando el botón de “abrir puerta” y, al no ver respuesta, pulsaron cualquier número al azar… pero el ascensor se negaba totalmente a moverse.

– Genial… eso significa… que estamos atrapados –Murmuró Yokozawa con suspiro. Era posible que se pudiesen quedar por horas ahí dentro. Aunque por suerte habían sido ellos dos y no algún niño o anciano.

– Deberíamos pedir ayuda, ¿no? Quizás… si pulsamos este botón de aquí… –Iokawa pulsó el botón de emergencias y al instante conectaron con la empresa encargada.

– Está usted en el departamento de gestión de ayuda. ¿Cómo podemos ayudarle?

– Parece que el ascensor se ha estropeado y ahora estamos atrapados en el interior.

Al otro lado de la línea, la persona encargada comenzó a disculparse con sinceridad.

– ¿Están todos bien? Lo sentimos muchísimo.

– Sí, sí. Estamos bien. Podemos hablar sin ningún problema.

– Enviaremos a un técnico ahora mismo, ¿podría darnos algún detalle más?

– Mmm, creo que nos hemos detenido entre la primera y la segunda planta, pero a partir de ahí, es todo muy confuso… Los botones se iluminan si los apretamos, pero el ascensor no responde a nada…. ¿Cuánto tiempo cree que puede pasar hasta que salgamos?

– Vamos a ver… bueno, sin que el técnico no lo haya evaluado antes no podemos dar una duración específica… pero estoy seguro de que lo hará lo más rápido posible. Nos disculpamos por todos los problemas que les hemos causado, ¿creen que pueden esperar un poco más?

– Sí, sí. Muchas gracias.

– Es posible que no tengan cobertura con los teléfonos móviles, así que si necesitan cualquier cosa, por favor contacten a través de este sistema –El encargado parecía sentirlo con bastante sinceridad y cada dos por tres añadía un “disculpe” entre todas las frases. Habían tenido una suerte horrible al estar en el ascensor mientras se estropeaba, pero al menos habían podido contactar al instante con los de seguridad.

– Bueno, pues ya está…

– Qué mala suerte… –Si así es como iba a pasar toda la tarde, bien podría haberse quedado en casa de Kirishima un poco más… También era cierto que podría ocupar su tiempo invirtiéndolo en hacer algo del trabajo, pero con una persona mirándole por encima del hombro, le parecía una situación un poco incómoda.

– ¿Tenías algo urgente, Yokozawa-san? Yo iba tan sólo a comprar algo pero…

– No, justo iba ahora a mi casa para hacer algo de trabajo, pero no es algo urgente ni nada parecido. Demos gracias de que no ha sido durante un día de trabajo…

“Vaya mierda… todo este tiempo desperdiciado pudiendo estar adelantando otras cosas…”, pensaba Yokozawa. Aunque también creía que de nada servía frustrarse ante aquella situación. Si eso le hubiese pasado cualquier otro día de la semana sí que estaría realmente furioso.

Pensó en intentar contactar con Kirishima, pero luego se dijo que no iba a poder hacer nada y que sólo conseguiría preocuparlo a él y a Hiyori de forma innecesaria.

– Bueno… esto va a ir para largo… ¿nos sentamos?

Probablemente estarían allí por una o dos horas así que lo mejor sería reservar las fuerzas para poder aguantar. Yokozawa se armó de paciencia para soportar la espera. Guardó su móvil dentro de la maleta pensando que ojalá no se le quedase sin batería.

– Sí… supongo que sí.

Se acomodó en el suelo del ascensor y colocó el maletín a su lado. Si hubiesen estado en una película, ya habrían podido forzar las puertas para salir o escapar por la escotilla del techo… pero aquello, en la realidad, era algo ridículo e imposible. Había que esperar tranquilamente a que el técnico llegase.

Aunque Yokozawa no tenía ningún problema con quedarse en el ascensor, al recordar que estaba allí junto con otra persona, comenzó a invadirle una sensación de agobio. Si hubiese estado solo habría podido soportarlo, pero estaba con Iokawa…

Se había adueñado de ellos un silencio algo incómodo y fue Iokawa el que decidió romper aquel ambiente tan tenso.

– Uhm… siempre me he preguntado, Yokozawa-san… ¿cuáles son las librerías que supervisas?

Al escuchar la pregunta, Yokozawa se dio cuenta de que simplemente necesitaba seguirle la corriente con el tema del trabajo. Después de todo, era lo único que tenían en común y, aunque existían ciertas diferencias entre los comics y los libros para niños, los dos eran vendedores de empresas editoriales, al final y al cabo.

– No tengo un área concreta, más bien soy el responsable de las ventas. Manejo el tema de las ventas y lo que tengo que hacer es ir a vigilar si van bien y esas cosas.

– Eso me recuerda a que fue en Ikebukuro donde te vi la última vez ¿no? Creo que la tienda que estaba por allí se llamaba… Marimo Books ¿verdad?

– Exactamente. Suelo dejarme caer por ahí a menudo.

– Han puesto una sección para libros infantiles en la tienda. A menudo me paso a ver la sección de comics así que quizás hemos estado en el mismo sitio más de una vez y no nos hemos dado cuenta.

– Es probable.

“Marimo” era una gran cadena de librerías y los distintos representantes de las diversas editoriales se paseaban por los pasillos cada dos por tres. Era muy posible que Iokawa hubiese estado allí en más de una ocasión.

– Los empleados de la librería Marimo tienen las secciones con una apariencia muy bonita, siempre bien cuidada… pero lo cierto es que la sección de comics es siempre un espectáculo digo de ver. Admito que a veces me dejo llevar las recomendaciones… si lo lleva usted, es normal que las ventas no vayan mal.

– Hay un chico que trabaja ahí a medio tiempo y es el que realmente hace el trabajo de juntarlos y promocionarlos  –La razón por la que aquella área destacaba por encima de las demás era porque el empleado, estudiante de la escuela de arte, ponía muchísimo esfuerzo en el género shoujo. Él decía que no era una molestia y le encantaba hacer aquellas promociones… cualquiera que fuera la razón, Yokozawa estaba agradecido de ello.

– Vaya, qué bien. Cualquiera editor de venta estaría encantado con esa pasión que le está poniendo el chico.

– Y… a parte de Marimo ¿qué otras librerías frecuentas?

– Suelo estar a veces por el área de Jinbouchou. Nuestro departamento de ventas no tiene a muchos editores, así que voy a donde me manden. Este año he tenido una barbaridad de viajes fuera de la ciudad.

– Yo sólo tengo algún que otro viaje de negocio. Pero siempre es agradable entrar a tiendas nuevas y descubrir los libros colocados por primera vez.

– ¡Claro! Es genial ver que están colocando tus pedidos. Me encanta ver los libros en las estanterías que están de exhibición y pensar que quizás los estudiantes se pasen por ahí para comprarlos o preguntarme cuántos padres llevarán allí a sus hijos.

Por lo general, dependiendo de dónde está posicionada la tienda, siempre hay colectivos, como estudiantes o trabajadores, que se decantan por una o por otra. Por extraño que pudiera parecer, en la librería Marimo abundaban las familias como clientela.

– Eso me recuerda… ¿sueles pasar la noche en casa de Kirishima-san a menudo?

– ¿Eh? –A Yokozawa la pregunta le pilló totalmente desprevenido–. Oh, no, no. Ayer tuve que ir a recogerles a la boda de un familiar… y al final acabé aquí –Aunque lo que había dicho era totalmente cierto, el tono de voz de Yokozawa evidenciaba que estaba nervioso. Solo podía esperar que Iokawa no se diese cuenta de lo incómodo que se sentía ante el giro de la conversación.

– Ah, ya veo. Vaya, suena bien… ¡una boda! Yo fui el año pasado a la de un viejo amigo. Me gustó mucho, suelen ser ambientes agradables. Incluso me llegué a emocionar un poco, igual que el padre de la novia.

– Vaya, Kirishima dijo algo parecido –Dijo Yokozawa, recordando como Kirishima había dicho lo emocionado que había estado el padre–. Que el padre casi parecía la novia de lo emocionado que estaba… eso le hizo pensar algunas cosas.

– Supongo que aquel ambiente tuvo que ser algo extraño para él. Después de todo, él tiene una hija. Hiyori-chan es una niña muy dulce y estoy seguro de que Kirishima espantará a cualquiera que se le acerque… nuestro pobre Yuuto va a ser aniquilado como las moscas.

– No, no, estoy seguro de que no será así… el otro día fueron juntos de compras y también fueron al cine, ¿no?

– ¿¡¡Eh!!? ¡¿Cuándo empezaron a salir?!

Parecía que Iokawa no tenía mucha idea de las cosas que hacía su sobrino y Yokozawa se apresuró a tranquilizarlo.

– No, no. No quise decir eso… no creo que aquello haya sido una cita –Yokozawa vio como Iokawa no pudo evitar cambiar la sonrisa por una expresión desesperanzadora.

Desafortunadamente para el niño, la actitud de Hiyori daba a entender que sólo veía a Yuuto como a un amigo, no como un posible novio. Era quizás por esa razón que Kirishima se sentía tranquilo y no los agobiaba al darle el permiso para que saliesen juntos por ahí.

Mientras ella salía, Kirishima aprovechaba para estar junto a él, así que Yokozawa había comenzado a sospechar que Kirishima animaba a Hiyori a que saliese para poder divertirse un poco con Yokozawa.

– Me siento un poco impotente… todo lo que puedo hacer como su tío es darle ánimos. Pero bueno, supongo que antes debería preocuparme por mis propias relaciones. ¿Alguna vez ha pensado en casarse, Yokozawa-san?

La única respuesta que pudo hacer Yokozawa ante aquella pregunta fue un patético “¿Eh?” mientras intentaba controlar los pensamientos de su cabeza. Era un tema bastante delicado como para sacarlo tan de repente y, aunque el rostro de Kirishima había pasado fugazmente por su mente, lo sacó rápidamente de ahí.

– Bueno… cuando llegas a cierta edad los padres suelen ser un poco pesados al respecto, ¿no? – Explicó Iokawa–. Seguramente te molestarán con frecuencia preguntándote si ya has encontrado a alguien que valga la pena y esas cosas. Aunque bueno, mis padres, desde que me separé, no me han nombrado nada respecto.

– A-ah, eso… –Al ver qué era lo que le había llevado a formular aquella pregunta, soltó un suspiro de alivio.

– Supongo que ya tengo edad para establecerme con alguien y esas cosas… pero tengo que admitir que no me apetece demasiado –Las palabras de Iokawa, dichas con un deje de resignación, bien podrían reflejar a muchos hombres de su misma generación que se encontraban en situaciones similares. Yokozawa había tenido que soportar preguntas similares por parte de muchos de sus familiares, pero en la mayor parte de aquellas conversaciones, las decían como quien saca el tema del tiempo, y Yokozawa conseguía esquivarlas con más o menos cierta facilidad.

– Tranquilo, no creo que tengas que preocuparte demasiado por esos temas.

– Entonces… ¿estás en ese momento de “nunca me casaré”, Yokozawa-san?

– No es exactamente eso… creo que si tienes a alguien con quien deseas casarte, entonces no deberías dudas en hacerlo… pero si no hay nadie a tu lado, lo mejor es no es forzarlo y no preocuparte. Aunque por supuesto, esa es mi opinión, estoy seguro de que cada uno tiene su propia visión sobre el asunto y muchos están desesperados en la caza de esa “única persona”.

 

Al final es siempre la misma historia… todas esas historias de parejas que se enamoran después de haberse conocido, probablemente, habían estado enamoradas antes de otra persona… pero nunca llegaron a nada en esa primera vez.

Yokozawa nunca se había sentido interesado en el matrimonio ya que no lo veía como algo necesario en su vida. Sus padres siempre habían sido personas muy ocupadas y nunca tuvo lo que la gente considera “una perfecta familia feliz”. Habían sido buenos padres y no es como si Yokozawa hubiese tenido conflictos con ellos o no se hubiese sentido querido, incluso ahora, con tanta distancia de por medio, seguían teniendo una relación unida. Pero quizás era porque sus padres habían sido muy neutrales en ese tema que Yokozawa no había visto el matrimonio como algo esencial para la vida de las personas.

Sin embargo, aunque Yokozawa nunca había esperado tener un hogar, las cosas habían cambiado después de conocer a Kirishima y la relación que tenía con su hija. Tener a alguien a quien cuidar, una familia que proteger… daba el impulso y las ganas de afrontar el día a día. Hiyori era, posiblemente, la causa por la que Kirishima estaba siempre tan alegre.

Yokozawa no podía sino admirar la manera en que Kirishima nunca había dejado desatendida a su hija a pesar del duro trabajo. Ir a casa de Kirishima y compartir su hogar con él comenzaba a sentirse casi como un sueño, haciéndole desear que llegase el siguiente día para volver. Era ese tipo de sensaciones que no experimentaba desde que era niño.

– Entonces… ¿puedo tomar tus frases como que no tienes a nadie con quien querer casarte en estos momentos?

Yokozawa se sobresaltó ante la pregunta de Iokawa. Se había distraído en sus pensamientos y ahora no sabía qué responder. No le gustaba hablar de su vida privada, pero al mismo tiempo, no le gustaba mentir de forma tan descarada.

– Ahora mismo… estoy feliz de poder estar con esa persona sin necesidad de ponerle un nombre a esa relación… Así me siento.

Kirishima era un hombre y… al final y al cabo en Japón no estaban reconocidos los matrimonios homosexuales ya que la aceptación social sobre ese tema no había llegado todavía. Además, aunque esa parte se resolviese de forma milagrosa, todavía estaba Hiyori. Kirishima debía poner por delante la felicidad de su hija y, luego, estaba la de Yokozawa.

Si la relación de Kirishima y Yokozawa cambiase en el futuro, se debería, posiblemente, a la nueva concepción que tendría de ellos Hiyori debido a su edad. Ahora mismo, ella los veía con los ojos de una niña de primaria, sin encontrar ningún problema. Pero una vez que llegara a la secundaria o a la preparatoria, era probable que se diese cuenta de lo que se escondía realmente tras aquella relación.

Ya era extraño que un soltero como Yokozawa estuviese todo el día metido en la casa de un padre soltero y su hija. Kirishima se aseguraba de cuidarse las espaldas, por lo que nunca había traído a ningún extraño al edificio, pero si algún vecino lo veía a solas con Kirishima probablemente pensase que había algo extraño en todo aquello.

A Yokozawa no le sorprendería que Hiyori comenzase a sentirse incómoda en aquella situación y, si se diese el caso de que Hiyori lo veía como una amenaza en la tranquilidad de su vida, Yokozawa no iba a dudar en salir de ella tan pronto como le fuese posible. Él los veía a los dos, no sólo a Kirishima, sino también a Hiyori, como algo preciado y que debía proteger. Así que prefería morir antes de hacer cualquier cosa que pudiese herirla.

– …..

Yokozawa se quedó de hielo ante sus propios pensamientos. Quizás, era la misma sensación que había tenido el día anterior por la noche.

Podía verlos a los dos en un futuro idílico y feliz… pero dudaba de que él mismo pudise estar en ese futuro. Si fuese un familiar, o incluso un amigo de infancia, tendía la excusa perfecta para justificar la relación que mantenían… pero estaba seguro de que, tal como era la realidad, no había sitio para él en aquella pequeña familia feliz.

– Bueno… –intervino Iokawa–, ¿qué es un matrimonio? Al fin y al cabo no es más que un contrato. A diferencia de una relación amorosa de noviazgo, un matrimonio sella la pareja ante la ley. ¿No te parece extraño tener a alguien con quieras pasar el resto de tu vida pero con la que no querer dar ese paso final hacia el matrimonio?

Yokozawa, aunque le daba la razón a una parte de lo que decía Iokawa, era difícil poder aplicarlo a una relación homosexual como la que tenía él con Kirishima.

– Puede que tengas razón en eso… pero bueno, todo depende de los sentimientos de las dos personas involucradas.

Para que una relación avance, se necesita el esfuerzo y la voluntad de las dos personas. Por un lado, si te quedas sentado esperando que la otra persona demuestre su amor y sea sincero, puedes acabar teniendo una relación totalmente unilateral… pero también, si eres de esos que se entrometen demasiado en la vida del otro, puedes acabar siendo una molestia.

Yokozawa se veía a sí mismo como los del segundo tipo: alguien demasiado entrometido. Después de tranquilizarse, se daba cuenta siempre de las cosas que decía o hacía, y muchas veces se veía a sí mismo como alguien insoportable.  Por ese motivo, se había propuesto respirar con tranquilidad antes de soltar lo primero que se le pasaba por la cabeza.

Sin embargo, él sabía que cuando muchas veces las cosas se le iban de las manos, tenía el único consuelo de que Kirishima siempre lo perdonaba. Por supuesto, Kirishima también se parecía a él en muchos aspectos, así que no estaba en posición de juzgarle. En ese sentido, parecía como si se adaptasen el uno al otro…

– Eres una persona bastante madura, Yokozawa-san. Tú… te conoces muy bien, no dejas que otra persona derrumbe tus ideas. Te has ganado mi respeto.

– Oh, para nada… todavía me queda un largo camino. Esto es sólo una máscara que me pongo a los demás.

Al decir aquellas palabras, recordó lo que Kirishima le había dicho una vez… sobre la forma en que él mostraba solo una pequeña parte de su ser a los demás… Sonrió al darse cuenta que habían dicho algo similar.

– ¿De verdad?

– La gente suele intimidarse conmigo por la forma en que levanto la voz… pero tú, por ejemplo, tienes unas maneras más suaves de tratar a las personas –No pudo evitar sonreír al recordar cómo solía comportarse con las personas hasta hacía poco tiempo

Después de conocer a Kirishima y soportar la sarta de cosas que le decía sobre sí mismo, se había dado cuenta de la forma en que se comportaba y cómo perdía los estribos una y otra vez, gritando a algún desafortunado compañero de trabajo que, para colmo, había hecho bien su trabajo. Al principio las personas creían que el cambio de actitud en Yokozawa se debía a que tenía algún tipo de enfermedad, pero poco a poco se fueron acostumbrando y el lugar de trabajo pasó a tener un ambiente más agradable. Incluso las ventas mejoraron después de aquel cambio.

Yokozawa siempre había pensado que el trabajo duro es algo que uno tiene que sacar desde su propio interior… así que se había quedado sorprendido con todos aquellos cambios que se habían dado a su alrededor. Había sido muy ingenuo al no darse cuenta de que el verdadero esfuerzo no depende sólo de uno mismo.

– ¿Eso piensas? Mi superior está diciéndome constantemente que, aunque me esfuerzo, no tengo las energías necesarias.

– ¿Y por qué en vez de intentar ser algo que no puedes ser te centras en tus puntos fuertes?

– En mis puntos fuertes… bueno… no tengo demasiados.

– Bueno, pues entonces solo tienes que buscar un modelo a seguir. Si tienes a alguien que admires, podrías intentar mejorar para llegar a ser como esa persona.

Yokozawa, por ejemplo, tomaba como un modelo a seguir a Kirishima. A pesar de su carácter inmaduro y su actitud infantil, podía aprender mucho de él por la manera en la que se dirigía a sus subordinados y la forma en que podía solucionar los problemas… Yokozawa pensaba que tenía mucho que aprender sobre él.

Kirishima nunca dejaba las dificultades de lado. En lugar de eso, se enfrentaba a ellas y hacía que, en vez de inconvenientes, se convirtieran en ventajas. Era increíble. Por supuesto, aquellas cosas no podía decírselas al propio Kirishima porque se le subiría demasiado a la cabeza, así que Yokozawa no tenía intención de dejar escapar aquellos halagos de sus labios.

– Genial, entonces te voy a convertir en mi modelo a seguir, Yokozawa-san.

– ¿Eh? Espera, no. Yo no tengo nada de especial–Jamás había imaginado que diría su nombre y comenzó a ponerse algo nervioso por no saber qué contestarle. Si él hubiese sido Kirishima, ya le habría dicho alguna frase como “Adelante, hazlo” o “Imítame tanto como quieras”. Pero, sinceramente, Yokozawa no tenía la misma confianza en sí mismo…

Obviamente, sabía que valía en su trabajo, pero estaba lejos de llegar a sentirse como un ejemplo para otras personas. Sólo había que ver cómo se dejaba la vida haciendo su trabajo lo más perfecto posible, para descubrir ahí su verdadera falta de confianza. Lo que le faltaba en habilidad, Yokozawa lo compensaba con trabajo duro y, aunque todavía no había llegado al nivel donde le gustaría estar, se decía a sí mismo que hacía todo lo que podía.

– Eres demasiado modesto, Yokozawa-san… Aunque supongo que esa es una de las tantas características atractivas que tienes.

– G-gracias –Su voz tembló ante el cumplido y, mientras pensaba una respuesta que darle, se preguntaba por qué la mirada de Iokawa le estaba haciendo sentir tan incómodo en aquellos momentos.

– Mmm… en realidad hay algo que me gustaría preguntarte… ¿te molesta?

– Uhm… supongo que no, siempre y cuando sea algo que pueda contestar –Yokozawa estaba dispuesto a ser sincero ante cualquier pregunta si eso significaba cambiar de tema, pero la frase que salió de los labios de Iokawa le dejó la sangre helada:

– Tú y Kirishima… están saliendo, ¿verdad?

– …..

Las palabras se quedaron atrapadas en la garganta de Yokozawa ante aquella pregunta pero quedarse en silencio era como afirmarlo por completo.

– Bueno, es la sensación que me da… cuando Kirishima-san vino a buscarte al parque fue como una confirmación a mis sospechas.

– N-no, aquello no fue…

– Oh, vamos, cualquiera se habría dado cuenta de lo celoso que estabas. Se notaba también que él estaba asustado y a punto de sacar las armas…

– …

Hablar era desperdiciar palabras. Yokozawa se quedó en silencio pero con aquella actitud no hizo más que animar a Iokawa a que siguiese hablando.

– ¿Te acuerda cuando lo dejé con mi novia? Podría haber tenido otra oportunidad si la hubiese perseguido… pero no lo hice. No me atreví a hacerlo.

Había sido una coincidencia que Yokozawa estuviese con Iokawa en el mismo momento que lo había dejado con su novia. Iokawa fue capaz de mantener la compostura sobre la situación tomándoselo con ingenio, pero estaba claro que en realidad le había afectado.

– Fue divertido estar con ella mientras duró… nos llevábamos bastante bien… Pero, creía que comportarnos de aquella manera era lo correcto…. Sin embargo ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que aunque estaba saliendo con ella porque me gustaba… en el fondo, quizás, no era así. Aunque eso yo no lo sabía.

Las palabras de Iokawa recorrieron su espina dorsal, provocándole un sentimiento de inquietud.

– Y… ¿con esto intentas decirme…? –Yokozawa comenzaba a tener un mal presentimiento sobre todo aquello.

Se estremeció cuando vio que la sonrisa habitual de Iokawa había desaparecido. Su expresión se había vuelto seria y atravesaba a Yokozawa con su mirada penetrante. Al instante, Iokawa volvió a tener la dulce sonrisa que le caracterizaba siempre y su rostro volvió a ser cálido.

– Estoy diciendo… que sólo después de conocerte me di cuenta de todo eso.

– ¿Después de conocerme?

– Tú… has estado en mi mente desde aquella noche que me dejaron. Me pareció tan extraño no poder dejar de pensar en ti… y luego comencé a darme cuenta de que sentía celos de Kirishima-san…. Creo que te quiero.

– …………

Yokozawa ya presentía que se le iba a declarar, pero cuando finalmente aquella frase salió de sus labios, no pudo sino mirarlo con la boca abierta de par en par de forma patética. Kirishima siempre le había advertido sobre Iokawa, pero, hasta ese día, Yokozawa nunca había pensado que pudiera tener realmente aquellos sentimientos hacia él.

No hacía falta preguntar por el significado de aquel “te quiero”. Estaba más claro que el agua que se refería al más puro sentido romántico de palabra, obviando sus connotaciones de simple cariño. No era tan ingenuo como para no entender lo que quería decir Iokawa con aquella frase.

Pero Yokozawa se resistía a pensar que todo aquello era real y, mientras se obligaba a mantener la calma, se daba cuenta de que había caído presa del pánico. Sabía que tenía que contestarle algo, pero no le venía nada a la cabeza que pudiera decir…

– ¿¡!? ¡¿Qué coño estás haciendo?! –Yokozawa volvió a la realidad cuando sintió sobre su boca la sensación de unos labios que lo besaban. Recuperando los sentidos, actuó con rapidez y lo apartó de su lado con un empujón. No tardó ni un segundo en limpiarse los labios restregándose la manga sobre ellos.

– Pensé que ese podía ser el camino más fácil para explicarte mis sentimientos.

Yokozawa miraba estupefacto a Iokawa, que mantenía su expresión amable de siempre. Tras haber perdido la oportunidad de detenerlo cuando tuvo la ocasión, decidió tener cuidado con las palabras que iba a decirle:

– Mira, escúchame bien…

– Si nunca hubiese hecho eso, no habría existido para ti, ¿o sí?

– Oye –De nuevo otra respuesta chocante. Yokozawa luchaba por medir las palabras y hacerlo callar, pero estaba descubriendo que Iokawa tenía un lado descarado.

– Yokozawa, por favor, sal conmigo.

Se obligó a calmarse respirando profundamente varias veces y esforzándose por mantener la calma. Tras relajarse, abrió la boca para decir:

– Lo siento. No puedo corresponderte.

Yokozawa ni siquiera tenía que pensar sobre su confesión, esa era la única respuesta que podía darle.

– ¿Es porque estás con Kirishima?

–… sí –No tenía sentido ocultarlo o negarlo más. Si estaba rechazando al pobre hombre, por lo menos le debía decirle la verdad del por qué lo hacía.

– Sé que nunca podré aspirar a ser alguien como Kirishima… él es increíble, no hay duda, y en su trabajo es muy bueno. Pero… yo estoy soltero, soy libre de hacer lo que me plazca y con quien quiera…. Sin ataduras.

– ¿Eh? –Yokozawa se quedó de piedra al escucharle. Y no porque lo que dijo hubiese tenido algún efecto seductor sobre él… no, no había sido precisamente eso, sino por una de las palabras que había dicho: ataduras.

– Antes dijiste que estabas “feliz” de la relación que tenías con aquella persona… pero ¿te diste cuenta de la expresión que pusiste cuando lo dijiste? Parecía más preocupación que felicidad.

– ¡!

– Supongo que no te diste cuenta… después de todo, eres ese tipo de personas que deja sus propios sentimientos en un segundo plano.

A Yokozawa le estaban dando ganas de ajustar cuentas con él soltándole alguna que otra frase, pero decidió morderse la lengua y quedarse callado. Aunque aquello hizo que Iokawa siguiese hablando con más confianza.

– Estás “feliz”… eso significa que te has dado por vencido… ¿no te das cuenta?

– No es así como… –Pero lo cierto era que las palabras de Iokawa escondían algo de verdad y había tocado una parte sensible de su interior. No podía negar completamente que no se sintiese de la forma que él decía.

– ¿Ves? Ni siquiera puedes negarlo… porque tienes dudas. Sabes que tienes que ir con cuidado porque Kirishima-san tiene a Hiyori a su lado, ¿no?

– ¿Qu…?

– Entiendo tus sentimientos… para Kirishima ella es lo más importante en su vida. Estoy seguro de que tú te preocupas por ella, así que es normal que pongas sus sentimientos por encima de los tuyos. Pero… ¿piensas que podrás seguir al lado de Kirishima una vez que ella empiece a crecer?

Yokozawa se vio incapaz de responder a Iokawa. Aunque él nunca había visto a Hiyori como un obstáculo, estaría mintiendo si no decía que se había preparado para alejarse de Kirishima por si ella no aceptaba la relación. Sin embargo le había impactado que Iokawa lo dijese con aquellas palabras tan directas…

– Yo… –Tenía que decir algo pero justo en el momento en el que abrió la boca se escuchó la voz del técnico tras el ascensor.

– ¡Nuestras más sinceras disculpas por la espera! Hemos completado la reparación por lo que vamos a reiniciar el mecanismo. Las luces van a apagarse durante un momento pero regresarán de nuevo casi al instante, así que por favor, no se preocupen.

– Muchas gracias –Tras la respuesta, las luces se apagaron como ya les habían advertido–. Dios, por fin… lo han hecho más rápido de lo que esperaba…

– S-sí…

– Aunque tampoco me habría importado pasar un rato más aquí contigo a solas.

Justo en el momento que Iokawa decía esas palabras, las luces volvieron a encenderse y el ascensor comenzó a moverse por fin. Yokozawa agradeció el silencio que mantuvieron durante el trayecto porque habría sido incapaz de decir ni una sola palabra más.

Alcanzaron rápidamente la primera planta y las puertas se abrieron con normalidad. Por fuera estaban esperando los dos técnicos que los miraban con rostros preocupados.

– ¿Están bien?

– ¡Por favor, acepten nuestras más sinceras disculpas!

– No, no pasa nada… estamos agradecidos de que lo hayan podido solucionar con tanta rapidez –Al echar una mirada al reloj, había descubierto que estuvieron encerrados poco menos de una hora…. Sin embargo Yokozawa lo había sentido como una eternidad. Había tenido que soportar aquella conversación sin ningún lugar hacia donde poder huir.

A pesar de que lo había rechazado claramente, Iokawa no parecía haberse dado por vencido. Era probable que volvería a abordar el tema un día de esos. Aunque Yokozawa admitía que Iokawa había tenido razón en ciertas partes… era obvio que no iba a corresponder sus sentimientos. Tenía que solucionar todo aquello antes de que Kirishima se enterase del asunto…

– Bueno… vaya desastre ¿eh? Lo has tenido que pasar mal.

El conserje del edificio y los dos técnicos no eran los únicos que estaban esperando a que terminase la reparación. Cuando Yokozawa alzó la mirada hacia la voz que había hablado, se dio cuenta de que Kirishima estaba apoyado contra la pared, en una posición relajada.

– ¿Qué estás haciendo ahí…?

– Salí de casa después de que tú salieses para llevarte… entonces me di cuenta de que el ascensor había dejado de funcionar. ¿No leíste mis mensajes?

– Oh… lo siento, no me di cuenta…

La cobertura no era muy buena dentro del ascensor, pero además de eso, Yokozawa no había estado en el momento más oportuno allí dentro para ver si tenía nuevos mensajes. Había estado intentando rechazar por todos los medios al descarado de Iokawa.

Pero mientras que Yokozawa había decidido no contactar con Kirishima para no preocuparlo… parecía que sus esfuerzos habían tenido el efecto contrario.

– Bueno… por lo menos estás bien… aunque no puedo creer que hayas acabado encerrado con ese tipo.

Yokozawa se congeló ante las palabras de Iokawa. Era imposible que la conversación que habían tenido hubiese podido traspasar las puertas del ascensor…

– Tan sólo fue que coincidimos mientras bajábamos…

En aquellos instantes Yokozawa sentía que podía ser franco con Kirishima sin tener que avergonzarse de nada.

– Yokozawa-san… yo me voy yendo. Ha sido agradable hablar con usted – Iokawa volvió a su modo cortés y, moviendo un poco la cabeza, desapareció.

– Oye esp… –Yokozawa, preocupado de que se llevase una idea equivocada, quería dejarle claro su rechazo. Pero comprendió que no era el momento ni el lugar para decirle nada, así que lo dejó marchar mientras se tragaba las palabras.

– ¿Qué pasa?

– Nada.

¿Qué otra cosa podía decirle? Yokozawa había sido franco con Iokawa… pero no estaba seguro de que él fuese a rendirse.

¿Qué demonios había visto en él? Sabía que no era del tipo de hombre por el que todos caen enamorados… y podía contar con una mano el número de veces que se habían enamorado de él.

Pero Yokozawa también sabía que iba a ser imposible entender los sentimientos de otra persona… cuando ni siquiera comprendía los suyos propios.

– Bueno, ¿nos vamos?

– ¿Eh? ¿Irnos? ¿Qué pasa con Hiyo?

– Está cuidando del piso. Vino su amiga a hacer la tarea con ella y después mi madre se dejará caer por aquí para verla. Ya les he dicho que estaré de vuelta a la hora de cenar, así que tenemos nuestro momento de gloria.

– Pero… espera…

– ¿Y ahora qué pasa? ¿No quieres que vaya a tu casa?

– Eso no es lo que quiero dec…

– Venga, vamos. Pongámonos en marcha. Tienes que ponerte al día con el trabajo ¿no?

Incapaz de llevarle la contraria a Kirishima, Yokozawa acabó resignándose y lo siguió hasta el garaje…

______________________________________________________

El ambiente dentro del coche estaba terriblemente tenso… pero era probable que Yokozawa fuese el único que pensaba de aquella manera. Cuando llegaron por la zona cerca de su apartamento, soltó un silencioso suspiro de alivio.

– Puedes dejarme por aquí –Le dijo a Kirishima. Quería que aquel paseo terminarse lo antes posible… pero Kirishima hizo caso omiso y, antes de que pudiese decirle algo más, giró el volante y entró en la zona para los coches.

– Ya que estoy aquí… pensé que podrías ofrecerme alguna taza de té.

–… La mayoría de las personas esperan a que sea el otro quien diga eso.

– Vas a quedarte calvo como sigas preocupándote por detalles tan insignificantes.

Bueno, Kirishima tenía algo de razón en aquello, después de todo. Tras haberse tomado la molestia de conducir todo el trayecto para llevarlo a su casa no podía soltarle de repente “No, me molestas, vete a casa”. Así que, a regañadientes, le invitó a entrar y Kirishima aparcó en un espacio reservado para visitantes.

– Hace siglos que no me paso por tu casa.

– Voy a calentar algo de café así que siéntate por ahí. Y no toques nada.

– Mmm… ya veremos.

– No, nada de “ya veremos”. Maldita sea… –Yokozawa ya estaba más que acostumbrado a que Kirishima diese esa clase de respuestas ridículas con un tono serio. Sin embargo, no tenía nada que no quisiese que él viese y el piso estaba ordenado, incluso los libros de las estanterías estaban bien alineados.

Teniendo en cuenta que sólo iba a su casa para dormir y que los últimos fin de semana los había pasado fuera de su apartamento, era normal que el piso estuviese más limpio de lo normal. Yokozawa tampoco tenía mucha ropa que ordenar ya que para trabajar utilizaba el mismo traje… sin embargo en poco tiempo ya tendría que comenzar a sacar los abrigos.

Cuando llevó las tazas de café, encontró a Kirishima esperando pacientemente en el sofá… y Yokozawa pensó que seguro que era porque ya no había encontrado nada más que rebuscar entre sus cosas. Se sentó a su lado.

– Así que… ¿estás listo para confesarme lo que pasó en el ascensor?

– …! –Si Yokozawa hubiese tomado algo de café, muy posiblemente estaría escupiéndolo en ese mismo instante. Luchando por mantener la calma y recuperar el aliento perdido, giró el rostro para mirar a Kirishima… y descubrió sus intensos ojos observándolo fijamente, como si le estuviese diciendo que no había manera de escapar de aquello.

– Te dijo algo, ¿verdad?

– Pues… –Yokozawa pensaba qué respuesta debía darle. Probablemente, Kirishima lo había acompañado en el coche esperando a que Yokozawa sacase el tema, pero visto que no lo había hecho, había decidido atacar de frente, evidentemente harto de esperar.

– Será peor cuanto más tardes en decirme, ¿no te das cuenta?

– ¡No he dicho que no vaya a decirlo! –A Yokozawa le incomodó la mirada fija de Kirishima y tuvo que luchar contra las ganas de levantarse y huir… aunque… ¿qué sentido tendría levantarse si no podía escapar de aquella pequeña habitación?

– ¿Entonces?

La intensa mirada de Kirishima hacía difícil que pudiese hablar…. Pero si lo mantenía en silencio, nunca acabarían con ello. Bajó la mirada hacia su taza, observando el líquido negro sobre ella, y obligó a sus labios a que se moviesen.

– Dijo… que sabía que estábamos saliendo… y que me quiere.

–… Ya veo.

Kirishima no parecía ni un poquito sorprendido con la confesión… era posible que se hubiese mostrado más expresivo si le decían que al día siguiente iba a llover.

– ¿Qué mierda de reacción fue esa?

– …. Ya lo veía venir.

– ¿Ya lo veías venir?

– ¿De verdad pensabas que te dije que te mantuvieses alejado de él solo porque me dijo el camino equivocado? Estaba claro que estaba loco por ti… Dios, eres tan lento cuando se trata de esos temas –Kirishima bajó sus hombros y de sus labios salió un suspiro forzado… una reacción que claramente había practicado antes y que sacó de quicio a Yokozawa. Pero lo cierto es que Yokozawa tenía que admitir que él era el único culpable en se momento.

Gracias a la confesión de Iokawa, había quedado claro que los celos de Kirishima estaban totalmente justificados…. En esa ocasión, Yokozawa era el que se había equivocado.

– ….

Yokozawa se había quedado en silencio por dos motivos, uno era para reflexionar sobre lo que había pasado… y el otro, para pensar si debía o no confesar la segunda parte de la historia… Si Kirishima se enteraba de que no sólo se había confesado, sino que también le había robado un beso, probablemente pasaría de estar enojado a quedarse en estado de shock. Yokozawa sabía que había bajado la guardia, pero no podía soportar que Kirishima lo mirase con más frialdad de la que ya lo estaba haciendo.

–… Así que… ¿lo rechazaste?

– Más o menos…

– ¿Más o qué? …. ¿Qué coño significa eso?

– Creo que mi rechazo estaba claro… pero él parecía testarudo al respecto y antes de que pudiese dejarlo todavía más claro, el ascensor comenzó a moverse así que… –No quería que sonase a excusa, pero igualmente así lo parecía. Pero ahora que miraba hacia atrás, sabía que no había nada que podría haber dicho que convenciese a Iokawa de su rechazo.

Kirishima había tenido razón cuando decía que Yokozawa no se había dado cuenta de todo aquello… y, mientras tanto, Iokawa había aprovechado para no darse por vencido.

Nunca se había visto a sí mismo como alguien que causase tal obsesión en otra persona, pero en vista de la actitud de Iokawa, aquel incidente no parecía que iba a ser el último…

– ¿Quieres que le diga que te deje en paz?

– ¡No! ¡Claro que no! Puedo encargarme yo mismo –Yokozawa había querido poder terminar con aquello sin que se hubiese enterado Kirishima… no quería meterlo en ese lío ni tampoco caer tan bajo como para que tuviese que pelearse por él.

– Ya lo suponía… pero no te dejes llevar por él, ¿vale?

– No lo haré –Respondió sintiéndose aliviado porque Kirishima parecía entenderle.

Yokozawa pensaba en un principio que se lo iba a tomar a peor… pero supuso que eso le demostraba cuánto habían madurado en la relación.

– Está bien… no puedo quedarme aquí todo el día molestándote… Te dejo. Después de todo, te fuiste de casa para poder trabajar un poco ¿no? –Devolvió la taza de café y luego se puso en pie para ir hasta la puerta, seguido de Yokozawa.

– Gracias por traerme… ten cuidado al volver a casa.

Kirishima deslizó sus pies por los zapatos para colocárselos mientras lo miraba con el ceño fruncido.

– Oh, vamos… esta es la parte en la que dices “que tengas un buen día, cariño”.

– No te creas que pienso decir todas las tonterías que se te ocurren…

– Venga, inténtalo de nuevo… “que tengas un buen día, cariño” –Kirishima le dio un suave toque en su mejilla, inclinándose hacia él

– Ni hablar –No pensaba dejarse llevar por esas boberías de parejas acarameladas. Tal vez, si fuese ese tipo de personas que disfrutan haciendo cosas cursis podía llegar a hacerlo… pero lo cierto es que no le iban esas cosas.

– Oh, vamos, no te va a doler… Hiyo no está por aquí.

– No le veo el sentido a hacerlo.

– Y yo no le veo el sentido al porqué no puedes hacerlo.

– Sea como sea, no voy a hacerlo y punto –Si cedía aunque fuese un poco, Yokozawa estaría haciendo todo lo que Kirishima le pidiese.

Pero su resistencia a hacerlo hizo que Kirishima cambiase de táctica:

– Tú lo has querido, iba a dejar escapar dándote tan sólo un casto beso en la mejilla… pero ya no.

– ¿Qué demonios estás di…?

Kirishima lo empujó contra la pared con rapidez y, antes de que pudiese seguir protestando, le selló la boca con sus labios. Sorprendido por el movimiento de Kirishima, Yokozawa se dejó llevar y permitió que su lengua se deslizase por su interior.

– Nnn… ngh…

Yokozawa pensó en esos momentos que no tenía resistencia a él y que siempre acababa bajo sus deseos. Un estremecimiento de placer le recorrió la espalda al sentir la sensación resbaladiza de sus lenguas húmedas con el contacto y, en su pecho, sentía el latir fuerte y desenfrenado. Intentó decirle que se estuviese quieto, pero su boca estaba por completo a merced de Kirishima, impidiéndole que cualquier sonido pudiese escaparse de ella.

Quería hacerle entrar en razón pero Yokozawa simplemente no podía huir de un beso tan experto. Comparado con eso, el beso de Iokawa había sido poco más que una brisa de viento… una sensación desagradable como el roce accidental contra la piel sudada de un desconocido en verano.

Esos pensamientos le llevaron a reflexionar sobre cuán de extraños pueden ser los sentidos… la acción en sí era la misma, un beso, pero cuando las emociones eran diferentes, la sensación del beso se convertía en algo completamente distinto.

– Nnn… ngh…–Sus brazos le envolvían con fuerza la cintura y  tenía su pecho firme pegado al de él. El olor de Kirishima se mezclaba con el del producto que usaba sobre su pelo… y Yokozawa se sentía completamente rodeado por él. Por dentro y por fuera.

– Ngh… ng–Kirishima golpeó con su rodilla la de Yokozawa, haciendo que las abriese para rozarle el muslo contra su entrepierna. Sus partes se endurecieron más de lo que ya lo estaban. Kirishima le deslizó las manos desde su espalda hasta llegar sus nalgas, las cuales masajeó sin reparo alguno.

Yokozawa, en aquel punto, casi estaba perdiendo la razón… si eso continuaba, Kirishima tendría el camino abierto para hacer con él lo que le diera en gana. Cuando sus bocas se separaron para respirar, Yokozawa apartó a Kirishima para marcar cierta distancia corporal.

– Joder… eres insaciable… relájate un poco –Giró el rostro y se secó la humedad de los labios con el dorso de la mano. Cada punto que Kirishima había tocado, ardía hasta quemar.

– Habla el chico que le temblaban las rodillas de lo que excitado que estaba.

– ¡!

Estuviese excitado o no, esos no eran los motivos por los que Yokozawa había apartado a Kirishima. Pero decirlo, solo iba a darle la razón. Así que mientras estaba allí, en silencio, y con el rostro enrojecido, Kirishima se acercó para susurrarle:

– ¿A qué te pone caliente mirarme?

–… P-para nada… –Podía negarlo cuántas veces quisiera, pero Kirishima se había dado cuenta de todas esas miradas sutiles que le lanzaba Yokozawa por el camino.

Kirishima sonrió como si pudiese leer los pensamientos de Yokozawa.

– No te culpo… no puedes evitar quedar fascinado por mi atractivo, ¿verdad?

– ¡¿Cómo…–?! –Yokozawa se tapó la boca con la mano al instante, al darse cuenta de que había estado a punto de preguntar “¿Cómo lo has sabido?”.

Aunque Yokozawa intentaba no caer en el juego de Kirishima… era una causa perdida.

– ¿Ves? Justo en el clavo, ¿no?

– ¿Quién diablos pensaría…? –A pesar de negarlo efusivamente, podía sentir su rostro acalorándose cada vez más… Todavía no había aprendido cómo controlar la sangre que le subía a la cabeza.

– Eres un maldito terco… pero debo confesar que esa es una de las cosas más entrañables de ti.

– ¡Ah! –Yokozawa pegó un grito cuando Kirishima le dio un suave mordisco a su oreja.

– Joder… tú sí que sabes cómo quitarle las ganas a cualquiera –Le dijo Kirishima mientras se reía y le lamía la zona enrojecida.

– Si… nh… tienes algún problema con tus ganas… entonces no deberías haber empezado nada de esta mierda…

– ¿Quién ha dicho nada de que tenga algún problema? Era un cumplido.

– ¿Cómo demonios… va a ser… eso un cumpli…? –Yokozawa no pudo continuar. Las manos anchas de Kirishima se deslizaron sobre su cadera y por sus nalgas, tocándoselas con insistencia. Yokozawa no comprendía cómo le podía gustar tanto tocar aquel cuerpo duro y rígido… pero Kirishima no paró en ningún momento y movía las manos hacia otras zonas con cada oportunidad que tenía.

Quizás no era tanto el placer que tenía al tocarlo sino al ver cómo Yokozawa se resistía ante ello y como se comportaba cada vez que lo hacía. Después de todo, Kirishima siempre parecía más excitado cuando Yokozawa se resistía.

– ¿Quieres que sea un poco más directo, entonces?

– No, gracias –Si Yokozawa le contestaba con un “inténtalo si puedes”, sabía que estaría cavando su propia tumba. Por desgracia, Kirishima no se avergonzaba de hacer todas aquellas cosas y no tenía ningún problema en soltar palabras dulces y acarameladas.

– Y tu forma de llevarme la contraria tan apasionadamente es otra de las cosas que encuentro entrañable de ti…

– Pues te lo digo de verdad, creo que tienes un serio problema de vista… –Si ese no era el caso, Kirishima tenía que tener un gusto algo pésimo. Yokozawa había crecido toda su vida sin recibir cumplidos como “tierno”, “entrañable” o “lindo”, así que no podía estar de acuerdo con Kirishima sobre cómo lo veía. Yokozawa se miraba cada día en el espejo y, desde un punto totalmente objetivo, era imposible que pudiese ser alguien “lindo”. En todo caso, sería alguien intimidante,

– ¿Eso piensas? ¿Qué tengo un problema de vista? Bueno… supongo que por eso dicen aquello de “el amor es ciego y nada lo ve”, ¿no?

– Lo que sea… –Yokozawa había ido acostumbrándose a los comentarios acaramelados de Kirishima y aunque en la mayoría de las ocasiones le cogía desprevenido, había aprendido a que no le pusiesen demasiado nervioso.

– ¿Entonces? ¿Tienes mucho trabajo pendiente?

– ¿Eh? Bueno, no es exactamente eso… –Yokozawa tenía algunas cosas que hacer, pero nada que exigiese atención inmediata. Miró a Kirishima con gesto confuso pero éste llegó a su propia conclusión:

– ¿Entonces puedes escaparte una hora?

– ¿Qué…? Oye, espera, ¿¡por qué te estás quitando los zapatos de nuevo!? –Le preguntó nervioso mientras Kirishima se quitaba los mocasines que acababa de ponerse.

– Pues porque no puedo entrar con ellos a la habitación.

– ¡Pero Hiyo está esperándote!

– Ya te dije que está con una amiga ¿o es que te has olvidado?

– Eh… no, yo…

– Oh, vamos… pon algo más de creatividad en tus argumentos. Si de verdad no quieres hacerlo, supongo que puedo venir otro día…

– ¿A qué demonios viene ahora esa actitud de hacerte el enterado y el mayorcito? –Le preguntó Yokozawa, irritado por como Kirishima le había dado la vuelta a la tortilla y se estaba haciendo la víctima.

– Supongo que… ¿nací así?

Kirishima, en ese momento, ladeó la cabeza haciéndose el inocente y una oleada de indignación recorrió el cuerpo de Yokozawa al ver como se salía con la suya poniendo un gesto adorable.

Pero si perdía el control en ese momento habría caído en la trampa de Kirishima, así que cogió aire para calmarse.

– Lo siento mucho, señor –Dijo Kirishima de improvisto–. Pero el plazo para presentar reclamaciones ha finalizado… me temo que ya no podemos aceptar ninguna queja.

– ¡Oye! ¿Qué demonios estás…? ¡Espérate un momento!

El supuesto tiempo de “reclamaciones” había sido una estafa… ¡no le había dejado ni un segundo para pensar!

Pero Kirishima tomó su mano con ímpetu, guiándolo a la fuerza hasta el dormitorio. Daba igual si lo había planeado antes o lo hacía por instinto… el final era siempre el mismo.

– Pero, bueno… hemos abierto el plazo de las peticiones, por si quiere pedir algo.

– No, gracias –gruñó Yokozawa sin inmutarse.

Le gustase o no, iban directos al dormitorio.

_____________________________________________________________

– Haa…

Con las cortinas cerradas, el eco de las voces entrecortadas y los sonidos del sexo hicieron eco por toda la habitación. Y aunque Yokozawa no soportaba cuando Kirishima le hablaba en momentos como aquellos, tampoco podía soportar aquel silencio.

– Ya… suficiente…

– Dios… sigues tan apretado… hasta tú tienes que notarlo… –Kirishima acariciaba el interior de Yokozawa con sus dedos envueltos en lubricante.

La habitación estaba llena de cosas que Kirishima había ido trayendo con el paso de los meses… eso incluía los lubricantes y los condones que justo en esos momentos estaban regados por la cama. Kirishima lo había traído todo un día sin preguntar, simplemente los había guardado dentro de los cajones de la mesilla de noche sin decirle nada a Yokozawa. Era cierto que Yokozawa no utilizaba demasiado aquel cajón, así que no le había molestado demasiado que lo hiciera. Pero el simple hecho de saber que aquellas cosas estaban ahí, tan cerca de su mano, no le dejaban del todo tranquilo. Había pensado en tirarlos, pero luego fue coherente y se dijo que posiblemente iban a acabar utilizándolos algún día, así que se había dado por vencido. Nunca llegarían muy lejos en la relación si Yokozawa iba a estar reprendiéndole por tonterías como aquella.

– Hah… ngh… –Boca abajo sobre la cama, Yokozawa se sintió algo mareado por la forma en que Kirishima acariciaba su interior. Ya no sabía cuánto tiempo llevaban… y cada vez lo sentía más grueso. Yokozawa estaba seguro de que se correría pronto si Kirishima seguía rozando sin descanso la misma zona una y otra vez.

– Deja ya… de hacerlo… en el mismo lugar… hah…

– Lo estoy haciendo adrede, idiota. Calla y disfruta.

– Hhg…¡hah! –A Yokozawa le recorrió un estremecimiento de placer por su columna vertebral cuando le presionó con fuerza… se hubiese corrido de inmediato si no fuese porque Kirishima, apretando su pene ligeramente, lo echó un poco hacia arriba para evitar que lo hiciera.

– No, no, no. Ni te atrevas a venirte primero.

– Entonces… ¡deja de dar vueltas en el mismo puto sitio…!–Le costaba trabajo incluso respirar, pero se las había ingeniado para responderle con su tono mordaz característico.

Kirishima se rio ante la petición.

– Entonces… ¿puedo entender que quieres lo mío? Te pido disculpas por no haberme dado cuenta…

– ¡Eso… eso no es lo que…! –Si iba a tener que soportar todas sus burlas lo mejor sería que acabasen cuanto antes, aunque eso significase que habría un poco de dolor. Pero dicho así, parecía como si Yokozawa hubiese estado rogando por ello, y no soportaba esa idea.

– Ya sabes… –Dijo Kirishima–, puedes suplicármelo de forma tierna de vez en cuando…

– Ni hablar.

– Bueno, tu terquedad también es linda a su manera… Levanta un poco las caderas, venga –Kirishima añadió a la orden una ligera cachetada en su culo. Si empezaban a discutir ahora, nunca terminarían, así que Yokozawa obedeció, aunque… tuvo que admitir que aquella posición le cohibía demasiado.

Yokozawa sintió como Kirishima acariciaba su entrada con el condón. Era vergonzoso como podía estar haciendo aquello con tanta calma en un momento tan pasional.

– Bien… buen chico. Ahora no te pongas tenso.

– Ngh…

La punta de su miembro entró y, a pesar de estar preparado y relajado, su cuerpo se estremeció bruscamente ante el tamaño del pene de Kirishima que se deslizaba de forma lenta pero sin pausa.

Si le preguntaban, Yokozawa diría que en realidad aquella posición no le gustaba demasiado… con Kirishima dándole por detrás. Era cierto que era más cómodo a estar abierto de piernas ante él, pero la vergüenza porque lo hubiese tomado por detrás sin haberle preguntado era insoportable.

Todavía no se creía cómo había acabado en esa posición, a merced de Kirishima… y era posible que, esa sensación de vergüenza que sentía, se debía a que era precisamente él: Kirishima. Nunca podría soportar que otra persona que no fuese él le viese en una posición así.

Se distrajo un poco al imaginar el espectáculo tan ridículo que estaba presentando en aquellos momentos.

– Joder… estás más apretado que nunca…

– No, tu maldita cosa es enorme.

– Puede ser… pero te gusta.

– ¿¡Cuándo demonios he dicho algo parecido!? –Yokozawa definitivamente no recordaba nunca haber sido tan sincero en ese aspecto, aunque hubiese estado perdido en éxtasis, era imposible que hubiese dicho alguna vez algo así.

– Nunca lo has dicho… pero lo supongo por lo que veo.

– ¿Qué demonios? En serio que no entiendo ni una palabra…

– ¿Debería decírtelo de otra forma, entonces? “Tu cuerpo es más sincero que tú”. Además, en la situación en la que te encuentras deberías tener cuidado de cómo me hablas.

Los dedos de Kirishima, alrededor de su miembro, apretaron de forma experta y Yokozawa reprimió un gemido ante la sensación que le causaban aquellos dedos. Le acariciaba suavemente el glande y presionaban la punta y, unas gotas de líquido preseminal se escaparon sin que pudiese evitarlo.

A pesar del intenso placer, el estricto control de Kirishima le impedía que se corriese y, como Yokozawa parecía estar intentando luchar contra ello, Kirishima le penetró con un solo movimiento.

– ¡Ahh! –Gritó cuando recibió la embestida de Kirishima. Éste soltó una risa de satisfacción por detrás, metiéndosela hasta el fondo. Todo el cuerpo de Yokozawa latía al mismo ritmo que su propio pulso y se sincronizaba con el pulso de él. Sentía incluso el eco de los latidos en su interior y eso no hacía más que avivar las llamas de la pasión hasta lo más alto.

– Alguien bajó la guardia…

– Cállate… de una puta vez…

– Ey, ey… cuando dices esas palabras tan lindas me dan más ganas de tomarte el pelo de forma más despiadada…

– Qué demonios… estás dicien… hah

Kirishima lo agarró por las caderas y lo penetró profundamente. Aquella posición tenía un ángulo perfecto que le permitía que su miembro rozase perfectamente la pared interna de Yokozawa. El placer se precipitó a raudales por todo su ser, llenándolo de una sensación increíble de irrealismo desde la punta de sus pies hasta la cabeza.

– Ahh… hah… –Ya no podía contener su voz por culpa de las embestidas de Kirishima, que le golpeaban una y otra vez. La sacaba casi hasta el final y luego volvía a meterla profundamente con cada penetrada, rozándole todas las paredes sensibles con su miembro y haciéndole ver las estrellas.

Cada músculo de su cuerpo sufría un espasmo y el sudor comenzó a recorrerle por su piel, goteando hasta la sábana. Sus partes estaban mojadas por el líquido preseminal y, al sentir otra embestida por parte de Kirishima, su cuerpo se tensó todavía más.

Aquello era, sin lugar a dudas, puro éxtasis. La línea entre el placer y el dolor era tan fina como la hebra de un cabello. Yokozawa ansiaba llegar al orgasmo, pero con Kirishima sosteniéndole el miembro de aquella forma, era imposible.

Al hombre le encantaba bromear y cada vez que se movía para hacerle llegar al final, volvía a presionar con fuerza su pene para impedírselo, haciendo que él se cabrease. Esos eran los momentos que Yokozawa odiaba y se prometió que algún día se vengaría de él.

– Bas.. hah… ngh… basta…

– Oh, vengas, sabes decirlo mejor… ¿qué se dice cuando queremos venirnos? –Yokozawa no podía ver la cara de Kirishima pero estaba seguro que tendría su expresión chula y engreída con su sonrisa insoportable.

Ya antes le había obligado a suplicar “lindamente”… pero ¿no se daba cuenta de lo difícil que era para él hacer aquellas cosas?

Sin embargo, estaba claro que si Yokozawa le contradecía en ese momento, lo único que haría Kirishima sería bromear sobre el asunto. Se dijo que si lo que tenía que hacer era decirle aquella tontería a Kirishima para que pusiese fin a esa tortura, lo haría. Pero por supuesto, sólo lo haría con las palabras, no con ningún tono acaramelado.

– Como sea… sólo… déjame venirme ya…

Kirishima pareció sentirse satisfecho con aquella súplica a medias.

– Como desees… –Y con esa frase, a Yokozawa le aumentó la temperatura de su cuerpo y, de inmediato, su vista se nubló. Cualquier posible pensamiento o sentimiento fue arrancado con aquellas oleadas de placer y lo único que podía hacer era luchar para mantener la respiración bajo control… pero sus pensamientos se rompieron en mil pedazos.

Odiaba no poder verlo en aquellos momentos… pero tenía la ventaja de que, al menos, Kirishima no podía ver su rostro totalmente perdido en placer…

– Ah….hah… ¡Aah!

Corriéndose por fin, llegó a la cumbre del placer y encontró allí arriba la bendita liberación. Su cuerpo se contrajo profundamente sobre el miembro de Kirishima a medida que por su propia masculinidad salía el líquido color blanquecino. Escuchó cómo Kirishima gemía bruscamente antes de que su pene se hinchase.

– …..¡!

Se corrió dentro de él, encontrando a su vez su propia liberación y pocos segundos después dejaba escapar un suspiro ronco. Yokozawa sentía su cuerpo como adormecido, pero sintió un vacío cuando Kirishima sacó su miembro de él. Ambos acabaron de espaldas en la cama, acompañados de la respiración acelerada que salía de sus bocas.

Las extremidades cayeron internes sobre las sábanas y los pensamientos parecían difusos después de haber hecho el amor. Cosas como “mierda tengo que ducharme” o “todavía tengo mucho trabajo que hacer” revoloteaban por su cabeza, pero, por el momento, se sentía incapaz de levantar un solo dedo.

–… joder, estoy agotado –Dijo Kirishima.

– ¿De quién crees que es la culpa? –Yokozawa no podía creer que Kirishima había dicho esa frase. Él había sido el único responsable en todo aquello.

– Tuya, por seducirme.

– ¡Yo no hice nada parecido! –Le contestó Yokozawa, enojado por como Kirishima le hacía sentir culpable de aquello. Incluso aun siendo una broma, no era nada divertido.

– Por supuesto que lo hiciste, totalmente. Por dios, es increíble lo tonto que eres para no darte cuenta, ¿sabes?

– Ugh… tú… –Incluso aunque lo hubiese hecho sin darse cuenta, no merecía que Kirishima lo culpara por ello. Él ya tenía que saber cuánto le molestaban a Yokozawa aquellas cosas.

– Oh, sí. Justo esa cara tuya enojada es la que me pone a cien.

– Guárdate esas frases tuyas para cuando te vayas a la cama a soñar – ¿Qué demonios tenía ese hombre en la cabeza? ¿Pajaritos? Era ridículo hablar seriamente con él.

Yokozawa se levantó de la cama, moviendo su cuerpo adormecido. Afortunadamente sus pantalones estaban justo en el suelo, al lado del borde, y se los puso rápidamente nada más ponerse en pie.

Había venido a casa para adelantar trabajo, no podía quedarse toda la tarde desperdiciando el tiempo de aquella forma.

– Hey… ¿a dónde vas?

– A darme una ducha –Contestó, luchando contra el impulso de decirle “¿A dónde crees que voy?”

– Oh, venga… un poco de amor después del sexo no te va a matar. Dicen que un buen abrazo tras haberlo hecho es muy importante, ya sabes.

– Vete al carajo. Tú fuiste el primero en fastidiarlo todo.

¿Quién era el que había comenzado a decir estupideces? Yokozawa cogió la camisa y se la tiró a Kirishima. Éste la recibió con una sonrisa como respuesta.

– Bueeeeeno, supongo que yo también debería hacerlo antes de volver a casa.

– ¿Qué demonios…? ¿¡Estás pensando en entrar conmigo!? –Le dijo casi entre gritos cuando vio que Kirishima se ponía sus pantalones y se dirigía al baño con él.

– No puedes esperar que me vaya a casa apestando a sudor, ¿verdad?

– Terminaré en un segundo, ¡sólo tienes que esperar tu turno!

– Oh, vamos. No seas tan estricto, ¿qué hay de malo?  –Kirishima le pasó un brazo alrededor de los hombros y le presionó con fuerza, dejando a Yokozawa sin energías para pelear.

– Me encantaría que pillases lo que te digo de vez en cuando… –Kirishima nunca lo escuchaba cuando él protestaba, así que hoy parecía ser otro de esos días en los que sólo podría soltar un suspiro, bajar los hombros y resignarse a lo que se avecinaba…

__________________________________________________________-

 

– Ha sido un día largo, ¿eh? –Murmuró Henmi a Yokozawa. Sin duda alguna, parecía agotado después de haber terminado la sesión para la organización de los materiales.

– Y todavía hay un montón de publicaciones que clasificar. Pero joder, esta vez nos lo han puesto duro los de arriba… –No era raro que las reuniones para la impresión con los equipos de los diferentes departamentos de manga explotasen en discusiones. Pero aquella reunión había sido particularmente horrible.

Por culpa de una reciente caída en el mercado Yokozawa podía comprender la vacilación a imprimir una cantidad de números exagerados, pero nunca llegarían a ninguna parte si actuaban así. Habían querido darle fuerte a la primera tirada… y si las ventas eran prometedores, pues se avisaba para sacar otra más.

Y aunque Yokozawa sabía que ese era el camino más seguro, sin duda, también significaba una pérdida considerable de ventas durante el preciado tiempo que se tardaría en realizar la segunda edición. No había una situación más angustiosa para un editor en ventas que aquella.

– Me muero de hambre… pero no hay tiempo para comer –Había perdido la oportunidad de poder hacerlo. Los representantes de las librerías llegarían en breve para una reunión sobre la Feria, por lo que no podía perder ni un segundo en ir a comer algo.

Se las había arreglado para mantener el nivel de calorías necesarias a través de barritas nutricionales que llevaba siempre a mano, pero nunca conseguían saciarlo del todo. Quizás debería haber tomado algo antes de ir a trabajar…

– ¿Quiere que le traiga algo cuando regrese? Aunque no lo haré antes de las 15:00… –Henmi estaba a punto de salir para una reunión en una librería. Llamaban desde muchas tiendas, así que debían dividirse la carga de trabajo.

– ¿No te importa? Estaré bien con cualquier bobería –Yokozawa sacó la cartera y le dio el pago adelantado. Estaba seguro de que no saldría de la oficina hasta que hiciera de noche, así que aunque Henmi iba a tardar un poco, lo prefería a estar molestando a otra persona a que lo hiciera después.

– ¡Perfecto! Intentaré regresar tan pronto como pueda –Con una última mirada a los materiales, Henmi metió los documentos en su maletín. Pero antes de dar la vuelta se dirigió a Yokozawa como si se hubiese olvidado algo–. Oh, Yokozawa ¿esta noche hace algo?

No tenía ningún plan con Kirishima ese día. Le había dicho que seguramente estaría al cuello de trabajo al llegar la tarde y que posiblemente tuviese que quedarse a hacer horas extras. Y, aunque no era del todo mentira, sí que era cierto que había exagerado un poco. Necesitaba tiempo para pensar y descansar a solas.

– No es nada importante –Añadió Henmi–, sólo unas cosas que quería consultarle…

– Pues entonces ¿qué te parece ir a por unas cervezas por la noche? –Yokozawa había planeado ir directamente a casa a trabajar, pero no podía rechazar una petición así de un subordinado que buscaba consejo. Henmi había estado con el doble de trabajo esos días y había trabajado con mucho esfuerzo, se merecía la oportunidad de ir a comer con un superior y hablar sobre sus dudas–. Pero sólo después de terminar el trabajo.

– Sí, sí. Por supuesto. Bueno, pues me voy –Recogió sus cosas rápidamente y salió de la sección de ventas.

Yokozawa vio cómo salía antes de volver a pegar la vista frente a su ordenador. Abrió el archivo de datos para la orden del día de la próxima reunión y lo llevó a la imprenta. Mientras esperaba, se puso a revisar a ver si encontraba  materiales utilizados en ferias anteriores para usarlos como referencias.

Abrió una caja de cartón que parecía haber sido apartada en un rincón y dentro encontró todo tipo de cosas.  Era de esperar que hubiese postales y carteles, pero además de eso, encontró también un registro sobre la exhibición de arte y figuras de cartón tamaño real dobladas.

Había un buen número de posibles premios para lectores, así como material de papelería como lápices, cuadernos… también encontró CD dramas, relojes de pared y algunas camisetas, fundas de almohadas y toallas para manos.

Algunos premios parecían dar al ganador una oportunidad de participar en una sesión de autógrafos o en un evento de charlas. Estaba claro que los editores se habían dejado la vida haciendo aquellas ferias.

Cuanto más grande sea la feria, más será necesaria la cooperación con las librerías. Ese año, Marakuwa no tenía que encargarse de todas las solicitudes, sino que ambas partes debían colaborar juntas para crear una programación que gustase a los lectores.

Y a través de las reuniones se averiguaba qué era lo necesario para seguir adelante con el proyecto y cuáles eran los objetivos de las librerías. Yokozawa tenía que encargarse de esa parte yendo en persona a cada una, pero eran demasiadas.

En aquellos instantes estaba utilizando todos sus conocimientos adquiridos en los últimos años y  todas las conexiones que había conseguido. Las relaciones laborales eran casi lo más importante en aquel proceso y Yokozawa, curiosamente, había conseguido en el pasado hacerse colega de copas de muchos de los empleados que trabajaban en las librerías.

Sin embargo, había perdido el contacto con casi todos debido a la gran responsabilidad que había tenido esos últimos años y al poco tiempo que le quedaba libre en su vida diaria. La única persona en su misma línea de trabajo con la que había conversado en los últimos meses era… Iokawa.

– …..

El nombre le trajo a la mente lo que había sucedido el día anterior. Había estado evitando pensar en aquel hombre, pero no podía seguir huyendo de él para siempre. Debía hacerle cara al problema.

Iokawa, aparte de lo que había pasado con la avería del ascensor, había sido una nube gris en un día soleado. Yokozawa jamás habría imaginado que una persona tan amable y agradable pudiese hacer y decir aquellas cosas. Tal vez le había influenciado su trabajo como vendedor para hacerlo tan insistente y pesado.

Yokozawa sabía que tendría que ir a hablar con él en algún momento y explicarle claramente que no podía corresponder sus sentimientos…. Pero le daban mareos de solo pensar en ello.

Y, para empeorarlo todo, no sólo estaba la confesión de Iokawa, sino que le preocupaba muchísimo las cosas que le había dicho. “¿De verdad piensas que podrás seguir al lado de Kirishima una vez que ella empiece a crecer?”

Yokozawa no había sido capaz de darle una contestación inmediata a la pregunta. Pero lo que más le había impactado había sido cómo Iokawa había sido capaz de mirar dentro de él y descubrir sus preocupaciones.

Cuando pensaba en ello… sobre Hiyori… una parte le decía que no iban a poder continuar así para siempre. Era posible que, en poco tiempo, tuviese que comenzar a reducir las visitas a la casa… pero no se veía con la fuerza de hacerlo.

Si dejase de ir de repente, seguramente Hiyori se preocuparía… y además, Sorata se había adaptado a su nueva vivienda, por lo que si Yokozawa se lo llevaba, estaba seguro de que sufriría una depresión.

Hacer las cosas paso a paso, sin prisas, sería la mejor opción. Pero sinceramente, él no se veía capacitado para conseguirlo. Además Yokozawa no podía decir si aquellas preocupaciones habían surgido de forma sincera en su corazón o eran en realidad una excusa para dar la relación por finalizada. Cuando más pensaba en ello, más pesado se le hacía todo.

Los humanos, en realidad, son criaturas egoístas… una vez que han conseguido la felicidad, son reacios a abandonarlas.

– Yokozawa-san… aquí tiene los impresos…

– Oh, lo siento –Murmuró rápidamente, tomando los documentos que le daba su compañero. Aquel no era el momento ni el lugar para perderse en sus pensamientos. Después de empujar sus preocupaciones a un lado del cerebro donde no encontrarlos, volvió a centrar su atención en las tareas que tenía por delante.

__________________________________________________________________

Después de acabar la reunión, Yokozawa salió afuera junto con los representantes de las librerías para la despedida. A pesar de que el calendario ya marcaba Octubre, todavía hacía algo de calor veraniego.

– Muchas gracias a todos por el trabajo que han hecho hoy. Todavía nos quedan muchas cosas por hacer, pero espero poder contar con su apoyo en el futuro.

– El placer  ha sido nuestro. Nosotros por nuestra parte deseamos poder llegar a realizar una campaña con éxito.

– Lo mismo digo. De nuevo muchas gracias por su cooperación –Añadió, haciendo una última reverencia con la cabeza.

La reunión de ese día había sido entre Yokozawa y los representantes de varias grandes cadenas de librerías. El hecho de que casi todos rondasen la misma edad que Yokozawa y tuviesen una actitud amistosa ayudó muchísimo a que la reunión fuese más agradable de lo que Yokozawa había pensado en su momento. Aflojó su corbata mientras desaparecía a través de la puerta giratoria de la estación.

– Dios, estoy agotado… –murmuró para sí antes de girar sobre sus talones e ir directo hacia la oficina. Sus hombros se sentían rígidos por haber querido mantener la posición durante el encuentro y la garganta la tenía reseca de tanto hablar. Cuando llegó al edificio, decidió pasar antes por la sala de descanso para relajarse un momento.

Nada más llegar, Yokozawa aprovechó la soledad y crujió los huesos de sus articulaciones, evidenciando así la rigidez que tenían. Aunque bueno, también pensó que no sería buena idea quedarse allí todo el día sin hacer nada.  Utilizando las monedas sueltas que tenía en los bolsillos se compró una bebida de la máquina y se acomodó en uno de los bancos.  Después de darle un buen trago a su bebida, sintió como su cuerpo se revitalizaba.

Los preparativos para la próxima feria iban por buen cauce. La siguiente reunión sería con el Departamento de Literatura y Yokozawa había creado un buen plan que consiguiese convencerlos para el apoyo de la campaña, pues hasta ese momento habían estado algo reacios a colaborar.

Mientras se relajaba, sentía cómo su teléfono móvil vibraba exigiendo atención a todos aquellos mensajes del trabajo. Desde que había comenzado la reunión, no había podido responder a ninguno de ellos.

De momento, decidió escribir sólo a aquellos que eran más urgentes y que exigían una confirmación inmediata. Un compañero de trabajo le había un mensaje preguntándole que cuando regresaría pero Yokozawa lo pasó por alto, pensando que podría esperar unos diez minutos más de lo que ya lo había hecho. Les hizo saber dónde estaba y luego deslizó su teléfono hacia su bolsillo.

Cuando se trata de cuestiones de trabajo, si lo haces bien, puedes llegar fácilmente a la meta que quieres conseguir… y puedes superar cualquier dificultad del camino a través de caer y levantarte, aprendiendo de los errores. Pero las cosas en su vida privada no eran tan fáciles.

La respuesta al problema era muy simple en realidad: cortar los lazos. Si pudiese dar ese paso todo acabaría de una vez. Pero… era difícil obligarse a sí mismo a aceptar que las cosas eran como eran.

En realidad, si las cosas fuesen tan fáciles como para cortar de raíz el problema, no estaría en esos momentos ahí sentado, preocupándose tanto por aquellas cuestiones. Nunca había imaginado que estar con otro hombre podría causar tanto dolor. Bueno… tampoco es como si sólo hubiese dolor, pero cuando estás en el centro de una tormenta sólo puedes ver el desastre que está a punto de causar.

“Me pregunto… qué tiene planeado hacer él…”

Ante ese pensamiento, la imagen de Takano surgió en su mente. Él también se encontraba en una relación con alguien del mismo sexo y, además, con alguien del que se había reencontrado después de mucho tiempo. Yokozawa se preguntaba qué pensaban ellos dos acerca de su “futuro juntos”.

Es posible que él se volviese loco si fuese como yo”. Takano había cambiado. Antes le habría dado mil vueltas a las cosas hasta llegar a deprimirse, pero se había convertido en ese tipo de personas que saben tomar las cartas en el asunto sin dudarlo en vez de quedarse sentado y dejar que los problemas pasasen.

A pesar del apodo que tenía, “Oso Salvaje”, Yokozawa siempre se había caracterizado por huir antes de enfrentar cualquier problema que lo involucrase. Esa forma de ser tan dominante y segura era una capa para ocultar lo cobarde que era en realidad.

Pero… quizás gracias a Kirishima había dejado atrás un poco de esa cobardía. Y eso era porque, por fin, había alguien dispuesto a aceptarlo tal como era, con lo bueno y con lo malo… Yokozawa había encontrado el valor para hacer frente a ese lado de su personalidad.

Sin embargo el problema que tenía en aquellos momentos no era sólo suyo. Si continuaba escondiendo su relación con Kirishima casi podía parecerse a vivir en una mentira. Era posible que Kirishima recibiese en un futuro cercano más propuestas de matrimonio, y también llegaría el día en que Hiyori comenzase a preocuparse y extrañarse por la forma en que Yokozawa siempre estaba con ellos. Quizás lo aceptara, pero lo que más creía Yokozawa era que Hiyori se iba a sentir herida con aquella situación y él no quería hacerla sufrir.

Aunque… poner distancia entre él y Hiyori… significaba también distanciarse de Kirishima.

Sabiendo que podría hacerle daño, era fácil tomar la decisión de alejarse de ellos. El problema sería hacer entender a Kirishima esa parte, porque Yokozawa sabía que Kirishima no era del tipo de personas que se sientan y aceptan algo de forma tan tranquila.

Sin embargo Hiyori era la persona más importante para Kirishima, así que poco a poco iría aceptando la decisión de Yokozawa. Incluso alguien como él tendría que aceptar que no habría otra opción.

Ugh…” Yokozawa había estado dándole vueltas a la cabeza desde el día anterior, pero sentía que siempre llegaba al mismo punto, como si estuviese en un círculo. Lo que significaba que lo único que le detenía a tomar la decisión era planear cómo y cuándo debía decirlo. Aquel había sido siempre su punto débil: el amor y las relaciones.

– Pareces deprimido

– ¿¡Ki-kirishima!?

– ¿Qué te pasa? Ni que hubieses visto un fantasma…

¡Pues claro que lo había visto! Era imposible que después de estar pensando y pensando en la misma persona pudiese mantener la compostura después de encontrárselo de repente cara a cara. Yokozawa casi tira su vaso de plástico cuando escuchó la voz sobre su cabeza. Por suerte, había terminado toda la bebida mientras soñaba despierto, así que no se había derramado nada.

– Fui al departamento de ventas y me dijeron que estabas aquí. Así que he venido para complacerte con mi presencia. Ten, un bocadillo.

– ¿Eh?

– Me dijiste que no ibas a tener tiempo para comer, ¿no?

Kirishima extendió su brazo para darle una bolsa de papel con un estampado que representaba el logotipo de una panadería local. Yokozawa recordó entonces que el día anterior le había dicho algo parecido a Kirishima, pero nunca pensó que podría llegar a recordarlo.

Echando un vistazo a la bolsa, Yokozawa vio que había un sándwich de chuleta con una salsa. Tenía un olor muy apetitoso.

– Espera, espera. ¿Me estás diciendo que saliste y compraste esto para mí?

– Exactamente. Me he dado cuenta de que tengo que aprovechar cualquier oportunidad para ganar puntos contigo.

– Idiota –Bufó Yokozawa con suavidad.

Después de todo ese tiempo juntos, era un poco ridículo preocuparse en aquellos momentos por “conseguir puntos”, pero igualmente, a Yokozawa le hizo gracia y se rio al pensarlo.

Las comisuras de Kirishima se arquearon.

– Me encanta cuando tienes tu expresión seria… pero tengo que admitir que sonriendo te ves adorable.

– …. ¡S-siempre estás cambiando de tema y soltando estupideces como esas!

Eso no era algo nuevo en Kirishima, pero Yokozawa comenzaba a desear que dejara de llamarlo con esos adjetivos tan inapropiados.

– Bueno, así es como me siento, ¿vas a culparme por ello?

– Aun así no tienes por qué decirlo en voz alta.

– A diferencia de los demás, me encanta hablar.

Kirishima no parecía ni un poquito arrepentido. Lo más probable era que estuviese pensando que no había hecho nada malo. Y, aunque la mayoría de las personas suelen ver los elogios como algo positivo, Yokozawa pensaba que lo estaba haciendo adrede para molestarlo. Al no estar acostumbrado a cumplidos como aquellos, siempre acababa sintiéndose avergonzado.

Y claro… Kirishima lo sabía. “Joder”. Era por esa razón que Kirishima estaba constantemente haciéndole cumplidos directamente a la cara como si fuese algo de lo más normal. Yokozawa sabía que la solución era acostumbrarse, pero si eso fuera posible, no estaría todavía en aquella situación.

– ¿Qué vas a beber? –Preguntó Kirishima mientras sacaba las monedas, dando por hecho que Yokozawa iba a tomar algo.

– Acabo de comprar algo, no te preocupes.

– ¿Seguro? –Kirishima se compró una lata de café antes de sentarse al lado de Yokozawa. A pesar de que sobraba espacio en la habitación, se había sentado muy próximo a él, con sus hombros rozándose y Yokozawa comenzó a sentirse nervioso ante aquella proximidad.

– ¿No te lo vas a comer?

– N-no puedo comer si sigues mirándome así.

– Bueno, imagina que esta es mi recompensa por el favor y simplemente aguántate.

– ¿Qué demonios?

Cuando la mirada de Kirishima dejó de observarlo fijamente, Yokozawa pudo comenzar a tomar su bocadillo. En aquellos momentos se dio cuenta de todo el tiempo que había pasado sin comer e incluso había olvidado que tenía hambre. Pero en el mismo momento que Yokozawa miró las chuletas, notó cómo se le hacía la boca agua. Le dio una gran mordida al bocadillo. La carne era jugosa y tierna, con una salsa algo dulce que hacía de completo perfecto. La lechuga, cortada en trozos finos y delgados, estaba fresca.

– Está riquísimo –Dijo cuando terminó uno de los bocadillos. Fácilmente podría comerse doce más.

– ¿Verdad? Los bocadillos de esa panadería están muy ricos. Y además, son baratos para el tamaño que tienen.

Yokozawa había pasado varias veces por aquella panadería, pero siempre había dudado a la hora de entrar porque el lugar parecía demasiado cursi. Pensaba que la comida de allí no le llenaría lo suficiente.

– ¿Sueles ir a esa tienda?

– Sí, desde que me trajeron una comida de ese lugar he ido muchas veces.

– Ah, ya veo…

Posiblemente, había sido un regalo de alguna compañera de trabajo utilizando la excusa de que era un recuerdo o algunas sobras. Incluso Yokozawa se atrevía a pensar que ese tipo de atención era más frecuente ahora que antes. Por suerte, Kirishima sabía cómo manejar a todas aquellas jovencitas a la perfección, desde aquellas que tenían un interés pasajero a las que deseaban tener algo más serio con él. Quizás era por eso que se había ganado el apodo de “El Carismático Editor Jefe”

– Por cierto, ¿ya rechazaste al tipo de ayer?

– …!! –Yokozawa casi se atraganta con el bocadillo ante la pregunta y tuvo que darse unos golpes en el pecho para poder tragar.

– Oye, ¿estás bien? Ten, bebe esto –Yokozawa cogió la lata que le daba Kirishima para poder bajar el bocadillo que se la había atragantado. Por fin pudo calmarse–. Joder, ten cuidado. No eres tan viejo como para que te andes atragantando como un abuelo.

– ¡Fue tu culpa por decir esa estupidez mientras comía!

– Estoy en todo mi derecho de saberlo.

– …

Sea como sea, a Kirishima no le habría matado esperar el momento adecuado para sacar el tema. Con “el tipo de ayer” se refería, sin duda alguna, a Iokawa y su confesión. Y aunque Yokozawa entendía la preocupación de Kirishima, no era un asunto que podría resolverse de la noche a la mañana.

– ¿Entonces?

– A ver, ¿no te das cuenta de que sólo ha pasado un día y que no me ha dado tiempo a nada?

El día anterior, después de que Kirishima se hubiese ido, Yokozawa había estado aprovechando la tarde para adelantar propuestas y proyectos. Había estado metido en el trabajo hasta muy tarde y se había levantado temprano para ir a la empresa…. Era obvio que no había tenido tiempo para encargarse de aquel asunto.

Además, cada vez que pensaba el tema se le iba la cabeza y lo desviaba al asunto de qué hacer con Kirishima y Hiyori. Ambos se habían metido tan fuertemente en su vida que incluso a Yokozawa le sorprendía. Cada vez que hacía una comida o pasaba algo interesante, deseaba que ellos dos estuviesen allí para compartir aquellas experiencias.

– Si lo único que estás haciendo es dándole vueltas al tema, ¿por qué no le mandas un mensaje y ya está?

– Sabes que no puedo hacer eso.

Aunque le encantaría que aquel tema se resolviese de forma tan sencilla, Yokozawa sabía que sería grosero hacerlo a través de un mensaje. Había que ser valiente para confesarse y Yokozawa sentía que no podía responderle de manera tan cortante y seca. Iokawa se merecía la misma valentía en su respuesta.

– De verdad, mira que te tomas las cosas a pecho.

– Bueno, perdóname por ser un inútil en mis capacidades sociales –Muchas veces, Yokozawa deseaba ser tan bueno en las relaciones como Kirishima, pero sabía que eso era algo imposible. Yokozawa era consciente de sus propias limitaciones por culpa de su torpeza y no le quedaba más remedio que esforzarse y esperar a que todo saliese bien. Y, aunque Kirishima tenía esos andares despreocupados, era raro que mostrase algún punto débil donde cogerle desprevenido y hacerle una confesión la cual tendría que rechazar a la fuerza.

Y eso se debía principalmente a que Kirishima era astuto, perspicaz y discreto. Siempre calculaba al mínimo detalle la manera en la que entrar a una sala llena de personas y esa forma de actuar le fascinaba a Yokozawa. A diferencia de él, Kirishima casi nunca se veía obligado a alzar la voz y siempre que necesitaba reprender a sus subordinados lo hacía de tal manera que acaba haciéndole reflexionar sobre sus actos. El arma de Kirishima era combinar esa fuerza que expresaba cuando se enojaba con su comportamiento amistoso de siempre.

– Oh, venga. No te molestes… te estaba haciendo un cumplido. Esa es una de las cosas que me encantan de ti.

– Oh –Yokozawa no se había dado cuenta de que había sido un elogio y, mientras buscaba una respuesta para darle, Kirishima le dio unas palmaditas en la espalda.

– Eres un tipo serio y no tienes detrás segundas intenciones en las cosas que dices. No te disculpes por ello, ¡deberías sentirte orgulloso! –Kirishima parecía como si estuviese animando a Yokozawa. Posiblemente, Kirishima creía que sólo estaba preocupado por el tema de Iokawa.

– …

Yokozawa pensó dos veces si corregirle o no, pero se dijo que lo mejor era mantener la boca cerrada de momento. Poco a poco el problema vendría solo y no había por qué forzar la situación.

En un intento por disimular y cambiar de tema, Yokozawa se llevó el bocadillo a la boca para darle una mordida. Mientras masticaba, disfrutando de su sabor, Henmi asomó la cabeza por la entrada de la sala de descanso.

– Ah… Yokozawa-san, ¡perdóname por llegar tan tarde! Te he traído un… ¿eh?

– ¡Hey! ¿También has venido para tomarte un descanso? –Kirishima contestó en lugar de Yokozawa, que todavía tenía la boca llena.

– Oh… discúlpeme Kirishima-san. No sabía que estaba aquí también –Henmi se disculpó al darse cuenta de que no había utilizado el tono adecuado estando Yokozawa acompañado.

– ¿Por qué te disculpas? No me digas que me tienes miedo, ¿eh?

– Tal vez… Lo cierto es que el departamento de ventas nos lo ponen muy difícil en la mayoría de las ocasiones.

– Bah, eso no es algo por lo que estar asustado –Henmi y Kirishima se pusieron a discutir mientras Yokozawa terminaba su bocadillo. A pesar de que Henmi solía mostrarse algo celoso cuando Yokozawa salía con Kirishima a beber, parecía acobardarse en frente de él.

Kirishima se mostraba como alguien amable y simpático, pero también podía ser temible en muchas ocasiones, y parecía que Henmi se había dado cuenta de ese otro lado de su personalidad. Quizás, la razón por la que Henmi se sentía tan incómodo delante de su presencia, era precisamente porque lo admiraba.

– Bueno, no te quedes ahí de pie como un tonto, ven, siéntate aquí.

– ¡Oh, no! ¡No creo que pueda! Sólo he venido a dejar esto pero… creo que llegué un poco tarde –Dijo algo decepcionado al mirar la bolsa de la panadería que tenía Yokozawa en la mano.

– ¿Eh? ¿Le pediste a Henmi que trajese algo de comer? Deberías habérmelo dicho antes.

– No tuve tiempo para decírtelo.

No se había olvidado de que le había pedido a Henmi aquel favor, pero tenía pensado comerlo más tarde.

– ¿Qué debería hacer con esto, entonces? –Henmi miró la bolsa que había traido, sin saber qué hacer.

– ¿A qué te refieres? Me lo voy a comer, está claro.

– No tiene por qué hacerlo a la fuerza, en serio…

– Me estoy muriendo de hambre. Creo que podría comerme una docena de esas comidas preparadas.

Yokozawa se había asegurado de tomar algo en el desayuno, pero no había comido nada desde entonces y su estómago estaba vacío. Los bocadillos de carne tan sólo habían abierto su apetito y, en aquellos momentos, su cuerpo le exigía más comida.

Cogió la caja de comida que le había traído Henmi y separó los palillos que venían incluidos. Mientras se llevaba un trozo a la boca, Kirishima estrujó la lata de café y la lanzó en un arco perfecto hasta el cubo de la basura.

– Bueno, yo me voy adelantando. Iré primero.

– ¿Eh? Oh, yo ya me voy así que por favor descanse un rato más, Kirishima-san –Henmi insistió pero Kirishima se levantó sin dejar que dijese nada más.

– Me encantaría pero tengo mucho trabajo que hacer. Necesito terminar las preparaciones para una campaña. Ah, por cierto, te he enviado un correo para la promoción de los productos que están a la venta. Asegúrate de revisarlo después.

– De acuerdo.

– Ah, otra cosa. Yokozawa, ¿a qué hora sales hoy? –Preguntó Kirishima justo cuando estaba saliendo de la sala.

Yokozawa, oliéndose que Kirishima iba a invitarlo a salir, le dijo rápidamente:

– Ah, lo siento. Tengo otro compromiso esta noche.

–… Ya veo… supongo que te atraparé otro día –Sin decir nada más, Kirishima se despidió. La pausa que había hecho antes de responder era algo de lo que preocuparse, pero quizás estaba nervioso por la presencia de Henmi entre ellos.

– Mmmm… ese otro “compromiso” ¿se refiere a mí, por casualidad? ¿Está seguro? No sé, no me parece buena idea que rechace la invitación de Kirishima-san…

– ¡Tú fuiste el primero en decirme que necesitabas hablar de algo importante!

– B-bueno, sí, pero… –Henmi había visto la expresión de decepción en el rostro de Kirishima.

– …. No pasa nada. Rechazarlo de vez en cuando no lo va a matar. Él siempre está cancelando muchas de nuestras salidas por su trabajo. Además, no está mal enseñarles mi lado amable a mis subordinados de vez en cuando.

– ¡Yokozawa-san! –Henmi lo miró con expresión de asombro en el rostro y Yokozawa sintió cómo algo se encogía en su pecho. Era cierto que aquel compromiso era importante, pero también era verdad que lo había utilizado como excusa para rechazar a Kirishima.

Encontrarse con él en la empresa era algo inevitable, pero no quería ver a Kirishima en sus horas libres. No todavía. Cuando estaba a su lado, Yokozawa sentía que podría leer dentro de su corazón. Había logrado engañarlo gracias a la confusión de Iokawa, pero si profundizaba un poco más en el tema, Yokozawa no dudaba de que acabaría dando con la base del problema real.

Hasta que no pudiera resolver las cosas, necesitaba tiempo a solas para pensar. Cuando estaban juntos se sentía demasiado cómodo a su lado y al final acabaría dependiendo de Kirishima.

–… –Yokozawa dejó escapar un suspiro, deseando que Henmi no se hubiese dado cuenta de ese detalle.

– Lo siento… en realidad no es tan importante.

– ¿Tiene algo que ver con el trabajo?

– Bueno… no he podido reunirme con los representantes de Seirin Shoten así que no hay mucho avance en ese tema… Tú estabas a cargo de esa editorial antes ¿no? Puede que quizás se sientan insatisfechos por la forma en que trabajo…

Henmi, tan energético y optimista, dejó caer sus hombros. Era normal deprimirse cuando crees que no eres suficientemente bueno en lo que haces… Yokozawa ya estaba acostumbrado a sentir cosas así.

Para Henmi, era de vital importancia superar aquel obstáculo, y el deber de Yokozawa como su superior era guiarle por el camino correcto. A lo largo de su vida laboral, sus superiores le habían reprendido de la misma forma que elogiado y gracias a todo ello había llegado a ser lo que era hoy.

– Sí. Su representante es un poco maniático. No es un mal tipo, pero es algo terco. Si quieres podemos comentarlo esta noche.

– ¡Sí! ¡Estaré encantado! –Contestó Henmi con alegría mientras agachaba la cabeza.

– Pero para eso necesitamos ponernos las pilas con las horas extras de hoy. Así que nada más termine esto, nos pondremos en marcha para acabar cuanto antes –Tras esas palabras, Yokozawa siguió comiendo la caja de comida preparada que Henmi le había comprado.

______________________________________________________

 

Yokozawa prácticamente había sido arrastrado en la entrada de Ikeburo por toda aquella marea humana que intentaba pasar a través de él. Tenía una reunión en la Librería Marimo pero el lugar estaba siempre a reventar y, cuando salió por la salida del este, se dejó llevar por todo aquella multitud hasta alcanzar momentos después su lugar de reunión, un edificio bastante grande incluso para una librería.

Cada piso estaba separado en diferentes géneros y el de los comics ocupaba el lugar de abajo. La mayor parte de las visitas de Yokozawa a la librería estaban relacionadas con el trabajo, pero también valoraba aquel lugar como un lector, debido a lo bien informado que estaba gracias a los empleados.

Recordó que había unos libros de otra compañía que saldrían dentro de poco a la venta y sintió que sus ánimos se levantaban; poder ver el lanzamiento de nuevos libros era uno de sus placeres secretos. Pero en aquellos momentos tenía trabajo que atender así que, armándose de valor, cruzó el umbral para ir hacia el interior.

– ¡Yokozawa-san!

–….

¿Alguien lo había llamado? Se detuvo y miró a su alrededor, pero no reconoció a ninguno de los que estaban en la tienda. Tal vez había oído mal, o incluso quizás se lo habría imaginado.

– ¡Por aquí! –Al darse cuenta de que lo llamaban por la espalda, se dio la vuelta y, justo frente a él, se encontró a Iokawa con su sonrisa característica.

– Iokawa-san –Yokozawa puso una expresión agria. Iokawa era la última persona en el mundo que quería ver en aquellos momentos. Después de aquel día en el ascensor, había evitado cualquier contacto con él. Tenía pensado volver a quedar con él después de terminar los asuntos que tenía en la oficina, pero había pasado una semana sin que se diera cuenta. Pensaba que lo mejor había sido terminar con la situación después de la jornada de trabajo, pero había tenido que trabajar horas extras todos los días de aquella semana.

Esos días no había tenido casi tiempo de ver a Iokawa sin que Kirishima estuviese pululando por ahí. Pero tenía una pequeña oportunidad de encontrarse con Iokawa sin Kirishima si, simplemente, no iba a su casa. Lo que significaba que, a menos de que Yokozawa los reuniese adrede, había muy pocas posibilidades de que descubriese la reunión con él.

– Qué coincidencia encontrarme aquí con usted.

–… pues sí, la verdad.

– Me encantaría pensar que ha sido cosa del destino, pero en realidad he estado dejándome caer mucho por aquí ya que usted me comentó que suele venir a trabajar en esta zona.

– ¿Eh?

El que Iokawa dijese específicamente “he estado dejándome caer mucho por aquí” significaba, sin duda alguna, que había estado yendo adrede con la esperanza de encontrarse con Yokozawa. Una persona “persistente” puede sonar como algo positivo en muchas ocasiones, pero en aquellos instantes, Yokozawa solo podía tener los labios fruncidos ante el entusiasmo que le ponía Iokawa. Agradeció a su ángel de la suerte que no se lo había encontrado en un lugar donde tener que interactuar con él además de con otras personas. Y mientras intentaba asimilar que la confesión no había sido un broma ni algo hecho por un capricho, pensaba en el motivo por el que Iokawa se había sentido tan fascinado por él.

– Quiero decir que me alegro de verte.

– Ah, bueno… tengo unas cosas que hacer, así que necesito seguir mi camino –le dijo interrumpiéndole, sabiendo que Iokawa quería continuar con la conversación. Pero él no se movió de su sitio.

– ¿Te gustaría ir a cenar cuando hayas terminado, entonces? ¿O prefieres un té? Viendo la hora que es, estoy seguro de que regresarás a casa nada más terminar este trabajo ¿no? ¿O tienes otros trabajos que atender?

– Bueno… no. Estoy libre, pero… –Yokozawa tenía previsto ir directamente a su casa después de aquello, por lo que no tenía ningún compromiso. Pero se dio cuenta de que había dicho aquello impulsivamente y que quizás, debería haberle dicho que tenía un compromiso posterior.

– Entonces esperaré a que termine.

–Pero, es que no sé a qué hora terminaré…

– Claro, te entiendo. Te esperaré todo el tiempo que sea necesario.

– …. –Fue en esos instantes que se dio cuenta de que la sonrisa de Iokawa bien podría parecerse a un cuchillo. Si Iokawa hubiese venido hacia Yokozawa con una actitud autoritaria, habría recibido la misma clase de respuesta, pero al venir con aquella amabilidad lo dejaba sin armas contra él.

Presa del pánico al darse cuenta de que la reunión iba a comenzar, Yokozawa intentó buscar la manera de derrumbar la cita con Iokawa, pero entonces pensó que quizás aquella podía ser la manera perfecta de rechazarlo y ponerle fin a todo. Las cosas cuanto más largas más difíciles pueden poner y lo mejor era acabar con los problemas cuanto antes.

– Muy bien, entonces. Tomaré un té contigo –aceptó de mala gana.

___________________________________________________________

– Mis más sinceras disculpas. Debería haberle contactado antes…  –El gerente se disculpó mientras se inclinaba hasta la cintura. Supuestamente, habían llamado al director de la reunión para algo urgente y que no estaba disponible cuando habían llegado por lo que la reunión se había cancelado. Parecía que habían intentado poner en contacto con la oficina y Henmi le había enviado un mensaje antes de llamarlo, pero no se había dado cuenta y había temrinado yendo a la librería sin saberlo.

– No, no. En absoluto. Fue mi culpa, por no confirmar previamente. ¿Intentamos programarlo para la semana que viene? Yo decidiré sobre la fecha y la hora más tarde y lo confirmo.

– Por supuesto, ¡gracias! Realmente me disculpo porque haya tenido que venir hasta aquí para nada –El gerente agachó la cabeza de nuevo antes de que Yokozawa abandonase la sección de comics.

Al salir del edificio, Yokozawa se dio cuenta de que todavía era de día y pensó que debería invitar a Kirishima a salir por ahí un rato después de su cita con Iokawa, que no duraría mucho. Quizás debería llamarlo para que se preparase.

Yokozawa había estado evitándolo esos últimos días, en parte por el trabajo que tenía pero también porque no había pensado cómo iniciar la conversión. A la misma vez que sus pensamientos, el teléfono comenzó a sonar anunciando una llamada. Al dar un rápido vistazo a la pantalla vio que era de la oficina.

– Sí, al habla Yokozawa.

– Ah, soy yo, Henmi. Siento llamar tantas veces… Es que le llamaba para decirle que… Marimo-san…

– Acabo de salir justo ahora, parece que el director tenía un asunto importante que atender.

– ¡Oh, lo siento! Creo que llegué demasiado tarde…

– No te preocupes. Yo también he tenido parte de la culpa por no haberme dado cuenta antes –Era posible que recibiese la llamada mientras estaba con Iokawa, en el peor momento posible– Estaba pensando en volver a casa después de esto… a no ser de que me necesiten por la oficina.

Yokozawa se había asegurado de cumplir con todo en el trabajo para que no le quedase nada pendiente, pero siempre era mejor preguntar.

– No, no. No hace falta, creo que sería bueno para usted que dejara ya la jornada de este día. Hay unos pocos artículos que necesitan confirmación, pero puede hacerlo el lunes sin problemas.

– Bien. Te dejo el resto a ti. Si necesitas algo, me envías un mensaje.

– ¡Recibido! Bien, buen trabajo hoy.

La voz animada de Henmi hacía que todas las preocupaciones de Yokozawa pareciesen ridículas. El hombre podía ser un poco pesado a veces, pero tenía que admitir que muchas ocasiones envidiaba su actitud alegre y se había encontrado en deuda con él en un buen número de ocasiones.

“Bien… es momento de marchar”.  Se dijo a sí mismo para darse ánimos mientras se dirigía a una cafetería transitada de la zona donde ya le esperaba Iokawa. Miró al interior y lo encontró sentado justo en el mostrador de la ventana. La cafetería estaba llena de gente e incluso había varios clientes esperando para los pedidos en fila.

A decir verdad, no era el tipo de lugar que Yokozawa hubiese elegido para conversar. Si iban a charlar de aquel tema lo mejor era cambiar de sitio, pero ya que estaba ahí podía pedirse algo para tomar. Se sentó a su lado y le pidió al camarero un café.

– Siento haberte hecho esperar.

– ¿Eh? Has llegado rapidísimo –Iokawa estaba inmerso en la lectura de un libro, evidentemente había pensado que Yokozawa tardaría más.

– La persona con la que tenía que reunirme no pudo asistir así que decidimos aplazar la cita.

– Ya veo. Entonces viniste aquí para nada. Pero para mí parece que ha sido un golpe de suerte.

Yokozawa optó por no responder al comentario y, en respuesta, tomó un sorbo de su café. Ahora, la verdadera pregunta, era cómo empezar la conversación. Mientras que él ya sabía qué respuesta iba a darle ya que no tenía ninguna duda en ese aspecto, le desconcertaba la actitud que mantenía Iokawa, dispuesto a no renunciar a él. Yokozawa lo había tachado de cabeza dura, pero ahora creía que era incluso más que eso. Además de eso, se había dado cuenta demasiado rápido de la relación entre él y Kirishima.

– ¿Has leído algún libro interesante últimamente? –Le preguntó Iokawa.

– ¿Eh?

– Mis escritores favoritos son un poco lentos en sacar una nueva novela, pueden tardar años, y como me estoy terminando este libro me preguntaba por alguno que comprar para cuando vuelva a casa.

Algo desconcertado por la pregunta, Yokozawa intentó pensar en los últimas novelas que había leído recientemente.

– Hay uno de Usami-sensei… pero creo que ya los has leído todo ¿no? ¿Y de Sumi-sensei? Acaban de sacar la película de “Onodera Shuppan” y me gustó bastante.

Yokozawa tenía un buen número de libros que le gustaban, pero solo tendía a recomendar los más populares. El las obras de la empresa se vendiesen tan bien, decía mucho del trabajo que ponían en la parte de ventas hacia los clientes.

–Ya veo… una película de época, eh… No me gustan demasiado las novelas históricas por lo que tiendo a evitarlas. Pero esto podría ser una buena ocasión para darle una oportunidad. Después de todo, no puede no gustarme una recomendación tuya.

Iokawa no parecía que quisiese terminar con aquella charla ridícula. Seguramente estaba evitando el momento en que Yokozawa le rechazase.

– Iokawa… estoy seguro de que no ha sido por esto por lo que me has invitado aquí.

– Sí… tienes razón. Lo siento. Acabo de dejarme llevar un poco mientras tomaba el té contigo –Admitió con una sonrisa en el rostro.

Yokozawa habría preferido tener aquella conversación en otro sitio, pero lo mejor sería no alargar la situación y decidió mover pieza. Tenía todavía café en la taza, pero no le prestó atención.

– Sobre el otro día…

– Puedes tener más tiempo para pensar, si quieres.

– No, no. Ya he tomado una decisión.

– ¿De veras?

– ….

La mirada de Yokozawa clavada en él le dejaba sin respiración. Parecía como si Iokawa estuviese leyendo a través de él.

Yokozawa no había mentido. Ya sabía lo que iba a responderle a Iokawa… no había necesitado ni siquiera tiempo para ello. Lo que no sabía era cómo decírselo. Sus sentimientos y sus pensamientos parecían no querer sincronizarse y Iokawa quería tomar ventaja de ello.

– ¿Seguro que no quieres probarlo? Sólo una vez.

– ¿Eh?

– Por supuesto aceptaré si no quieres… estoy seguro de que hay muchas cosas de mí que no te gustan. Pero… por eso mismo me gustaría que al menos me dieses la oportunidad. Podríamos empezar como amigos, ¿no?

Iokawa había utilizado sus armas de vendedor.

– Lo siento… pero no uedo. Y creo que no deberíamos hablar en privado nunca más.

– ¿Así que ni siquiera como amigos?

– No puedo actuar de mala fe.

Pero incluso una respuesta como aquella provocó una sonrisa a Iokawa.

– La verdad es que me siento algo orgulloso de ese lado tan serio tuyo, aunque creo que tú no piensas así.

– ….

Recordó que Kirishima le había dicho algo parecido antes. No era que él estuviese descontento con descubrir que muchas de las cosas que creía que eran defectos eran considerados virtudes, pero ese hecho no era suficiente para cambiar sus sentimientos.

Pensándolo bien… era posible que nunca se hubiese enamorado de Kirishima si no fuese porque él lo arrastró a ello, iniciando el comienzo de una relación. Pero él no se había enamorado solo porque le gustaba. Yokozawa lo amaba porque también se había sentido atraído por él.

El corazón humano es a la vez simple y complejo. En realidad, la propia naturaleza humana está llena de incoherencias… y él no se había dado cuenta de todas aquellas emociones hasta que conoció a Kirishima. Siempre había ido con su traje blindado de irritación y a la defensiva de todos para esconder los verdaderos sentimientos que tenía en su corazón, ocultos. Pero ya no.

– No tienes por qué darme una respuesta justo ahora…. Puedo esperar todo el tiempo que sea necesario.

– No… no importa cuánto esperes, nunca podré corresponder tus sentimientos.

Iokawa no parecía darse por vencido y Yokozawa tuvo que buscar alguna forma de detenerlo. “Puedo esperar” podría parecer una frase inocente, pero eso significaba que tenía la esperanza de ver el fin de la relación entre él y Kirishima. Y esa idea no le gustaba nada a Yokozawa.

– Entonces… eso significa que has tomado una decisión sobre tu futuro, ¿no?

–…

Yokozawa vaciló cuando Iokawa le nombró la palabra “futuro”.  Iokawa parecía haber descubierto que Yokozawa todavía tenía dudas en su corazón.

– No me importa ser tu segunda opción. Sólo mantenme en ese rincón de tu mente, es todo lo que te pido.

La mano de Iokawa que estaba sobre el mostrador se apoyó sobre la de Yokozawa.

Pero justo en esos momentos sintió un escalofrío cuando notó cómo una mano se apoyaba en su hombro para alejarlo de Iokawa.

– …?

Yokozawa estaba estupefacto y desconcertado por lo que acaba de pasar. Se dio la vuelta para enfrentar a la persona que lo había tocado y… justo frente a él se encontró con Kirishima, con su mano todavía en su hombro y mirando a Iokawa con ojos gélidos.

– Recuerdo haber dicho claramente que tendrías que pasar por encima de mi cadáver si querías volver a ver a este tipo otra vez.

Su tono era suave y tranquilo, pero su mirada era fría. No habría bromas en aquella conversación.

 

Pero a pesar de que Kirishima había hablado con un tono de voz que no permitía discusión ninguna y que incluso dejaba sin palabras a Yokozawa, Iokawa no parecía intimidado por él.

– ¿Estás seguro de que puedes exigir algo así?

– Puedo. Como que él es mío.

– ….! –El rostro de Yokozawa enrojeció antes de que Iokawa pudiese contestar. El comentario de Kirishima había estado por completo fuera de lugar y no le había dado tiempo a recomponerse. Enrojecido y congelado de la vergüenza por aquella declaración, fue entonces cuando se dio cuenta de que ese tipo de conversaciones no deberían tenerlas en un lugar público como aquel. No podría seguir viviendo de forma digna si alguien escuchase semejante conversación.

Kirishima ignoró el ataque de pánico que le había dado a Yokozawa… aunque por lo menos había dejado de decir cosas que los pudiesen en problemas. Agarró la mano de Yokozawa y lo arrastró fuera de la cafetería. Pero esa situación era peor, porque no era algo que dos hombres adultos hiciesen normalmente y parecía algo totalmente descabellado.

– ¡O-oye! ¿A dónde demonios estamos yendo? –Le preguntó entre dientes. ¿Qué estaba pensando ese idiota al hacer aquellas cosas en público?

Kirishima lo ignoró por completo.

– Cállate. Me temo que no soy tan buena persona como para sentarme mientras veo como un tipo con rabo tiene unas… no muy buenas intenciones al quitarme lo que es mío.

Yokozawa se dio cuenta de que no estaban yendo hacia la estación.

– ¿A dónde demonios vamos? –Su respuesta llegó cuando alcanzaron la entrada de los aparcamientos y Kirishima utilizó el mando a distancia para abrir la puerta de su coche. Le invitó a entrar.

Sin motivos para negarse, Yokozawa se deslizó en el asiento del pasajero sin protestar. No era muy buena idea desobedecer a Kirishima cuando estaba con aquellos estados de ánimo.

– ¿Por qué tienes el coche?

– Porque fui con él a la oficina.

Su respuesta infantil le irritó un poco.

– Ya, lógico. Pero por lo que te estoy preguntando es por qué lo hiciste.

– Tenía que recoger algo de camino a casa –probablemente era algo que no podía llevar en la mano.

– ¿Y qué demonios estabas haciendo en la cafetería? –Si había llegado en el mismo tiempo de la llamada de Henmi, probablemente había estado observando todo aquello.

– Me dijo Henmi donde estabas y vine a buscarte… conduje hasta aquí y aparqué tan rápido como pude… Joder,  ¿cuántas veces tengo que decírtelo? Estás lleno de puntos débiles, así que ten cuidado con tu puto trasero. ¡No dejes que te coja de la mano!

– L-lo siento… –No podía replicar nada así que simplemente se disculpó sin protestar.

Ahora que podía mirar los acontecimientos que acaban de pasar con tranquilidad, se daba cuenta de que Kirishima había llegado a la cafetería con la respiración agitada, probablemente porque había salido corriendo del aparcamiento para buscarle. Aquel pensamiento le hacía sentir un poco incómodo después de lo ocurrido.

– Tu sinceridad está muy bien en la mayoría de las ocasiones, pero ¿no crees que estás haciendo más daño si le das esperanza a la otra parte?

– Eso… –Bueno, probablemente Kirishima tuviese razón. Yokozawa quería ser amable con Iokawa mientras que a la vez era sincero. Después de todo, él sabía cuánto podía doler que te rechazasen y, precisamente por eso, había sido incapaz de ser duro con él. Quizás aquello no fuese la mejor manera de hacerlo… pero eso era otro asunto.

Esperar ya era bastante difícil y sin embargo Iokawa le había dicho que podía hacerlo. ¿Estaba dispuesto a pasar por todo aquel dolor y las penurias que la espera significaba?

– Y hay otra cosa que quiero preguntarte… me estás escondiendo algo, ¿no?

– ….! –El silencio de Yokozawa fue la respuesta a Kirishima y sintió cómo sus manos sudaban.

– Algo pasó, ¿verdad? En el ascensor. Desde ese día has estado actuando raro…

Parecía que no le había salido muy bien el disimulo y, apretando los dientes decidió contar la verdad empezando con una tontería.

– Oh… eso fue… bueno, aquel accidente me tomó de sorpresa y…

– No necesito que me lo cuentes desde el principio… Escúpelo ya.

Yokozawa habría deseado poder tener el control de la situación… pero no parecía que así fuera el caso.

– Él… me besó.

Fueron tan sólo tres pequeñas palabras, pero eso no le quitó la increíble vergüenza que conllevaba admitirlo. Los ojos de Kirishima se abrieron de par en par por la sorpresa de la confesión de Yokozawa.

– Él… ¿¡qué!? ¿¡Pero qué demonios tenías en la cabeza!?

– ¡No pude evitarlo! ¡Ni siquiera me dio tiempo de esquivarlo ni nada! ¡Vino directo a mí de la nada!

– ¡A eso me refiero cuando digo que tienes puntos débiles por todos lados! ¡Eres idiota! ¿Por qué demonios irías a tomar un café con alguien que te dio un beso a la fuerza? ¿Hasta cuándo vas a ser siendo un “tipo simpático”?

– ….

Cuando Kirishima se ponía así… Yokozawa no tenía ni una sola palabra que poder decir en defensa.

– Espera… entonces… ¿es por eso por lo que has estado dudando?

– ¿Eh?

– Bueno… has tenido un poco perdido en tus pensamientos últimamente. Así que me asalta la duda de que quizás… lo prefieras a él antes que… a mí.

– ¿Qué? ¡Como si pudiera! ¿De dónde has sacado una idea tan ridícula como esa? –Ahora era el turno de Yokozawa quedarse atónito, horrorizado ante la idea de que Kirishima pudiese estar pensando algo así.

Como consecuencia del enfado de Yokozawa, Kirishima saltó a la defensiva.

– Bueno, teniendo en cuenta lo presa fácil que puedes llegar a ser… él tiene una edad parecida a la tuya y encima no tiene hijos. Parece como si tuviesen mucho en común así que simplemente se me ocurrió que… a lo mejor, ya sabes…

– ¿Qué tiene que ver que tengamos cosas en común? Y de todos modos, ¿crees que elijo adrede a las personas con las que hablo de temas laborales?

– Bueno, ¿entonces por qué demonios has estado tan depresivo estos días?

– Eso es… –Abrió la boca para responder pero luego vaciló, buscando las palabras correctas. ¿Cómo podía poner en palabras sus preocupaciones para asegurar que Kirishima le entendiese? Después de unos largos segundos de consideración, comenzó a decir con cuidado:

– Bueno… estaba pesando sobre el “futuro”…

Aquella podría ser la oportunidad perfecta para explicar las dudas que tenía y lo que había estado pensando. Aunque el resultado final fuese el mismo, al menos hablarían las cosas conjuntamente y él podría alejarse sin arrepentimientos.

– ¿El futuro? –Kirishima puso una expresión dolorida al escuchar el tono de voz de Yokozawa.

– El… presente… está muy bien ahora… Joder, soy tan feliz. Es como si fuese un lujo que no debería permitirme. Pero… no puede ser así para siempre ¿no? –Había sido un poco vergonzoso dejar abierto su corazón siendo tan franco sobre sus sentimientos. Pero si dudaba o vacilaba en sus palabras no podría hacer llegar lo que realmente quería decir.

–… No entiendo lo que estás diciendo.

– Lo que estoy diciendo es que… ¿no crees que las cosas se van a poner un poco difíciles… estando así? En el futuro, me refiero.

– No me refería a qué significan tus palabras, sino que no entiendo por qué las estás diciendo. ¿Me estás diciendo que quieres romper?

Yokozawa sintió cómo su pecho se oprimía mientras que un frío gélido invadía todo su cuerpo. Cuando volvió a hablar para explicarse, su voz temblaba:

– Pues claro que… no quiero romper… Pero… Hiyo está creciendo, y ella comenzará a darse cuenta de las cosas. No puedo estar siempre dando vueltas por ahí, entrando y saliendo de su casa como estoy haciendo ahora.

– Espera, espera, espera. ¿Esa es la razón por la que has estado tan angustiado? –Al instante de escuchar esas palabras, la tensión por la confesión de Yokozawa desapareció.

Pero a la vez, el tono relajado de Kirishima, como si aquello no fuese importante, le irritó.

– ¡Maldita sea, estoy hablando en serio! –Sintió como si sus verdaderas preocupaciones estuviesen saliendo sin problemas y subió el tono de su voz, pero dejó de hablar cuando Kirishima aparcó el coche sobre el arcén y paró el motor–. ¿Qué estás…?

– ¿Eres idiota? –Preguntó Kirishima.

– ¿Qué-? –Él le puso un dedo frente a la cara para callarlo de golpe.

– Solo para que quede claro: estoy realmente en shock por lo que acabas de decir. No sólo me estás menospreciando a mí, sino a Hiyo también.

– ¡! –Yokozawa tragó saliva, sintiéndose culpable bajo los ojos de Kirishima fijos en él. Algo parecido a una presa bajo la atenta mirada de su depredador.

– Tengo intención de decirle a Hiyori todo… no ahora, claro, pero algún día. ¿No te lo había dicho ya? No pensó criar a un hijo con prejuicios sociales. Y además… ¿en serio pensabas que ella se iba a sentir mal por algo así? Estoy seguro de que ella es lo bastante madura para esto –Le reprendía Kirishima con tono de voz suave.

– Pero aun así… todavía hay muchas personas de las que preocuparse. Si sigo yendo por tu casa, podrían comenzar a difundirse rumores…Y no podría soportar que la gente empezase a hablar estupideces sobre ti o Hiyo –Incluso si no tenía que preocuparse por Hiyo, todavía quedaba la atenta mirada de la sociedad. Si algo malo les llegase a suceder o les dijesen algo negativo… Yokozawa se asustaba sólo de pensarlo.

–… me alegro de que te preocupes tanto por nosotros. Pero ¿qué sentido tiene pensar en lo peor que puede llegar a suceder? Probar el puente antes de cruzarlo está muy bien… pero si le pones demasiado estrés puedes llegar a romperlo.

– ¡No puedo evitarlo! ¡Es la primera vez en toda mi maldita vida que tengo algo tan importante para mí! –Dijo mientras se quedaba con la boca abierta por las palabras que acababan de salir de sus labios.

Kirishima era algo preciado para él… Ellos dos eran las primeras personas que había conocido que deseaba proteger con tanta fuerza… a pesar de que en el pasado siempre había sido tan cerrado. Y si estando con ellos iba a herirlos, lo mejor sería irse. Por eso había llegado a la conclusión de que romper era la mejor opción.

– Realmente eres un auténtico idiota –A pesar de sus palabras, el tono de Kirishima era suave y le hizo un gesto cariñoso.

– Cállate. No es como si no lo supiera.

– Admitiré, sin embargo… que las cosas de las que tienes miedo pueden ocurrir y, por supuesto, habrá algunas personas por ahí que sean unos malditos chismosos. Pero también habrá personas que nos apoyen, ¿sabes? ¿Por qué crees que he llegado tan lejos para conseguir ser amigos de todos mis vecinos?

– ¿Eh? –Yokozawa se quedó perplejo ante el cambio repentino de tema.

Kirishima se le quedó mirando seriamente y su tono de voz se volvió grave, confundiendo más a Yokozawa.

–… intenta ser más amable con las amas de casa. ¿Lo harás? Nunca subestimes el poder de las madres.

– Oh… está bien…

– Los chismes no te ayudan a tener amigos a tu alrededor, así que es importante crear un vínculo fuerte de amistad desde el principio que dure por mucho tiempo –Parecía como si Kirishima hubiese pensado muchísimo sobre ese tema y Yokozawa se sintió un poco estúpido por haber estado preocupándose a solas sobre ello.

– Dios mío, eres una de las personas más atrevidas dentro del trabajo, pero cuando se trata de tu vida personal no eres más que un gatito miedoso. ¿O me equivoco? Pues muy bien, ahora es tu oportunidad. Déjalo en mis manos. ¿Algo más que te esté preocupando?

Yokozawa relajó su pecho ante la mirada de Kirishima, como si estuviese cuidándolo, protegiéndolo… Tragó saliva ante la oleada de emociones que atravesaron su cuerpo y, finalmente, dejó salir una de las preguntas que más le había torturado durante tanto tiempo:

– ¿Estás seguro… de quererme?

–… ¿En serio tienes que preguntar eso? ¿Después de todo este tiempo? Pero bueno… sí, supongo que te entiendo. Aunque haya pasado todo este tiempo eres de ese tipo de personas que nunca están seguros sobre esas cosas, ¿no? –En el rostro de Kirishima había una sonrisa amarga pintando sus labios. El amor era precisamente lo que causaba aquellas incertidumbres. Y era posible que nadie pudiese escapar de ellas–. Tú eres el único con el que quiero pasar el resto de mi vida. Tienes que ser tú.

Sus palabras, tan naturales y dichas con tanta entrega, tocaron suave y silenciosamente el corazón de Yokozawa, como gotas de lluvia que van empapando la tierra seca. Aquellas palabras eran, probablemente, las que había anhelado con desesperación.

Era muy posible que se tendrían que enfrentar a cientos de problemas en el futuro… pero no tendrían que hacerlo solos. Podrían preocuparse de todos esos problemas los dos juntos. Y aquello sería lo mejor de todo.

– No tengo ninguna intención de dejarte ir. No hay otro hombre que pueda hacerte feliz… así que acéptalo de una vez.

– ¿Estás seguro de que no estás siendo un poco creído con tus palabras? –Le dijo Yokozawa en respuesta con una sonrisa brillante en los labios. Sin embargo, Kirishima tenía razón. Yokozawa estaba seguro de que el único hombre que podría aguantar su irritante personalidad, era Kirishima.

– Bueno, ¿y qué hay de ti?  ¿No estarás pensando en que me quede confesando estas cosas yo solo?  –Su mirada tenía ese brillo familiar… sin embargo, Yokozawa comprendía ahora que la forma de hablar de Kirishima cuando utilizaba las bromas o la ironía era simplemente para demostrar cuándo le importaba, y a pesar de que muchas veces le irritaba que le tomase el pelo, no era algo que le disgustase por completo.

–… Estoy seguro de que yo tampoco podría vivir sin ti.

– Otra vez… –Aquella pregunta retórica pretendía hacerle ir un poco más lejos y Yokozawa sintió un deseo repentino por responder a la broma con un:

– Te amo.

– …. ¿Qué acabas de decir?

– Lo que has oído.

– E-espera, esta vez lo voy a grabar –sus dedos temblaban mientras sacaba con prisa el teléfono móvil, dejando a Yokozawa estupefacto por verlo tan inquieto. ¿Había sido siempre así de divertido descolocar a un hombre que por lo general parecía tan confiado y recto?

Comenzó a reír espontáneamente.

– Sí, claro. Como si fueses a atraparme diciéndome ese tipo de cosas dos veces –Después de todo, aquellas frases no eran algo que pudiese repetir. Ya le había costado un sufrimiento decirlas aquella primera vez.

– ¡E-eso es trampa! ¡Decirlo cuando menos lo esperaba! –Típicos argumentos del bando perdedor. Yokozawa disfrutaba relamiéndose con su victoria al ver cuánto de frustrado estaba Kirishima. Seguramente se arrepentiría más adelante por haber cruzado aquel límite y enojarlo.

– Hey, tú no eres dueño de eso de soltar mierdas a los demás cuando el otro no lo espera –Soltó Yokozawa con orgullo y una expresión de satisfacción.

_______________________________________________________

Kirishima llevó el coche a una esquina de los aparcamientos de la playa. A través del parabrisas podría verse la superficie cristalina de un mar negro y un cielo completamente estrellado.

–… ¿La playa?

– Oh, venga. No puedes ir contra algo tan clásico.

– Esto no es algo clásico, es un cliché –Se suponía que aquello iba a ser una cita romántica, pero si Yokozawa hubiese visto algo así en una revista estaba seguro de que sería ese tipo de cosas que criticaría.

Si hubiese sido un día de verano, probablemente los aparcamientos estarían llenos de extremo a extremo, pero por suerte aquella noche solamente había unos pocos coches más aparte del de ellos.

– Solo quería venir aquí contigo a solas aunque fuese una vez.

– Hasta hace nada estábamos a solas –Habían ido hasta casa y Kirishima se había auto invitado a entrar. Yokozawa supuso que aquello era lo que llamaban “el lobo te sigue hasta tu hogar”.

– Ya, claro. Pero aquello de antes no era una cita.

– … a veces te juro que no te entiendo nada –Kirishima podía ser algo exasperante por sus cambios de humor repentinos.

Quizás era por su trabajo de editor o quizás era por sus propias ideas pero lo cierto es que a Yokozawa no le importaba el lugar. Mientras pudieran estar solos, daba igual el sitio al que fueran. Sin embargo, la verdad es que aquel cielo estrellado era digno de admirar. Las estrellas brillantes quedaban ocultas por los edificios dentro de la ciudad, pero allí, con tan poca luz artificial, parecían arder en el cielo infinito.

– Ya que hemos venido hasta aquí, podríamos salir un rato.

– Claro.

Kirishima apagó el motor y se bajó del coche yendo hacia el frente del auto para sentarse encima del capó. Yokozawa, pensándolo bien, se daba cuenta de que era la primera vez que iban a la playa por la noche. Las luces que parpadeaban a los lejos, en el basto océano oscuro, eran probablemente de barcos no de estrellas.

– Cómo me gustaría que Hiyo pudiera ver esto…

– ¿Quieres sacar una foto para llevársela?

– Si hacemos eso se dará cuenta de que la dejamos atrás. Oh, aunque ahora que lo pienso, ¿qué has hecho con ella? Espero que no la hayas dejado sola en casa…

– Mi madre vino de visita esta noche. Se quedará ahí a dormir así que no hay por qué preocuparse.

Yokozawa se tranquilizó al escuchar aquello, pero entonces le vino otra preocupación. Si Kirishima le había pedido a su madre que fuese a la casa, entonces, probablemente, era porque había planeado aquella salida y no había sido una decisión repentina.

– ¿Ya tenías pensado traerme aquí todo este tiempo?

– Mmm, sí… algo así. Has estado algo deprimido y decaído últimamente… así que pensé en traerte aquí. ¿No recuerdas lo que te dije? Sobre lo de que quería recoger algo de camino a casa…

– Y eso era…

– Estaba hablando de ti. Me asusté cuando terminé todo el trabajo y descubrí que te habías ido cuando fui al Departamento de Ventas –Seguramente había sido en ese momento cuando le había preguntado a Henmi donde se encontraba. Probablemente, lo había visto de casualidad con Iokawa en la cafetería frente a la librería Marimo mientras pasaba por delante con el coche.

– Deberías haber llamado.

– No quería que salieras corriendo como un conejo. Últimamente me has estado evitando todo el tiempo.

– Yo no estaba evitándote… es que… sólo necesitaba aclarar las ideas en mi cabeza.

– Sí, sí, lo sé. O bueno, mejor dicho, ahora lo sé. En serio, deberías hacer algo con esa maldita costumbre de guardar todas las preocupaciones para ti. Por culpa de eso es que comenzaron los problemas.

– Qué demonios… ¿te crees que esto es como un resfriado que puede curarse o algo así?

– Oh, vamos. Es una comparación horrorosa. Me refiero a que tienes que cortar las cosas de raíz… ¿Entonces? ¿Qué vas a hacer? No parece que ese tipo vaya a rendirse de momento.

– Déjamelo a mí. Me ocuparé de eso –Iokawa había podido ver los sentimientos de Yokozawa y pensaba que aquello era una oportunidad para que él tuviese algún punto a favor. Ahora con los problemas resueltos, solo tenía que hacerle entender a Iokawa lo mismo.

– Bueno… sólo ten cuidado de que no te toca con sus sucias manos otra vez.

– Sí, sí, lo sé.

–…joder. Sigo sin quedarme tranquilo. Mejor voy contigo, para vigilarte.

– Vete al infierno. Esto no es ninguna excursión.

– Tienes razón. Confío mil veces más en Hiyo cuando la dejo ir de excursión.

–… ¿Eso significa que no confías en mí?

– No cuando es fácil que bajes la guardia. Aunque tengo que admitir… que eso es muy ventajoso en algunas ocasiones –Y como si fuese a decir algo más, abrió la boca y se acercó a los labios de Yokozawa, capturándola en un movimiento. La mente de Yokozawa se quedó en blanco por segundos antes de que empujase suavemente a Kirishima, manteniéndolo a cierta distancia.

– Déjalo ya. ¿Qué vas a hacer si alguien nos ve? –A su alrededor estaba oscuro y había bastante espacio entre los coches para que nadie distinguiese los rostros, pero no podía permitir que Kirishima hiciese algo tan imprudente y estúpido.

– Oh, vamos, sólo era un besito. No te va a matar. ¿De verdad crees que alguien nos está mirando? Todo el mundo está haciendo más o menos lo mismo, no les importa que otra pareja lo esté haciendo también –Kirishima tenía razón. Después de todo, las únicas personas que podrían ir allí por la noche fuera de temporada eran parejas que querían tener citas románticas.

– Aun así…

– Solo es un beso.

– Oye, espe-… –Sabía que si se resistía demasiado atraería la atención de los demás por su brusquedad y aquellos pensamientos fueron su perdición, porque al momento se encontró de nuevo con los labios de Kirishima sellando su boca–. Mm…ngh…

Cuando sintió la lengua de él en su interior, Yokozawa correspondió al beso de forma inconsciente, ya que a pesar de las cosas que le decía su cabeza, su cuerpo se negaba a escucharla. Aquella lengua caliente que se deslizaba dentro de Yokozawa era suficiente para paralizar todo su razonamiento y, cuando notó las oleadas de excitación por aquel beso, su mente comenzó a nublarse.

Su lengua, entremezclada con la de él, comenzó a sentirse algo entumecido y su subconsciente le obligaba a parar. Una vez que las cosas se ponían algo serias, Yokozawa sabía que no había nada ni nadie que pudiese detener a Kirishima. Pero de la misma forma que había empezado, Kirishima se apartó.

–…Mierda –murmuró Kirishima. Su expresión reºflejaba la preocupación que sentía.

– ¿Qué pasa? –Yokozawa se sintió más nervioso ante la seria mirada Kirishima, pero la respuesta que dijo le dejó en estado de shock:

– Creo que… estoy duro.

– Estás…¡! –Yokozawa sintió cómo se le iban las fuerzas ante la confesión del estado de Kirishima. Le encantaría que alguna vez reflexionase sobre sus propias palabras antes de hablar.

– En verdad… sólo tenía intención de pedirte un beso… –Admitió Kirishima como si se estuviese disculpando mientras tiraba de él para meterlo en el asiento trasero del coche.

– Oye, ¿hasta dónde piensas llegar? –Le preguntó entre dientes. Estaba seguro de que Kirishima quería hacerlo hasta el final incluso en un lugar como aquel y, como temía, al momento sintió sus manos recorrerle el pecho a través de su camisa de vestir–. Espe… espera un momento, oye…

– Puedo tocarte ¿verdad? Sólo tocarte un poco.

– Claro, si tuviese la certeza de que te vas a parar ahí te dejaría. Pero no la tengo –Yokozawa no podía confiarse en aquella situación. Kirishima nunca se había detenido tras haber dicho su frase de “un poco” al comienzo. Además… Yokozawa era un hombre y sabía sin duda alguna que era imposible a nivel físico poder detenerse cuando aquello ya se había puesto en marcha.

Debería habérselo visto venir cuando Kirishima le había robado el beso. Incluso en ese momento, que sólo le estaba pidiendo tocarlo un poco, estaba claro que Kirishima tenía intención de tomar el rumbo a un nivel más serio.

– Es un poco difícil encontrarte con una camisa puesta, ¿eh?

– ¿De qué estás habla… –Kirishima dio un pellizco a los dos pezones que había estado buscando a través de la tela y, mientras los frotaba con los dedos, Yokozawa soltó un gemido de placer y dolor–. Di-dijiste… que sólo ibas a tocar…

– Y eso es lo que estoy haciendo. Lo que único es que estoy poniéndole algo de emoción al asunto.

– Ngh… –La sensación de dolor le dio el estímulo necesario para sentir más placer, haciendo que Yokozawa se preguntase si no tendría alguna tendencia al masoquismo dado lo mucho que le gustaban cuando hacía cosas como aquella. El roce suave de los labios de Kirishima sobre su cuello y las respiraciones agitadas le fueron dejado en un estado de excitación absoluta, lo quisiera o no–. Oye… no más… que esto…

– Vamos, no seas tan aguafiestas… seguro que no puedes estar satisfecho sólo con esto ¿me equivoco?

– ¿Qué…? –Kirishima bajó la mano para tocarlo y, aunque Yokozawa todavía no estaba al cien por cien, se dio cuenta de los cambios que había en su cuerpo.

– ¿Ves?

– Eso es solo… porque… me la acabas de agarrar justo ahora

– Ah, ya veo. En otras palabras, quieres que lo siga haciendo más…

– ¡¿Quién demonios ha dicho algo así?! –Kirishima comenzó a acariciarlo a través de sus pantalones y Yokozawa sintió cómo se endurecía más. Era en momentos como aquellos cuando Yokozawa encontraba que ser un hombre era un total inconveniente, ya que aunque quería que se bajase, cualquiera podía ver el estado en el que se encontraba.

– Por lo menos veo que tu cuerpo no tiene ningún apuro en ser honesto… ugh… bien, ya me he cansado de estas conversaciones sin sentido. Aunque estaría bien que tú tomaras la iniciativa de vez en cuando.

– Tomar la inicia… ¡cómo si pudiera! –Incluso con bromas, ya le parecía suficientemente vergonzoso hacer aquellas cosas como para hacerlo en serio. Imposible.

– Por dios… siempre te comportas como si esto fuera algo nuevo. Mira qué roja tienes la cara.

– ¡Está demasiado oscuro como para que puedas verla!

– Quizás, pero lo sé. Estás más caliente que de costumbre…

–…! –Yokozawa sentía la yema de sus dedos a lo largo de su mejilla, haciendo que un escalofrío recorriese su espalda. Y aunque le hubiese encantado mirar a Kirishima y decirle que no dijese aquellas cosas con un tono tan serio, sabía que era demasiado peligroso encontrarse con su mirada en aquellos momentos–. Qué… ¿¡qué estás pensando hacer!?

– ¿Vas a hacerme decirlo incluso cuando ya lo sabes?

– ¡Es una reprimenda! ¡Piensa en dónde estamos! –Ya era suficiente con que dos hombres adultos estuviesen metidos en aquel coche tan pequeño que Yokozawa ni siquiera podía imaginar cómo Kirishima era capaz de querer ajustar cuentas en un lugar como aquel.

– Estas situaciones son un poco excitantes para calentarnos… ¿no crees?

– ¿Quién demonios necesita calentarse? –Simplemente con estar cerca de Kirishima era motivo suficiente para calentarse, si tuviese que elegir probablemente escogería no poner tanto entusiasmo al asunto, pero no parecía que Kirishima estuviese pensando de la misma forma.

Kirishima no tenía intención de ponerle freno al asunto y Yokozawa comenzaba a llegar al punto de no retorno. Aunque Yokozawa ya había aceptado que al final iban a hacerlo sí o sí, seguía sin querer hacerlo en el coche.

– ¿No podemos al menos cambiar de lugar? –Aquella pregunta era un gran avance para lo que solía decir Yokozawa. Siempre que estuviesen en una habitación privada no le importaba que lo hicieran llegados a ese punto.

– ¿De verdad te parece tan mal hacerlo en el coche?

– Sí. No quiero –Hiyori solía ir en aquel coche, después de todo, y no quería mancillar aquel lugar. ¿Y si algo pasaba y sin querer acababan ensuciando los asientos?

– Está bien… entiendo cómo te sientes.

– Eso significa que… –Justo cuando Yokozawa comenzaba a sentir alivio porque parecía que Kirishima entendía su punto de vista, asintiendo con la cabeza, le soltó una solución totalmente inesperada.

– Sólo tengo que hacer que te sientas bien, sin importar el lugar donde estés.

– ¡Eso no soluciona el problema!

– He pospuesto cualquier objeción por ahora… ¿o más bien debería cerrar el asunto por completo?

– Ugh, joder, esto es importante… –El que Kirishima se pusiese a hacer el tonto era un claro ejemplo de que comenzaba a evitar cualquier protesta de Yokozawa y, aunque Yokozawa no era tan estúpido como para dejarse engañar, estaba empezando a perder la voluntad de luchar. Parecía que al final terminaría bajo los deseos de Kirishima, después de todo.

– Sólo una vez… por favor.

Cuando Kirishima rogaba de aquella forma, rompía cualquier defensa de Yokozawa… y, como sabía que Yokozawa estaba a punto de pedirle que fueran a casa, había puesto su tono susurrante y suave para convencerlo.

–… Más te vale que sea una vez –Probablemente era una estupidez ceder cuando Yokozawa ya sabía que las posibilidades de que fuese solo una vez eran muy bajas. Y aunque sabía que se iba a arrepentir de aquello, solo pudo tomar responsabilidad de sus palabras…

______________________________________

– Ngh… –Kirishima se deslizó lentamente en él y Yokozawa apretó los dientes, luchando con los gemidos que querían huir de sus boca mientras sentía cómo su interior se llenaba–. Es… pe…

– Relájate un poco –Kirishima bajó la mano para acariciarle el miembro duro de Yokozawa, ayudándole para entrar más profundo.

– Sólo…. Date prisa… joder… –Yokozawa odiaba cuando Kirishima hacía aquellas cosas. Aunque fuese más doloroso, prefería que entrase de un solo golpe. De hecho, sus caderas estaban matándole de placer mucho más que su trasero en aquellos momentos. Su cuerpo se contorsionaba y sus articulaciones pedían a gritos que las aliviasen. Yokozawa lograba soportarlo gracias a que había encontrado una posición adecuada, pero el dolor seguía siendo dolor.

– No me des prisa…

– Nh… Hm… –Kirishima se introdujo finalmente por completo y un escalofrío recorrió la espina dorsal de Yokozawa.

– Joder, estás tan apretado…. –A diferencia de Yokozawa, que tenía la camisa abierta, Kirishima se había bajado nada más que la cremallera de sus pantalones… y Yokozawa pensaba que aquello era totalmente injusto.

Debido a la urgencia, Yokozawa estaba más cerrado de lo normal… y en realidad, se preguntaba cómo demonios iban a moverse estando cómo estaban. El único control que le quedaba era el de sus palabras:

– Vete a la mierda… tenías planeado hacer esto desde el principio.

Kirishima había suplicado hacerlo por el estado en el que se encontraban, pero misteriosamente, había venido totalmente equipado. A pesar de decir que él solo había tenido la intención de darle un beso, había traído lubricante e incluso se había puesto un preservativo cuando Yokozawa se quejó de que mancharían los asientos.

– Ya sabes lo que dicen… ¡estate siempre preparado! En realidad quería que fuese una cita inocente. Pensé que podríamos tomar algo de camino, sin ningún plan en concreto…

– Alguien parece tener mucha confianza por aquí… –Yokozawa lo miró directamente y él le puso su mirada más inocente. Maldijo para sus adentros a aquel perro astuto… no, zorro era más apto para él.

– Bueno, supongo que puede funcionar hacerlo dentro de un coche ¿no?

– ¡No! ¡Tú vas a hacerlo funcionar a la fuerza! Joder, ¡como me fastidie las caderas por culpa de esto me las vas a pagar! – La posición era algo incómoda y suponía que sería un infierno para sus caderas, además de que se veía desde el principio que iba a ser difícil moverse en un espacio tan reducido.

– No te preocupes. Seré una niñera excelente.

– Querrás decir que serás una enfermera excelente hasta que me recupere –Le corrigió Yokozawa. La frase le hizo sonar como si hablase de una clínica de recuperación.

– No te preocupes por esas tonterías… Así que, ¿ya estás bien? –Aparentemente, Kirishima había estado haciendo tiempo con sus bromas para que Yokozawa se acostumbrase a la incursión y se distrajese de la incomodidad.

–… Sólo termina de una vez.

–…Ya sabes. Cuando dices cosas como esas, solo me dan ganas de tomarme mi tiempo muy dulcemente.

– Lo prometiste… sólo una vez –Le recordó por enésima vez. Si no lo decía una y otra vez, estaba seguro de que se iría desvaneciendo hasta quedar en nada.

– Sí, sí, lo sé –Sin embargo, nada más terminar la frase, Kirishima dio un buen empuje con sus caderas.

– Ha-ah –Yokozawa todavía no sabía si Kirishima comprendía bien lo que pasaba… pero lo cierto es que no estaba en posición de preguntar una vez más. Una y otra vez, una y otra vez, Kirishima entraba profundamente en su cuerpo, ascendiendo la velocidad en cada embestida. Su respiración pronto se volvió agitada y, por el brusco movimiento que sentía cuando entraba y salía, notaba cómo su placer aumentaba a raudales de forma espontánea–. Ah-ha…

Su interior se estremecía con cada embestida, sintiendo como si se estuviera derritiendo desde dentro hacia afuera. Poco a poco, la incomodidad fue desapareciendo para dejar paso sólo al placer incontenible.

– Hoy estás tan caliente y apretado… Es más increíble de lo normal…

– Cálla…te… ngh –Fue lo único que pudo decir como respuesta… porque la verdad, es que era cierto. Tragando su orgullo, envolvió a Kirishima con sus brazos de mala gana y le clavó las uñas en su espalda.

– ¿Esa es tu manera de mandarme a callar y pedirme más? Alguien está exigente hoy… –El tono de Kirishima sonó como si le estuviese regañando de forma cariñosa. Pero tal como Yokozawa sabía, Kirishima era mucho más exigente y egoísta que él. El mismo hecho de lo que estaban haciendo en aquel lugar era una prueba de ello. Él solo había dado su aprobación con gran resignación.

– Si… no te gusta… entonces… saca tu polla de mí.

– Como si pudiera hacerlo contigo sujetándome de esa forma… –Con una risa suave, Kirishima dio unas embestidas suaves, asegurándose de sacarla lo suficiente para que Yokozawa tuviese unas buenas vistas.

Entonces, como si las palabras de Yokozawa hubiesen surgido efecto contrario, Kirishima cambió la posición a una mejor y comenzó a penetrarlo hasta el fondo.

– ¡Ngh! Aah… a-ah… –Una y otra vez Kirishima empujaba duro y profundo. Y cuando Yokozawa lo miró de reojo, se dio cuenta de que su sonrisa había desaparecido por completo. Con cada embestida, los sonidos del sexo llenaban el coche, y el espacio hacía eco con los gemidos de Yokozawa, que sonaban con fuerza.

– Mírame.

– …!

“Me va a consumir” Fue lo único que pudo pensar cuando sintió su mirada fija sobre él.

Las embestidas lo estaban llevando a su lado más salvaje, sus dedos se movían en el aire, al final de sus piernas dobladas, chocando de vez en cuando contra el cristal. Podía sentir como el clímax iba acercándose a la vez que su cuerpo se sacudía bajo las penetraciones.

“No puedo… voy a…” Justo cuando Yokozawa estaba seguro de que no aguantaría ni un segundo más, su visión se volvió borrosa y su mente quedó completamente en blanco.

– ¡Ah…ha…!

Llegaron al pico del placer casi al mismo tiempo mientras sus extremidades se quedaban rígidas tras el orgasmo…

______________________________________________________

Aunque en las tardes de domingo, el parque podía llegar a ser un hervidero de chiquillos traviesos jugando, una vez que el reloj local marcaba las 17:00, todos parecían desaparecer.

Yokozawa se sentó en un banco arrinconado del parque, con cautela para que no lo etiquetasen de “hombre sospechoso”. Al poco rato, trajo la atención de unos cuantos gatos salvajes, como siempre hacía. A pesar de que nunca les daba golosinas, siempre acaba rodeado por perros y gatos, donde quiera que fuera. Quizás, ellos podían sentir ese lado amable de él.

Mientras le rascaba las orejas a un gato que había decidido saltar sobre su regazo, Yokozawa esperaba pacientemente a la persona con la que había quedado ese día. Las palmas de sus manos estaban algo sudorosas por los nervios.

– ¡Siento haberte hecho esperar! –Dijo una voz a lo lejos. Cuando levantó la cabeza vio a la persona que había estado esperando llegar hacia allí en grandes zancadas: Iokawa.

Como si pudiese sentir la tensión del momento, el gato que había estado descansando en su regazo saltó y fue a escabullirse en un matorral cercano. Los pocos que quedaron se escondieron tras sus pies para observar bien al nuevo visitante.

– Siento haberte llamado de esta forma –Yokozawa se levantó y bajó un poco la cabeza. Se preguntó si Iokawa había venido corriendo hasta allí pues su respiración parecía agitada.

– Todo sea por ti, Yokozawa-san. Pensaba llegar aquí más pronto, pero me tomó mi tiempo despedirme y por eso tardé un poco más.

– Fui yo el que te invitó a salir con tan poca antelación, así que no te preocupes por detalles como esos. ¿Te gustaría sentarte? –Yokozawa extendió un brazo invitándolo a sentarse en el banco y, a continuación de hacerlo Iokawa, se sentó él también.

La razón por la que había llamado a Iokawa ese día era para discutir un tema bastante delicado. Si bien podría haberlo hecho a través de un mensaje, estaba seguro de que esa no era la vía para dejar claro sus sentimientos, ya que podría dar pie a confusiones. Así que para evitar esos malentendidos, había dispuesto una cita como aquella.

Sabiendo que se pondría nervioso si elegían un lugar público con mucha gente, Yokozawa había tenido cuidado de escoger un sitio algo más privado como aquel parque. Aunque por el día se llenaba de niño, a esas horas que la noche comenzaba a caer, estaba más tranquilo.

– Los días se van haciendo más cortos, eh…

– Bueno, ya estamos a mitad de Octubre –una vez que los días comenzaban a acortarse, era increíble la rapidez con la que pasaba el año. Aunque Yokozawa intentaba mantener aquella conversación trivial, no duró tanto tiempo que de costumbre.

Iokawa había tenido que sentir algo diferente en el ambiente.

– Así que… cuando dijiste que querías hablar… te referías a lo otro, ¿no?

– Sí –Iokawa había dado el salto directo al tema mientras que Yokozawa había estado tanteando cómo sacarlo. Tal vez no había podido aguantar tanta tensión entre ellos por más tiempo.

–… Entonces… ¿has decidido darme una oportunidad? –Sus palabras eran juguetonas pero su noto no tenía su ironía característica. Parecía que Yokozawa no era el único que estaba nervioso allí.

–… Lo siento. Como ya te dije antes, no puedo corresponder tus sentimientos.

– ¿Nunca? ¿Ni siquiera un poquito?

– Pueden pasar años y mis sentimientos no cambiarán. Esas dos personas son lo más preciado que tengo en el mundo. No quiero hacerles daño o hacer algo que pueda preocuparles.

– ¿Incluso si con el simple hecho de estar con ellos puedes llegar a herirles?

– Sé que existe ese riesgo, y por ese motivo voy a esforzarme todo lo posible para evitar que eso suceda. Existen muchos problemas a los que tendremos que hacer frente… él y yo, juntos… y no vamos a huir de ellos –las palabras de Yokozawa eran sinceras y serias. Y la razón por la que había sido capaz de llegar a aquella conclusión había sido gracias a que Iokawa había iniciado el problema.

Si nunca hubiesen tenido esa piedra en el camino, posiblemente pasarían años antes de que Yokozawa se diese cuenta de sus sentimientos y preocupaciones, atrapado en una especie de limbo de incertidumbre. Así que, en ese sentido, le debía un agradecimiento al hombre.

– ¿Es porque no soy lo suficientemente bueno? –Toda la confianza de Iokawa parecía haberse derrumbado de golpe. Aunque quizás, en el fondo, nunca había existido esa confianza y era tan sólo una máscara. Ahora que la máscara había desaparecido, sólo quedaba su verdadera forma.

– Yo… estuve atrapado durante mucho tiempo –dijo Yokozawa–. Suspirando por alguien que sabía que nunca podría tener. Incapaz de renunciar a mis sentimientos hacia él.

– ¿Era… Kirishima?

– No. Otra persona –El amor siempre había sido doloroso, algo que hería a Yokozawa una y otra vez. Había querido ser especial para alguien, ser capaz tan sólo de poder estar a su lado… Yokozawa había hecho un espectáculo ridículo digno de ver. O al menos, eso era lo que creía por aquel entonces.

Pero Takano había elegido a otra persona. En realidad, Yokozawa nunca había tenido ninguna oportunidad, pero se resistía a aceptar su suerte y se había convertido en un tonto por sí mismo. La soledad había derrumbado toda la confianza de su corazón y la había transformado en ira.

– Pero gracias a Kirishima-san, yo fui capaz de… seguir adelante. Él fue quien me enseñó… que el amor puede ser algo más que dolor. Si no fuese por él, yo no sería el hombre que soy ahora.

– ….

Cada vez que estaba con Kirishima, un flujo de emociones que nunca había creído tener, crecía sin poder detenerlas y algo cálido en su interior flotaba con suavidad…era la primera vez que sentía tales sensaciones. No sería exagerado si decía que el mundo entero había cambiado para él. Ahora era tan, tan brillante que su vida antigua, oscura y vacía, parecía un mal sueño del pasado.

Tal vez, lo que había sentido antes… no era realmente amor… puede que hubiese sido adoración, obsesión o posesión. Ese anhelo que sentía le había enseñado de verdad cuáles eran sus verdaderos sentimientos.

– Yo… estaba muy feliz de escuchar que te gustaba. Pero… estoy seguro de que nunca se lo habrías dicho al hombre que era antes.

– Así que… ¿estás diciendo que Kirishima-san te ha cambiado?

– Tal vez no sea del todo exacto decir que me ha cambiado… más que eso ha hecho que mi forma de ver el mundo cambiase. Mis subordinados me han dicho que ahora soy más fácil de tratar, ya sabes –intentaba encontrar las palaras adecuadas para describir el cambio pero no las encontraba. Se preguntó qué diría Kirishima en aquella situación.

–…Tienes que amar bastante a Kirishima, por la forma en que hablas tan bien de él. Supongo… que no me queda más remedio que retirarme de esto…

– N-no estaba hablando bien de él… –murmuró Yokozawa, sonrojándose de forma evidente aun sabiendo que Iokawa no estaba bromeando. Nunca se le había dado bien hablar con segundas, así que sentía que debía decir las cosas claramente y evitando equivocaciones.

Iokawa sonrió con tristeza a Yokozawa, que no podía disimular los nervios. Parecía como si se hubiese quitado un peso de encima.

– Debo de admitir… que envidio a Kirishima-san.

– ¿Eh? –Parpadeó ante las palabras de Iokawa, que tenía los hombros caídos y había soltado un suspiro.

– ¿Quién no lo haría? Por los sentimientos que tienes hacia él… lo mucho que lo aprecias…

– Iokawa-san… –tal vez aquel era el verdadero Iokawa hablando. Después de haber abandonado a su novia, debería haberse dado cuenta de que le faltaba algo y, tras eso, se había sentido atraído por Yokozawa, con quien había comenzado a llevarse bien poco a poco. No es que sus sentimientos fuesen una mentira, pero intentaban llenar el vacío de su corazón. Eso explicaba su extraña obsesión.

Uniendo eso al hecho de que admiraba a Kirishima, debió haber sido una tarea difícil para Iokawa darle forma a sus sentimientos. Parecía como si hubiese necesitado mucho tiempo para entender sus pensamientos, de la misma forma que le había pasado a Yokozawa.

– Siento mucho… haber sido tan pesado.

– O… oh, no, no es eso… –Era muy difícil encontrar una respuesta que darle estando Iokawa ahí sentado disculpándose. Había sido por culpa de las inseguridades de Yokozawa que Iokawa no había renunciado a él, después de todo. Lo que Kirishima había dicho era verdad: todos sus puntos débiles habían sido la abertura para que otros entrasen fácilmente y lo trastocaran.

–… No volveré a hablar contigo en privado. Borraré tu número de mis contactos. Así estaremos todos contentos, ¿no? –Iokawa sacó su teléfono móvil y borró delante de Yokozawa el contacto, demostrando así la sinceridad de sus palabras–. Oh, pero si tenemos la oportunidad de trabajar juntos alguna vez en el sentido profesional… me gustaría que me tratases como cualquier otro editor en venta –Tras decir eso, se puso de pie como si se hubiese quitado de encima las preocupaciones–. Te deseo lo mejor –dijo con firmeza. Sin mirar atrás, se fue alejando y Yokozawa observó en silencio su figura hasta que desapareció.

–… ¿Todo resuelto, entonces? –Yokozawa se dio la vuelta y se encontró con Kirishima que tenía una bolsa colgando de su mano. Tal vez se había escabullido para vigilar a Yokozawa con la excusa de ir a comprar algo.

Aunque Kirishima había sobrepasado el límite de seguirlo por la preocupación, tenía que admitir que había hecho bien en no aparecer hasta que Iokawa se hubiese marchado.

– Sí, supongo que sí –Al ponerse en pie bruscamente, sintió un dolor agudo desde sus caderas. Los efectos de haberse sobrepasado con su cuerpo dos noches antes todavía seguían afectándole. Tendría que ponerse otra compresa caliente después…

– Así que… ¿qué le dijiste?

– No es asunto tuyo.

– ¿Cómo qué no? Oh, vamos, eso no es justo. ¡Le dejas escucharlo a él y no a mí! –Yokozawa no estaba de humor para alimentar el ego de Kirishima, empezando porque no se sentiría nada cómodo repitiendo aquellas cosas. Bastante embarazoso era recordar lo que había dicho.

– Bueno… supongo que te lo contaré cuando estemos al borde de la muerte.

– Espera… ¿cuál de nosotros dos?

– A juzgar por la edad, probablemente tú serás el primero.

– Ey, eso no lo sabes. Una vez que llegamos al centenar, la diferencia de edad no importa, en verdad.

– ¿A lo cien…? ¿Pero cuánto tiempo tienes pensado estar vivo?

– Mmm, buena pregunta… pienso estar vivo al menos hasta que pueda verte sin tu personalidad fría y vergonzosa.

Yokozawa no sabía que Kirishima tuviese tales aspiraciones, pero aquello bien podría ser la definición de “esperar en vano”.

– Pues bien, ese día nunca llegará.

– ¿Cómo lo sabes? Puede que un día de estos te encuentres con que eres alguien cariñoso y dulce que está total y completamente enamorado.

–…Ugh… no me hagas imaginar un futuro tan repugnante –Creía que ni un golpe en la cabeza le haría actuar de esa manera. No, aquello no eran más que fantasías ridículas de Kirishima.

Levantó la mirada hacia el cielo, donde las estrellas comenzaban a brillar… y dejó escapar un fuerte suspiro.

FIN DEL CAPÍTULO 9

1 Response to Capítulo 9

  1. frann_san on mayo 3, 2014 at 5:31 am says:

    *—* !! fue hermoso este cap ! definitivamente amo a esta pareja <3 !! muchas gracias por su traduccion les quedo genial 😀

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *